Escrito por
La Redacción.
septiembre 25, 2017
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El debate
entre Bosch y Láutico García, moderado
por
Pittaluga Nivar, se celebró tres días antes de
las
elecciones del 20 de diciembre de 1962.
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Santo
Domingo.- La acendrada
religiosidad del dominicano se manipuló de múltiples formas como una de las
armas efectivas para conjurar el golpe de Estado que dio al traste con el
primer gobierno democrático, encabezado por el profesor Juan Bosch después de
caída de la tiranía de Rafael L. Trujillo.
El líder cívico
Viriato Fiallo nunca se resignó a la derrota electoral que le propinó Bosch el
20 de diciembre de 1962, de modo que éste -a la cabeza de la conspiración-
empleó todo tipo de argucias para derrocarlo, incluyendo la creencia, el empleo
de los símbolos y rituales de la Iglesia Católica.
El de las Mercedes de 1963 no fue un día
escogido al azar para tomar la determinación de sacar a Bosch del poder,
hacerlo preso y expulsarlo del país el 25 de septiembre, porque el Día de las
Mercedes tiene un gran significado en la religiosidad católica por ser la
patrona del pueblo dominicano.
Cuando los
mandos militares tomaron la decisión el 24 de septiembre, les sirvió el
recogimiento religioso en todo el país; el hecho consumado el 25 fue el
corolario a la utilización de la simbología católica para en medio de la
celebración religiosa de la víspera embarcar al país por el camino de la
aventura.
Los hechos
previos a esa fecha demuestran que Viriato Fiallo, la legación diplomática
norteamericana y la cúpula militar corrompida acudieron a todo tipo de mentiras
para llevar a cabo sus planes, abusando de la catolicidad de los ciudadanos y
del alto grado de ignorancia.
Historiadores y
analistas de los hechos acaecidos en los meses previos al golpe, enumeran
distintas causas que influyeron en la materialización del derrocamiento del
profesor Bosch, evento que 54 años después resulta con un balance adverso que
aún repercute.
La reforma
constitucional llevada a cabo en 1963 por los legisladores de mayoría
perredeísta, que no contempló la ratificación del Concordato por parte del
Estado dominicano con la Iglesia Católica, fue un factor de primer orden, visto
por sectores conservadores eclesiásticos como una agresión del nuevo gobierno,
tildando a su líder de comunista.
Los hechos de
los días que antecedieron al derrocamiento son muy elocuentes de cómo el poder
político desplazado, sectores empresariales acostumbrados a las coimas, líderes
militares corruptos y la Embajada de Estados Unidos, complotaron descaradamente
para violar la primera Constitución democrática.
Al margen de
otro tipo de campaña sucia que se empleó contra Bosch y el Partido
Revolucionario Dominicano, sus opositores no escatimaron métodos para tratar de
impedir, primero su llegada al poder, y luego sistematizar una campaña sucia en
los siete meses de gobierno.
Ante la
imputación de comunista y ateo que desde los púlpitos, emisoras cristianas y
periódicos nacionales hacían los opositores por boca de sacerdotes y
autoridades católicas, el PRD salió al paso.
Titulada
“Exposición del Partido Revolucionario Dominicano a los obispos de la grey
dominicana”, el partido de Bosch denunciaba la campaña en su contra que se
hacía desde los púlpitos, las estaciones católicas como Radio Santa María,
Amigo del Hogar, los periódicos El Sol de Higüey y La Nación.
“Las masas
dominicanas -decía el comunicado del PRD- se encuentran bajo coacción moral, y
el PRD entiende que ir a elecciones bajo esa acción equivale a ir bajo terror
físico…”.
Los promotores
de semejante campaña de desprestigio y manipulación dirigida a las psiquis de
los católicos, utilizaron a voceros me d i á t i c o s , editorialistas, propi
e tar ios de medios, líderes de la Iglesia y a las cúpulas empresariales.
Un periódico
como El Caribe, que posteriormente fue parte del golpe de Estado, repudió,
empero, la injerencia de la religión en los predios de la política.
Sin que la
jerarquía católica retirara las acusaciones contra Bosch y el PRD, hicieron
público un comunicado en el que se explicó que la Iglesia actuaba “dejando a la
conciencia de cada católico la elección de los actuales candidatos por los
cuales debe votar…”.
Al que
correspondió defender la acusación de comunista, y la supuesta militancia atea
de Bosch, fue al reputado sacerdote jesuita Láutico García Álvarez, que tuvo la
oportunidad de exponer el alegado marxismo-leninismo atribuido al líder del
PRD.
Tres días antes
de las elecciones, Bosch y Láutico García acudían a un debate, similar al
primero de la historia política sostenido el 20 de septiembre de 1960 entre
John F. Kennedy y Richard Nixon. Resultó un toque de queda el debate público
entre el político y el sacerdote, tres años después de aquel primero, difundido
por radio y televisión durante tres horas, a través del programa “Actualidades”
que producía el fenecido periodista Salvador Pittaluga Nivar por Radio Santo
Domingo Televisión.
