Escrito por
La Redacción.
julio 11, 2017
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Lilian Tintori, en una marcha de protesta
contra el Gobierno de Nicolás Maduro.
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La autora recuerda las familias de
presos políticos en Venezuela en su primer artículo tras la excarcelación de su
esposo Leopoldo López.
CARACAS.- No
puedo empezar estas notas sin agradecer al pueblo español, a sus instituciones, a
su dirigencia política y a su Gobierno por la enorme
solidaridad que han demostrado con el pueblo venezolano, con mi esposo Leopoldo
y conmigo.
Leopoldo está en
casa. No puedo esconder la alegría y la fuerza que representa para mí y para
mis hijos sentir que el hogar está completo de nuevo. No es Libertad plena, que
es lo que realmente corresponde a Leopoldo porque es inocente de todo lo que
injustamente se le acusa. Mi esposo ha recibido, de forma unilateralmente
decidida por el régimen, una medida
sustitutiva de
casa por cárcel. Sin embargo, mi pequeña alegría personal se refiere a que en
esta casa por cárcel no será más torturado, ni aislado, ni incomunicado, ni se
le privará de luz, no se le privará de la prensa, de sus libros, de poder
escribir, de oír radio o de conversar con otras personas, de poder dormir
completo sin que nadie lo despierte con armas largas en su pecho. Leopoldo
podrá hablar con sus hijos todos los días. No es una alegría completa pero sí
es una tranquilidad que como esposa y madre celebro en mi interior. Es, a fin
de cuentas, un
pequeño paso de justicia que hoy, no tengo duda, nos llevará a
la libertad plena de Leopoldo.
Y aunque no puedo
esconder esta pequeña satisfacción personal, al mismo tiempo nacen en mí de
forma automática emociones encontradas: no puedo dejar de pensar en todas las
familias de los presos políticos con quienes he compartido, codo a codo, esta
lucha titánica contra la injusticia.
Esas familias heroicas que resisten con
dignidad los atropellos de la tiranía hoy siguen sufriendo la injusta
separación con sus seres queridos, siguen estando incompletas, siguen sufriendo
los tratos crueles e inhumanos de una dictadura que los mantiene castigados por
atreverse a pensar distinto o soñar con un mejor país.
Esta lucha no termina
aquí, muy por el contrario no hace más que impulsar con mayor fuerza y con
mayor fe mi determinación de luchar por reconquistar la libertad de todos los
presos políticos y la reparación de las injusticias por las que han pasado
nuestras familias. Hoy, más que antes, sé que sí se puede y que sí vamos
avanzando con paso firme hacia esa mejor Venezuela que todos soñamos y por la cual muchos han
sacrificado hasta sus vidas. No es en vano, no será jamás en
vano.
Nunca se nos van a olvidar las violaciones
sistemáticas de los Derechos Humanos y vamos a trabajar día y noche para que más nunca exista en Venezuela
un preso político ni se torture a un venezolano. Los Derechos Humanos deben ser
la base de todo.
Los Derechos Humanos no se negocian, los valores no se negocian, la dignidad no se
negocia. Mi esposo lo ha dicho muy claro: "No estoy dispuesto a claudicar
en mi lucha. Si por ello debo regresar a una celda en Ramo Verde estoy
dispuesto a hacerlo".
Leopoldo está
firme, Leopoldo está claro y consciente del sacrificio de los venezolanos. Y
por eso, con fuerza y determinación, ha promovido y apoya la decisión de ir a
una consulta popular donde sean los venezolanos quienes decidan su futuro, su
destino que no puede ser otro que la Paz y la Libertad en democracia.
La consulta
popular establecida para el próximo 16 de julio es una herramienta
constitucional que se sustenta en los artículos 5, 70, 333 y 350 de nuestra
Carta Magna. Es una expresión directa del poder soberano que no es otra que
la expresión de la voluntad popular.
Los venezolanos
hemos recorrido e intentado todas las vías democráticas posibles para buscar
una solución al desastre al que nos ha llevado la dictadura de Nicolás Maduro.
Ganamos en el año 2015 una Asamblea Nacional que el régimen, dando un golpe de
Estado, desconoció e intentó anular.
Promovimos un referéndum revocatorio para
que fuese el pueblo quien decidiera la continuidad o el final de la tiranía de Maduro
pero el régimen apoyado en la complicidad de unos rectores electorales violó
nuestro derecho humano a elegir. Como si fuera poco también evitaron convocar
elecciones regionales porque saben que no existe elección alguna que puedan
ganar: saben que han perdido por siempre el apoyo y la credibilidad de este
pueblo.
Ahora, de forma autoritaria, violatoria de nuestra Constitución y de
los Derechos Humanos, pretenden imponer una supuesta Constituyente que no es
más que un fraude con el que pretenden engañar al pueblo para quedarse por
siempre en sus espacios de poder privilegiados.
Y frente a todos
estos atropellos e injusticias, no podemos hoy, quienes hemos sufrido la
persecución en primera persona, dejar de hablar de aquellos venezolanos que por
culpa de esta dictadura buscan alimentos en medio de la basura. No podemos ser
indiferentes ante la enfermedad y el sufrimiento de miles de venezolanos que no
encuentran medicinas para su cura.
No podemos olvidar a quienes han sido
vilmente asesinados por la represión o por la inseguridad que esta dictadura
promueve y ejecuta. No podemos, por supuesto, dejar de pensar en nuestros
familiares que padecen la injusticia de una dictadura que los encarcela, aísla,
tortura y somete a vejaciones diarias con tal de intentar callar sus poderosas
voces de libertad.
¿Hasta cuándo
tanto cinismo? ¿Hasta cuándo tanto dolor? ¿Hasta cuándo tanta injusticia?
¿Hasta cuándo tanto sufrimiento? ¿Hasta cuándo esta dictadura?
Hasta que este 16 de julio
todos los venezolanos, en ríos y mares de millones de voluntades, le digamos al
régimen que se acabó su tiempo de opresión, injusticias, engaños y corrupción.
Este 16 de julio
es nuestra obligación hacerle saber al mundo entero, a nuestros hermanos de la
fuerza armada y la cúpula de esta dictadura que somos los venezolanos quienes
decidimos nuestro destino de Libertad y de Paz. Que no somos un pueblo sumiso que acepta de
rodillas la opresión y que en nuestra sangre corre la fuerza
libertadora de América toda.
Venezuela
resurgirá de la cenizas y volverá a ser una nación alegre, fuerte y llena de fe
en un futuro iluminado por la madurez de quienes han conquistado, con
sacrificio y amor, la libertad de ser lo que merecemos ser: una mejor Venezuela. (Publicado este martes en el periódico El Mundo)


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