Escrito por
La Redacción.
septiembre 14, 2017
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En un vertiginoso tira y afloja de declaraciones, el
presidente admite que "está próximo" a un acuerdo.
Washington.-
Los dreamers han perdido el control
de su suerte. Donald Trump ha decidido utilizarlos como moneda de cambio para
lograr que los demócratas apoyen con su voto un endurecimiento de la seguridad fronteriza.
La negociación,
que ha devenido en las últimas horas en un vertiginoso tira y afloja de
declaraciones, va por buen camino. La oposición asegura que ha cerrado un
principio de acuerdo, y el presidente que el pacto anda cerca. Con la cuenta
atrás en marcha, esos 800.000 inmigrantes que llegaron de niños a EEUU y sobre
los que se cierne la sombra de la deportación, son ahora rehenes del juego
político de Washington.
La
confusión es un arma en manos de Trump. En menos de 12 horas, el presidente
manejó el destino de los dreamers como si fuera
una pelota de ping-pong. Primero recibió a los líderes demócratas en la Casa
Blanca; luego dejó que la oposición lanzará un comunicado anunciando un
principio de acuerdo para regularizar a este colectivo, al amanecer lo
desmintió en Twitter, y al cabo de dos horas, antes de subir al avión que le
debía llevar a Florida, afirmó que el “acuerdo estaba bastante próximo” y lo
desligó de la construcción del muro, un anatema para los progresistas. “Eso
vendrá después”, remachó.
Aunque ha
enfurecido a sus bases ultras y al propio presidente de la Cámara de
Representantes, Paul Ryan, el acercamiento a la oposición le está dando frutos
a Trump. Los republicanos cuentan con mayoría en ambas Cámaras, pero su
incapacidad para el consenso, y sobre todo su dispersión ideológica
obstaculizan un voto uniforme. Humillado por sus continuos fracasos en el
Congreso, Trump ha emprendido un viraje y la semana pasada sorprendió al país
cuando, gracias a los demócratas, consiguió superar el bloqueo al techo de
deuda. Este primer acuerdo, que dejó en ridículo a los
líderes conservadores en el Congreso, le
mostró una vía para maniobrar en aguas parlamentarias y evitar nuevos batacazos
Ahora, en
su intento de endurecer la política migratoria, ha vuelto a aproximarse al
líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, un viejo conocido de Nueva York, y
a su homóloga en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Con ellos se
garantiza una mayoría suficiente para sacar adelante al menos parte de sus
planes. A cambio les ofrece la regularización de los dreamers, un colectivo al
que él mismo arrojó a los infiernos al firmar la liquidación del programa que
les deba cobertura legal, el conocido DACA.


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