Mientras toda
esa maraña mediática resultaba aplastada por la voluntad popular, los líderes
militares trujillistas que Bosch dejó en sus puestos de mando, escondieron
información sensitiva al Presidente de la República, colocando al país a las
puertas de un conflicto político-militar con Haití.
Cómo
conoce Bosch al general León Cantave.- Bosch narra en “La historia secreta del golpe de Estado”
que Juan M. Díaz, un dominicano residente en New York, le pidió verle junto a
una persona para tratarle un tema urgente y delicado. (“1963: de la Guerra
Mediática al Golpe de Estado”, página 620, Eliades Acosta Matos).
A mediados de
1963, Bosch recibió la visita de Díaz y del general disgustado haitiano León
Cantave, que se desempeñó como jefe del Ejército de Haití en la primera etapa
del régimen de Jean Claude Duvalier.
Bosch
narra ese episodio de la siguiente manera: “Díaz y Cantave iban a pedirme que les
facilitara medios, armas y una base en territorio dominicano para preparar una
expedición contra el gobierno de Duvalier.
Antes que ellos,
otros haitianos me habían pedido lo mismo, y entre esos recuerdo al padre de
Jacinto, a Pierre Rigaud, a Louis Dejoie; a todos los cuales les había
respondido lo mismo que les dije ese día a Juan M. Díaz y al ex general
Cantave: que el gobierno que yo presidía no podía intervenir en los asuntos de
otro país, porque el día que lo hiciera no tendría autoridad moral para impedir
que otro gobierno interviniera en los asuntos dominicanos”.
Como bien relata
Bosch, los dos hombres no necesitaban respuesta afirmativa o negativa porque
ellos eran los cabecillas de un plan operativo para entrenar una guerrilla en
el recinto del Ejército en Sierra Prieta, que estaba destinada a tumbar a
Duvalier y a Bosch. Solo procuraban que los vieran entrar y salir de la casa de
Bosch para alegar que estaban autorizados por el mandatario.
Y esa
conspiración guerrillera se hizo durante meses, con la anuencia del secretario
de las Fuerzas Armadas Elby Viñas Román, el general Renato Hungría, jefe del
Estado Mayor del Ejército y el jefe de la Aviación, general Miguel Atila Luna
Pérez, quienes actuaban en connivencia con la legación americana, a través de
su embajador John Bartlow Martin.
Cuatro
incursiones en el territorio haitiano hizo la guerrilla de Cantave en poco
menos de tres meses, operando con 210 hombres en suelo dominicano a espaldas
del Presidente, con el consentimiento del mando militar.
La reacción del
gobierno de Duvalier al último ataque se produjo como una respuesta a las
incursiones de Cantave al poblado haitiano de Ferrier, donde los sediciosos
mataron al síndico de esa comunidad.
La respuesta del
presidente Bosch a los tiroteos haitianos del 23 de septiembre hacia Dajabón
fue la que habría dado cualquier mandatario, desconociendo -como no sabía- que
una acción previa de violación de la soberanía de Haití se ejecutó desde
nuestro territorio.
El ambiente
estaba crispado porque previo a esos sucesos, la embajada dominicana en Puerto
Príncipe fue violada por fuerzas duvalieristas que buscaban a los responsables
del intento de secuestro de dos hijos de Papa Doc.
En relación a
este incidente, Bosch dio 24 horas de plazo para que el gobierno haitiano se
disculpara por las vías diplomáticas o su Palacio sería bombardeado.
“Inmediatamente
-escribe Bosch al referirse al incidente de Dajabón- hice llamar al general
Viñas Román y le pedí que convocara a una reunión de los altos jefes militares.
En esa reunión
solo hablé yo, porque los altos jefes militares no decían nada. Me resultó
sospechoso que ante la noticia de que Dajabón estaba siendo atacada ninguno de
ellos demostrara la menor preocupación, pero así fue”.
Bosch se tuvo
que conformar con leer la crónica de El Caribe, el Día de las Mercedes, calzada
por el periodista Miguel A. Fernández sobre todo lo que había ocurrido en
Dajabón.
El secretario de
Relaciones Exteriores, Héctor García Godoy, fue instruido por Bosch para que
informara a la OEA de lo sucedido y conociera del caso. Ese 24 de septiembre,
se tomó la decisión de dar el golpe de Estado, lo que se ejecutó al día
siguiente.
El fervor
patriótico que generaron las correctas acciones del gobierno dominicano,
tomadas en los días previos al 25 de septiembre por Bosch fueron, no obstante,
ahogadas por las acciones conspirativas de la cúpula militar, el embajador
norteamericano Bartlow Martin y sectores de la iglesia Católica para producir
el rompimiento del orden constitucional. (Trabajo elaborado por el periodista
Rafael Núñez. Publicado en Listín Diario)


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