Escrito por
La Redacción.
agosto 31, 2017
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El refuerzo militar, no concretado,
consuma el giro estratégico del presidente de Estados Unidos, Donald Trump
respecto a este conflicto.
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El secretario de Defensa de Estados Unidfos, Jim
Mattis,
en una rueda de prensa en Bruselas el pasado 29 de
junio.
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El secretario de Defensa, Jim Mattis,
confirmó este jueves que ha rubricado ya varias órdenes para el refuerzo
militar que el presidente estadounidense anunció el pasado 21 de agosto y que,
como él mismo admitió, era una capitulación respecto a su postura inicial sobre
este conflicto: la de retirarse cuando antes.
Mattis no dio detalles ni de cuándo ni de cuántos militares más se desplegarían
por la zona, confirmando lo que ya había advertido Trump en aquel anuncio de
hace unos días, que la información sobre el refuerzo iba a ser muy militada con
el fin de no ayudar al enemigo.
"Sí, he firmado las órdenes",
afirmó el jefe del Pentágono a la prensa, unas ódenes que "permitirán a
las fuerzas afganas combatir de forma más eficaz", agregó, indicando así
que se trata sobre todo de consejeros militares.
La puesta en marcha de este
envío, confirmado ya negro sobre blanco en órdenes directas de Mattis, se
conoce justo al día siguiente de que el Pentágono desvelara que las tropas
estadounidenses que operan en Afganistán son más de las que se conocían en el
último recuento oficial, hecho por la Administración de Barack Obama. El
departamento de Defensa cifró en 11.000 el número de soldados estadounidenses
en este conflicto, lo que supone un desfase de unos 2.600
respecto a los 8.400 que se habían contabilizado en 2016.
El baile de cifras, según había explicado
el general Kenneth McKenzie, director del Estado Mayor Conjunto de Estados
Unidos, se debe sobre todo a que el primer cómputo excluía las unidades
temporales y encubiertas.
Esa cifra, en cualquier caso,
resulta una mínima parte respecto a los 100.000 soldados estadounidenses que
llegó a haber desplegados en Afganistán.
Los medios estadounidenses, citando
fuentes de la Administración, han apuntado a que el nuevo despliegue puede
suponer unos 4.000 efectivos adicionales, cuantía cercana a la que el
presidente había autorizado al Pentágono el pasado junio.
Mattis, sin embargo, optó por no hace
uso de esa autorización hasta contar con un plan definido y completo para esta
guerra que dura ya 16 años.
Esa nueva hoja de ruta es la
que Trump explicó desde la base militar de Fort Myer, en Arlington (Virginia),
hace unos días. Allí, el republicano admitió que no hay una fecha en el
horizonte.
Mi primer instinto era salir, y a mí,
históricamente, me ha gustado seguir mis instintos, pero he oído toda mi vida
que las decisiones son muy distintas cuando te sientas en la mesa del Despacho
Oval”, explicó el presidente.
“Una retirada apresurada crearía un
vacío que los terroristas, incluidos el ISIS [siglas en inglés del Estado
Islámico] y Al Qaeda llenarían de inmediato, tal y como ocurrió antes del 11-S.
Y, como sabemos, América se fue de Irak de forma equivocada y apresurada”,
había dicho también.
Estados Unidos invadió
Afganistán en 2001, a raíz de los atentados del 11-S, para derrotar a Al Qaeda
y expulsar a los talibanes, pero no ha logrado aún ninguna de estas metas ni ha
dotado a las fuerzas afganas de autonomía suficiente como para poder
abandonarlas.
Han muerto 2.400 soldados
estadounidenses y se han empleado unos 700.000 millones de dólares en el conflicto.
Mientras, el Gobierno de Kabul ha ido perdiendo terreno y solo controla el 57%.


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