Por: Manuel Figueroa
Santo Domingo.- Los escándalos de corrupción derivados del gobierno de Danilo Medina, colocan otra vez contra las cuerdas al opositor Partido de la Liberación Dominicana (PLD). La adversidad se precipita ahora al entrar en una compleja recomposición interna, tras la división y derrota electoral que acabaron con 20 años de control casi absoluto en las instituciones del Estado.
Su presidente, el expresidente Medina, fue
un abanderado de la lucha contra la corrupción. Al inaugurar su mandato el
16 de agosto de 2012 prometió investigar las denuncias por el solo rumor
público. Buscando hacer un país ético, transparente y poner fin a la impunidad.
Las falencias de esa promesa se
convertiría ocho años después en un búmeran para el exgobernante y el
PLD, cuando las extendidas denuncias de corrupción en el gobierno, sin
ninguna consecuencia, fueron el arma a tomar por los opositores para
proscribirlos del gobierno.
Un sorprendente debate marcó la pauta en
2015. El propio mandatario enfrentó al embajador de Estados
Unidos en el país, James Brewster. El diplomático había advertido que la
corrupción es un cáncer, que retrasa el crecimiento, afecta el comercio e
impide la aplicación de la ley.
Medina, molesto, desorbitó los ojos de la
población: “Es que hablar en términos genéricos siempre es peligroso, porque
cuál es la corrupción, dónde están los escándalos en términos de corrupción en
el Estado dominicano”.
En su gobierno estallaron casos como los
de la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (Amsa), Oficina de
Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (Oisoe), Consejo Estatal del Azúcar
(CEA), Corporación Dominicana de Empresas Estatales (Corde), Instituto Nacional
de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa). Y el mega escándalo
de Odebrecht, entre una infinidad de denuncias.
Pero antes, en 2013, ya la capacidad de
asombro de los dominicanos había rodado por el pavimento. La entonces
presidenta de la Cámara de Cuentas, Licelot Marte, admitió sin ruborizarse, que
con el dinero que se roba en la administración pública se podría construir otra
República Dominicana.
También durante la administración de
Medina (2012-2016 y 2016-2020), sectores políticos y de la sociedad civil
sostenían la existencia de una estructura de corrupción organizada en el
gobierno. Se señalaba, inclusive, a miembros de la alta dirigencia del PLD.
Al abandonar el poder el 16 de
agosto y la instalación de una Procuraduría independiente del Ejecutivo,
estalló la Operación AntiPulpo, escándalo de corrupción que mantiene
en prisión a dos hermanos del exjefe de Estado y varios funcionarios de su
gobierno.
Las acciones continuaron el 22 de febrero
con la Operación Caracol, cuando los fiscales allanaron la Cámara de
Cuentas, una institución imputada de confabularse con la corrupción en el
gobierno de Medina.
El último escándalo que estremece el país
es la Operación Coral, en la que fueron apresados el jefe de
seguridad del expresidente Medina, mayor general Adán Cáceres, y otros cinco
acusados de integrar un entramado de corrupción y estafa contra el Estado.
Independientemente de los resultados en
los tribunales judiciales, estas inverosímiles actuaciones son devastadoras
para el mundo peledeísta y mantienen desorientada a su máxima dirección,
encabezada por el expresidente Medina.
Por primera vez no se ha podido recurrir
al argumento de la persecución política, para desprestigiar los procesos
judiciales contra los acusados de corrupción. Tampoco a que son presos del
Palacio Nacional o del partido de gobierno. Nadie los avalaría con sensatez.
Es evidente entonces, que el PLD acostumbrada a las reacciones de poder, fue sorprendido por la dimensión de los casos de corrupción investigados, que erosionan su estrategia para regresar al gobierno en 2024 y lo obligan a revisar su táctica política.
El autor de este trabajo, Manuel Figueroa, es periodista, Editor Político del Periódico Listín Diario, medio del que tomamos este artículo.



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