Escrito por
La Redacción.
julio 12, 2017
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El presidente ruso, Vladimir Putin, habla en una rueda de prensa.
El presidente ruso amenaza al presidente
de Estados Unidos con expulsar a una treintena de diplomáticos estadounidenses
y embargar bienes de sus embajadas, en pleno Rusiagate.
MOSCÚ.- Moscú
baraja expulsar a una treintena de diplomáticos estadounidenses y embargar
algunos de los bienes de las delegaciones diplomáticas de Estados Unidos en
Rusia.
Sería la
equitativa respuesta a las medidas adoptadas por Barack Obama en 2016 por la
supuesta injerencia del Kremlin en las elecciones norteamericanas. Pero la
medida llega en un momento mucho más complicado para el Gobierno de EEUU.
El pasado mes de
diciembre, Obama expulsó a 35 diplomáticos y embargó dos propiedades rusas en
suelo norteamericano. El jefe de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, sugirió en
aquellas fechas expulsar de Rusia a 35 diplomáticos estadounidenses.
Moscú elaboró una
lista de diplomáticos que, a modo de castigo, deberían marcharse. También se
estableció prohibir que EEUU siga usando una casa de campo en el noroeste de
Moscú y un depósito en el sur de la capital rusa: sería una respuesta simétrica
a la acción de Washington.
Pero a última hora
el presidente, Vladimir Putin, decidió no responder considerando que la
decisión de Obama tenía como objetivo perjudicar las relaciones con Donald
Trump.
Putin anunció que
el país no se rebajaría a una "diplomacia primitiva" y
se reservaría el derecho a tomar contramedidas en función de la política que
aplicara el nuevo equipo de la Casa Blanca.
Putin quedó como
el bueno de la película. Y Obama, como el villano de la historia. En Moscú
fueron recibidos los 35 diplomáticos rusos expulsados de Washington y San
Francisco.
El Gobierno de
EEUU impuso sanciones a nueve entidades e individuos, incluyendo las agencias
de inteligencia rusas GRU y FSB, y también cerró dos instalaciones rusas en Nueva York y
Maryland.
Según aseguraba este
martes un artículo del periódico ruso 'Izvestia' citando fuentes del ministerio
de Exteriores ruso, Rusia no ha olvidado que esta última afrenta diplomática
quedó sin contestación y vuelve a poner sobre la mesa que la nueva
Administración estadounidense no ha arreglado este problema.
De nada sirvió el encuentro
que protagonizaron los presidentes ruso y estadounidense el pasado fin de
semana en Hamburgo con ocasión del G-20. Pero sobre todo es el contexto el que
convierte la exigencia rusa en una 'encerrona' para Trump, que está sometido a
tal presión en Washington por los supuestos contactos de su equipo con Moscú
que tiene muy difícil atender una petición rusa.
Desde la Casa
Blanca se intenta estos días que el Congreso y el Senado no recorten todo el
margen de maniobra del presidente a la hora de imponer o levantar sanciones.
El tema fue
planteado por primera vez por el secretario de Estado, Rex Tillerson, que cree que Trump necesita mantener
"flexibilidad para ajustar las sanciones y satisfacer las necesidades de
lo que siempre es una situación diplomática en evolución" con Rusia.
Pero mientras Washington
debate, Moscú prepara. El propio ministro de Exteriores ruso confirmó
ayer en la localidad austriaca de Mauerbach que están estudiando qué medidas
tomar. Lavrov definió la incautación de las propiedades diplomáticas rusas como
"indignante", ya que según la ley gozan de inmunidad.
Reunión para encontrar una salida.- En el mismo artículo de 'Izvestia', se afirma que el
Ministerio de Exteriores ruso planea organizar una reunión entre su
viceministro de Exteriores, Serguei Riabkov, y el secretario de Estado adjunto
norteamericano Thomas Shannon. Si durante esa reunión no se encuentra una
solución, Rusia asegura que pasará a la acción.
Una expulsión de
diplomáticos de EEUU volvería a agriar la relación igual que en los últimos
compases de la 'era Obama'. La reunión podría celebrarse la próxima semana.
Un diplomático
ruso no identificado dijo que en represalia Rusia podría confiscar una dacha del Gobierno
de EEUU en
Serebriani Bor, una zona tranquila al noroeste de Moscú.
Y también un
almacén EEUU en la capital. En todo caso, la residencia del embajador de
Estados Unidos -situada junto a la del embajador español- y la escuela
angloamericana en San Petersburgo no se verían afectadas.
Rusia vio desde el
principio las expulsiones decretadas por Obama como una medida vengativa
que quería "envenenar las relaciones ruso-estadounidenses" y hacer
todo lo posible para que la Administración de Trump "se viera encerrada en
una trampa", en palabras de Lavrov.
Trump había
defendido inicialmente un acercamiento a Moscú, pero su posición se ha
endurecido gradualmente por las presiones de Washington y por la propia
dinámica de los acontecimientos. Moscú ha seguido apoyando al líder sirio, Bashar
Asad, pese a las acusaciones de uso de armas químicas.
Trump atacó con
misiles una base siria, obligando a Moscú a marcar distancias. Ahora puede
darse la segunda vuelta de ese pulso: se ha sabido que Trump y Putin sí
discutieron las sanciones relacionadas con la intromisión de
Rusia en las elecciones cuando se reunieron la semana pasada. Así lo dijo la
Casa Blanca el lunes, contradiciendo una declaración anterior del presidente de
EEUU.

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