Por Leonel Fernández Reyna
Santo Domingo.- El más reciente
desvarío de la actual gestión de gobierno fue el relativo al programa de
medicamentos de alto costo. El actor principal fue el director de compras y
contrataciones, cuando tuvo la insensatez de afirmar que dicho programa se ha
hecho insostenible, por lo cual no puede continuar operando.
Su argumento se fundamentaba en que dicho programa resulta muy costoso; que alcanza un gasto anual de 8 mil millones de pesos, el cual debe ser asumido por las administradoras de riesgo de salud (ARS), o por una ley especial de adquisición de medicamentos.
Frente a eso, las protestas fueron
continuas. Diversos sectores expresaron su rechazo, por la falta de
sensibilidad, solidaridad y espíritu humanitario. Llegó a tal extremo el
repudio nacional a tan desatinadas declaraciones, que hasta el ministro de
Salud tuvo que, rápidamente, enderezar el entuerto. En su estado de
desesperación, la narrativa oficial construida fue la de que, en lugar de
eliminar el programa, lo que procedía era ampliarlo, ya que esos 8 mil millones
de pesos resultaban insuficientes para atender toda la demanda.
La discrepancia pública entre funcionarios
del actual gobierno, ante un aspecto tan delicado como atender a pacientes con
enfermedades crónicas o catastróficas, pone de manifiesto lo que en algún
momento el actual gobierno ha reconocido como una de sus principales
debilidades: la falta de planificación, coordinación y ejecución de políticas
públicas.
Obviamente, si un gobierno no es capaz de
realizar esas tareas básicas, fundamentales de la gestión pública, es porque se
reconoce a sí mismo como incompetente, torpe e ineficaz.
Pero, igual puede decirse en las distintas
circunstancias en las que las actuales autoridades han decidido adoptar una
medida, y frente a la reacción adversa de algún sector de la vida nacional, han
procedido rápidamente a dejar sin efecto sus disposiciones iniciales.
Es lo que ha ocurrido, por ejemplo, entre
otros, con el controvertido proyecto de ley de trata de migrantes; el de la
creación de un fideicomiso para la termoeléctrica Punta Catalina; el del plan
de reforma fiscal; el del proyecto de ley de presupuesto del 2021; y el de
combate a la ciberdelincuencia.
En fin, un gobierno desorientado,
pusilánime, con falta de determinación y más preocupado por los likes de
Facebook e Instagram que por diseñar y aplicar políticas de Estado en beneficio
de la población.
Negligencia peligrosa.- El pasado día 7 de
este mes de julio, una grave tragedia tuvo lugar. Un joven de 23 años murió y
otros tres jóvenes turistas que le acompañaban, resultaron heridos al caer
sobre el río Camú el vehículo en el que se desplazaban por el puente del
Cangrejo, en el tramo carretero Montellano-Sosúa, en Puerto Plata.
A decir verdad, ese accidente nunca debió
haber ocurrido. Fue, sin exageración, fruto de la dejadez y negligencia del
gobierno; y esto así, debido a que a principios del mes de abril del 2022 se
hizo viral un video que mostraba desde entonces el deterioro del referido
puente del Cangrejo.
Debido a eso, un equipo técnico del gobierno
realizó una evaluación a fin de determinar la gravedad de la situación. Al
concluir su estudio, recomendó a Obras Públicas tomar medidas urgentes de
intervención inmediata, a fin de prevenir y salvaguardar vidas, debido al alto
riesgo que presentaba.
Las autoridades se comprometieron a la
restauración del referido puente para octubre del 2022. Sin embargo, al llegar
la fecha, la obra ni siquiera había sido iniciada. Por eso, al cumplirse un año
de su afectación, el pasado mes de abril, los lugareños, de manera irónica, le
celebraron por todo lo alto, con biscocho y vejigas, un cumpleaños a la
ineficacia gubernamental.
Ahora, al ocurrir el trágico accidente que
ha estremecido a la comunidad puertoplateña, la presidencia de la República
anuncia que la referida obra de infraestructura quedará terminada para el mes
de diciembre de este año. Ojalá esta vez se cumpla la promesa.
Entre apagones, alza de tarifas y
falta de agua.- Durante
el transcurso de este mes de julio, los apagones no han dado tregua a los moradores
de distintas localidades del país. Tienen lugar en el Cibao, en las provincias
del Sur, en las del Este y en el Gran Santo Domingo.
A veces, la falta de servicio eléctrico
dura hasta 7 y 8 horas de corrido. Con razón, diversas comunidades, como Santa
Rosa y los Cocos, en Bonao; o en barrios como Los Mina, Katanga y Vietnam,
manifiestan su descontento o inconformidad.
Consideran que ha habido un retroceso
respecto de un servicio que, hasta hace poco, había logrado satisfacer la
demanda, en distintos circuitos, de 24 horas continuas.
Se ha sostenido que las interrupciones
eléctricas en el país se han debido a averías, mantenimiento y trabajos
técnicos, en algunas subestaciones. Pero, la opinión pública se ha sentido
burlada cuando autoridades del sector han señalado que los apagones que ocurren
en estos días tienen un gran culpable: el calor.
En ese sentido, el retraso que se ha
experimentado ha llegado tan lejos que hace recordar los viejos tiempos en que
se sostenía que los apagones se debían a las chichiguas y capuchines que se
enredaban en los cables eléctricos. El caso se torna más grave debido a que la
tarifa eléctrica se ha incrementado y la compra de inversores y baterías se ha
disparado, en medio de los apagones “provocados por el calor”.
Pero al tiempo que los apagones castigan a
la población, continúa también el déficit de agua potable. Esto último teniendo
lugar en forma funesta en lugares como Pedro Brand, Los Alcarrizos, Santo
Domingo Este, Los Girasoles, Pantoja, 24 de Abril y zonas aledañas.
Todo eso, paradójicamente, a pesar de que
ha habido un incremento de la producción de agua potable, que ronda los 373 millones
de galones por día.
No ignoramos que la generación de agua
potable se ha visto afectada por el periodo de sequía que inició en el mes de
noviembre del año pasado. Sin embargo, ha habido abundantes lluvias en los
últimos tiempos y la escasez del líquido en múltiples ocasiones se debe, no a
la escasez, sino a la incapacidad de las autoridades para corregir las fugas de
agua que se producen por tuberías rotas u otras averías.
En la actualidad, residentes de todas
partes del país lucen despavoridos, desesperados, con el grito al cielo, por
falta de agua y luz.
En fin, un país a la deriva frente a un
gobierno desbordado por su manifiesta incompetencia.



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