Escrito por
La Redacción.
agosto 01, 2017
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Es una decisión del general Kelly en su
primer día como jefe de gabinete del presidente de los Estados Unidos.
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Anthony
Scaramucci, el pasado viernes.
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Odiado dentro y fuera del Gobierno, el defenestrado
Scaramucci había hundido en solo 10 días el ya escaso
rédito oficial con sus insultos al
antecesor de Kelly y al estratega jefe, Stephen Bannon. Su caída, presentada
como una dimisión, es la tercera de un alto cargo en tres semanas. Trump la
respaldó.
Nada le dura al presidente. Sus apuestas más
personales caen a una velocidad vertiginosa. Así ocurrió con su consejero de
Seguridad Nacional, el islamófobo y extremista Michael Flynn,
fulminado a los 24 días de su designación por sus mentiras sobre la trama rusa.
Ahora le ha llegado el turno a Scaramucci, un pequeño tiburón financiero de
Wall Street, que sin experiencia política había mostrado una bajeza insólita
incluso en la selva de Washington.
En su cruzada por acabar con las
filtraciones que sacuden la Casa Blanca, atacó al entonces jefe de gabinete, Reince Priebus, al que acusó de ser “un jodido paranoico
esquizofrénico”; insultó al estratega jefe (“yo no intento mamármela como
él"), y presionó sin escrúpulos a un conocido
periodista de The New Yorker para que delatará a los topos. Todo en
menos de 24 horas y a cinco días de su nombramiento.
Los salvajes ataques de Scaramucci dieron un giro aún
más inesperado cuando a la mañana siguiente el presidente despidió a Priebus y
lo sustituyó por el exgeneral de marines Kelly. El gesto fue entendido como una
victoria de Scaramucci, cuya llegada ya había provocado la dimisión del
anterior portavoz oficial, Sean picer, y cuya capacidad para la
intriga y la adulación al presidente parecía no tener límites.
El golpe de autoridad de Kelly abre ahora otra
perspectiva. Aunque no está claro si Scaramucci tendrá algún cometido oficial,
su salida del círculo áulico muestra que al menos Kelly es consciente del
peligro que acecha a la gestión presidencial. Tras seis meses de mandato, en la
Casa Blanca se ha instalado la inestabilidad y la desconexión con el Congreso
cada día es mayor. Ninguno de sus grandes proyectos legislativos ha salido
adelante y algunos parlamentarios, como John McCain, ya le retan en público.


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