Escrito por
La Redacción.
septiembre 25, 2017
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El papa Francisco tiene de frente a
teólogos, sacerdotes y académicos.
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Ciudad del Vaticano.- Varias
decenas de teólogos, sacerdotes y académicos tradicionalistas acusaron
formalmente al papa Francisco de propagar herejías con su apertura en 2016
hacia los católicos divorciados que se vuelven a casar por lo civil.
En una carta de 25 páginas enviada el mes pasado al pontífice y proporcionada, los 62 firmantes expidieron una “corrección filial” a Francisco, un recurso al que dijeron no se había recurrido desde el siglo XIV.
En la misiva se acusa al papa de propagar siete posiciones heréticas
relacionadas con el matrimonio, la vida moral y los sacramentos en su
exhortación apostólica “La alegría del amor” y subsecuentes “actos, palabras y
omisiones”.
La iniciativa sigue a otra similar y formal de cuatro cardenales
tradicionalistas que también solicitaron a Francisco en una carta que les
aclarara una serie de interrogantes que tenían respecto al texto mencionado.
Francisco no ha contestado ninguna de las cartas. El portavoz del
Vaticano no respondió un correo electrónico que The Associated Press le envió
el sábado para solicitarle declaraciones sobre el particular.
Ninguno de los firmantes de la nueva misiva es cardenal, y entre ellos
el clérigo de más alto rango es de hecho alguien cuya organización carece de
carácter legal en la iglesia Católica: el obispo Bernard Fellay, superior de la
Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, una organización creada después del
Concilio Vaticano II y que está alejada del Vaticano.
Otros signatarios son admiradores conocidos de la antigua misa en latín
celebrada por los seguidores de Fellay.
A pesar de ello, los organizadores dijeron que la carta era importante y
una señal de la preocupación entre cierto contingente de académicos y pastores
en torno a las posiciones de Francisco, que consideran suponen un peligro para
los creyentes.
La controversia
data desde el 2016.- Cuando se publicó “La alegría del amor” en abril de 2016
suscitó controversia porque abrió la puerta a que se permita que los católicos
vueltos a casar reciban de nuevo la comunión.
Según las
enseñanzas de la Iglesia, a menos que estos católicos obtengan una anulación
-un decreto eclesiástico que invalida su primer matrimonio- no deben recibir
los sacramentos.


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