Escrito por
La Redacción.
agosto 20, 2017
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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro,
en una
visita a una factoría petrolífera en el
estado de Monagas.
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Aunque la producción venezolana está
bajo mínimos, juega un papel en el mercado mundial. Si desaparece, el precio de
barril subiría un 20%.
CARACAS.- ¿Va Donald Trump a prohibir la
importación de petróleo venezolano? El Gobierno de Estados Unidos ha dejado
claro que no lo descarta. Pero otra cosa es que lo haga. Como dicen Russ
Dallen, del fondo Caracas Capital, "yo creo que sí acabará habiendo un
embargo petrolero.
Pero eso
es algo que, en último término, solo sabe una persona: Donald J. Trump. Y nadie sabe lo que
Trump piensa. Probablemente, ni el propio Trump lo
sepa".
Por de pronto, no hay reemplazo para la
producción venezolana, a pesar de que ésta se encuentra bajo mínimos y sigue
cayendo. En julio, Venezuela bombeó poco más de 1,9 millones de barriles de
crudo diarios, según datos de la OPEP, lo que significa un tercio menos
(aproximadamente 900.000 barriles) en relación a la cifra de 2001.
Aun así, el petróleo venezolano juega un
papel importante en el mercado mundial. Si esos 1,9 millones de barriles
desaparecieran, el precio del barril podría subir alrededor de un 20%, hasta cerca de los 60 dólares el
barril, según fuentes de la industria. Eso implicaría un aumento del precio de
la gasolina en EEUU de unos 10 ó 15 centavos de dólar el galón (3,5 litros),
justo en un momento en el que la demanda de combustible en ese país se dispara
por las vacaciones.
"El
impacto no sería duradero, pero sí psicológico. En el momento en el que el
mercado vea que no entra el petróleo de Venezuela, va a tirar del precio hacia
arriba. Y eso no es algo que ningún político quiera", explica Beatrice
Rangel, directora ejecutiva de la consultora AMLA. En su opinión, "las
sanciones financieras pueden conseguir el mismo objetivo sin necesidad de
colapsar el flujo de petróleo" de Venezuela a EEUU.
Pero un barril más caro
también tendría beneficiarios en EEUU. Concretamente, a los productores de ese
país, que están sufriendo en un mercado en el que el barril de
referencia en ese país, el West Texas Intermediate, se encuentra por debajo de
los 50 dólares.
Eso
significa que muchas empresas petroleras estadounidenses pierden dinero con
cada barril que sacan. En especial, si lo extraen por medio del método conocido
como fracturación hidráulica - el llamado fracking - cuya barrera de rentabilidad
se encuentra, precisamente, entre los 45 y los 55 dólares el barril. De hecho,
las empresas de fracking en EEUU están sobreviviendo en parte gracias a unos
tremendos flujos de inversión procedente de Wall Street a la espera de que
algún día el crudo suba.
Y ese día podría, así pues, ser aquél en
el que Trump decida que EEUU va a dejar de importar los aproximadamente 700.000
barriles de petróleo que llegan de Venezuela todos los días. Eso es lo que
quiere, por ejemplo, uno de los mayores defensores de Trump: Harold Hamm.
En 2014,
la fortuna de Hamm - que llegó a sonar como secretario de Energía con el actual
presidente - llegó a los 18.100 millones de dólares (17.000 millones de euros),
gracias a las operaciones en fracking de su petrolera, Continental
Resources. El desplome del precio ha hecho que caiga a la mitad.
Intereses empresariales y los Derechos Humanos en
Venezuela.- Así que Hamm necesita un crudo caro, porque a él le
cuesta mucho extraerlo. Y eso le ha llevado a tener una preocupación extrema por la situación de los
Derechos Humanos en Venezuela. Como máximo responsable de
la organización empresarial Alianza de Productores Domésticos de Energía, el
dueño de Continental Resources ha declarado a la agencia de noticias Bloomberg
que "si el presidente quiere detener las violaciones de los Derechos
Humanos en Venezuela, tiene medios para hacerlo". Esos medios son prohibir
la entrada de crudo de ese país en EEUU.
El problema es que, donde Hamm y sus
colegas ganan, otros pierden. Como explica Eric Langer, especialista en América
Latina en la Universidad de Georgetown, el petróleo venezolano "va a
refinerías del Golfo de México que están especializadas en procesar el crudo
pesado de Venezuela, y para adaptarlas a otros tipos de petróleo son necesarias
inversiones y tiempo. Trump tiene una política favorable a las empresas, así
que no quiere perjudicar a las refinerías". El problema es más complicado
para el presidente, porque las petroleras de esa región también le apoyaron.
En total, 20 refinerías del Golfo de
México usan petróleo venezolano. Esas plantas son propiedad de gigantes como
Chevron (la quinta mayor petrolera privada del mundo), Valero, o Phillips 66. Y
eso les da mucho poder. Recientemente, cuatro senadores republicanos - como
Trump - enviaron una carta a la Casa Blanca pidiendo que no haya sanciones
petroleras contra Venezuela dado que eso podría significar "grandes
pérdidas" para las refinerías de la zona.
Así pues, la decisión de EEUU de cerrar o no su mercado al crudo de Venezuela se va
a deber en último término a factores de policía interna. Aunque el desastre económico del país
sudamericano está, lenta pero decisivamente, inclinando la balanza hacia el
lado de las sanciones.
A medida que la producción venezolana
cae, las refinerías estadounidenses tienen que buscar otros abastecedores. La
petrolera estadounidense Citgo, que es propiedad del monopolio estatal del
crudo venezolano PDVSA está negociando con productores canadienses el
suministro de petróleo de características similares al de Venezuela por la
sencilla razón de que la producción en ese país está cayendo a límites que
hacen peligrar el suministro. El crudo de Venezuela - el país del mundo con más
reservas de petróleo - corre peligro no de ser víctima de un embargo, sino,
pura y simplemente, de caer en la irrelevancia.


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