Escrito por
La Redacción.
octubre 08, 2017
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Santo
Domingo.- La ciudad capital está llena de encantos. Tiene esa
extraña magia de las noches y el encanto de sus amaneceres. Y con los
visitantes del interior del país tiene una relación de amor/odio que se afianza
en felicidad con los años.
Eso sí, Santo
Domingo necesita en ocasiones de varios intentos para encantar. Pero lo logra.
Y cuando se es consciente del encanto capitalino aparece un nuevo reto para
enamorarnos aun más: mirar la cotidianidad a la que estamos acostumbrados desde
las alturas.
Un recorrido
aéreo por la ciudad muestra que esos asiduos lugares que tanto vemos pueden
cambiar incluso de significación y belleza al verlos desde otro ángulo: desde
las alturas.



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