Escrito por
La Redacción.
julio 11, 2017
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| Emmanuel Macron |
Emanuel Macron es justo lo que necesita Europa: puede liderar Occidente ahora que Estados Unidos retrocede.
París.- Con
su campaña para reformar Francia y luchar por una Europa más federal, el
presidente francés, Emmanuel Macron, puede lograr que el continente recupere su
importancia en el mundo.
Pese a ser, a sus
39 años, el presidente más joven de la historia moderna de Francia, Macron no
ha querido perder tiempo en campaña para reiniciar el país y el continente. Su
objetivo es eliminar los obstáculos a la innovación que han dejado relegada a
Europa. Si logra reformar Francia y unir más Europa, quizá estemos ante la mejor
oportunidad de que Occidente mantenga su presencia como civilización, ahora que
Estados Unidos se encierra en sí mismo y China está en pleno ascenso.
Comprende la importancia de la innovación y
está comprometido a impulsarla.
Macron no entiende por qué Europa no puede crear campeones tecnológicos como
Google y Facebook en Estados Unidos o Tencent y Alibaba en China.
Una de las
primeras cosas que hizo como presidente fue anunciar un nuevo visado
tecnológico e invitar a empresarios de todo el mundo a visitar Francia y ayudar
a convertirla en una “nación startup”. Macron tendió públicamente la
mano a “los pioneros, los innovadores, los empresarios de todo el mundo, para
que vengan a Francia y colaboren con nosotros en materia de tecnologías verdes,
tecnologías alimentarias, inteligencia artificial, todas las innovaciones
posibles”. El presidente dijo que quiere que “Francia sea un país que trabaja
con y para las startups, un país que piense y actúe como una startup”.
El mundo actual,
dice el joven presidente, es “innovador, y está cambiando a una velocidad
inimaginable hasta ahora”. Por eso quiere “que el Gobierno [francés] sea
distinto..., no un Gobierno que lo regula todo”. Para él, el papel del Gobierno
no debe limitarse a regular y sancionar. Debe ser apoyar y facilitar.
Este extraordinario
giro en la mentalidad dirigista francesa se produce inmediatamente después del
llamamiento de Macron a los científicos para que, tras la retirada de Estados
Unidos del acuerdo de París sobre el clima, vayan a Francia a trabajar en la
búsqueda de soluciones. Un llamamiento que hizo en inglés, la lengua global de
la innovación.
Es un
pragmático dispuesto a enfrentarse al mundo.
Macron parece el nuevo tipo de dirigente político que Occidente —en particular
Europa— necesita a toda costa. Alguien no atado a lealtades partidistas ni a
los dogmas ideológicos del pasado, sino que observa el mundo tal como es.
Alguien que sabe que el crecimiento de su país no solo no está reñido con la
cooperación mundial, sino que es indispensable para ella. Alguien decidido a
averiguar cómo sostener los valores fundamentales de libertad, igualdad y
fraternidad en la era de la globalización, en medio de las oportunidades y las
constantes perturbaciones del capitalismo digital.
El presidente francés no entiende por qué Europa no
puede crear campeones tecnológicos como Google y Facebook
En resumen, Macron
es alguien que puede guiarnos hacia el futuro.
Puede liderar Occidente ahora que Estados
Unidos retrocede. En estos
momentos, Estados Unidos tiene un dirigente político que se ha vuelto sobre sí
mismo, que se recrea en la nostalgia de un pasado ideal en vez de afrontar los
retos de un complejo porvenir y prefiere permanecer al margen mientras otras
grandes potencias que no se atienen a los valores occidentales construyen el
futuro. China está diseñando su propia versión de la globalización, reviviendo
las viejas vías comerciales de la ruta de la seda y haciendo inversiones
masivas en infraestructuras para unir el mundo desde el lejano Oriente hasta
Eurasia, pasando por África.
A primera vista,
por supuesto, esto es positivo. China y Occidente necesitan ser socios
indispensables, en lugar de inevitables rivales. Pero, sin un compromiso
mundial igual de enérgico por parte de Estados Unidos y Europa, a largo plazo,
el resultado será un mundo con los valores occidentales muy debilitados.
Si miramos el
futuro desde esta perspectiva, es evidente que en los próximos años, tan
cruciales, ya no podremos depender de Estados Unidos, tal como ha declarado la
habitualmente discreta canciller alemana Angela Merkel. Por tanto, el otro
pilar de Occidente —Europa— debe recoger el testigo y, como también dijo
Merkel, “tomar las riendas de su propio destino”. Su destino y el de todo Occidente.
Algunos han comparado la hábil recomposición que ha
hecho Macron de la política francesa con la genialidad política de De Gaulle
Pero Alemania no
es Europa. La base de Europa la forman Alemania y Francia. Los dos países deben
unirse para impulsar Europa y servir de contrapeso occidental en el futuro
orden mundial. Para ello, Francia debe encabezar una apertura que ponga fin a
la rigidez europea y busque una mayor integración.
Su dedicación a la causa europea puede salvar
el continente. Cuando era
ministro de Economía, Macron acreditó su europeísmo al enfrentarse a la troika
y a varios dirigentes de otros países para que no se expulsara a Grecia de
Europa.
Su firmeza de
entonces, que impidió que se viniera abajo de golpe el proyecto de una Europa común,
fue un presagio del carácter decisivo que le ha facilitado su asombroso ascenso
al poder en Francia sin tener ni siquiera un partido propio. Esperamos que
también sea un preludio del papel que va a asumir en el escenario europeo y
mundial.
Algunos han
comparado la hábil recomposición que ha hecho Macron de la política francesa
con la genialidad política del presidente Charles de Gaulle en otra época.
Otros dicen que Macron ha devuelto la seriedad y la dignidad a su cargo y que
por fin la presidencia vuelve a reposar, como en tiempos de De Gaulle, en
“cierta idea de Francia” y no en el estrecho sectarismo que se había apoderado
de la política en tiempos recientes. Otros, incluso, ven en la ambición de
Macron ecos napoleónicos.
¿Podrá conseguir
por medios pacíficos lo que intentó Napoleón como conquistador, la unidad de
Europa? En el siglo XXI, la unidad de Europa significa integrar las soberanías
nacionales y renovar sus rancias tradiciones e instituciones, y es un empeño
tan ambicioso como aquel. Pero esa ambición es lo único que podrá salvar a
Occidente.
El presidente
Macron es un soplo de aire fresco en la causa anquilosada de la unidad europea.
Renovar el proyecto europeo y dinamizar ese sueño deteriorado es la única forma
de garantizar un papel fundamental para Occidente en el mundo posterior a la
hegemonía estadounidense. El éxito de Macron sería un éxito de todos nosotros.
Confiemos en que siga su racha ganadora. (Trabajo elaborado por Nicolas Berggruen, presidente del Berggruen Institute; y Nathan Gardels, director
de Global Viewpoint Network y The WorldPost. Originalmente publicado en el periodic
El País, España)


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