Escrito por
La Redacción.
julio 13, 2017
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El expresidente Luiz
Inácio Lula da Silva en una
rueda de prensa este
jueves en São Paulo.
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“Esta sentencia no me deja fuera de juego”, dice desafiante el expresidente sobre su condena a nueve años de prisión.
São Paulo.- El expresidente brasileño Luiz
Inácio Lula da Silva ha respondido este jueves con un desafío a su condena de
nueves años y medio en la cárcel: “Esta sentencia no me deja fuera de juego”.
El icono de
la izquierda brasileña no renuncia a ser candidato a las elecciones de 2018. La
sentencia por corrupción —contra la que cabe recurso— contra Lula ha enredado
aún más el ya de por sí embrollado panorama político brasileño, pero el
exdirigente insiste en que es solo un obstáculo en el camino.
“Quien crea que
este es el fin de Lula se va a llevar un chasco. Solo el pueblo tiene el poder
de decretar mi fin”, ha dicho quien es ya el primer expresidente brasileño condenado
por corrupción, por aceptar sobornos y lavar dinero. Este jueves, 24 horas
después de conocerse la sentencia, ha hecho lo posible por recordar que sigue
siendo el mismo: un icono de la izquierda brasileña, campechano y receloso de
la autoridad.
La víctima de un
complot, según él, para evitar que vuelva a la presidencia de un país que solo
ha ido a peor sin su ayuda. Ahora tendrá que recurrir la sentencia a una
segunda instancia si quiere arañar una posibilidad de presentarse, como desea,
a las elecciones generales del año que viene. Pero, recuerda, sigue siendo el
favorito en las encuestas. El exmandatario ha llegado a reiterar las palabras
mágicas: “Seré candidato a las elecciones de 2018”. Ante su declaración, la
sala estalló en aplausos.
Lula ha intentado proyectar calma ante sus fieles, recordando que este
contratiempo estaba dentro de lo esperado. “Yo ya imaginaba que este proceso
iba a terminar así porque lo último que le importaba a las personas que me
hicieron testificar era lo que yo tuviera que decirles”, ha lamentado.
“Era
imposible que los que prepararon el golpe contra Dilma [Rousseff, la expresidenta
destituida en agosto de 2016] se fueran a quedar de brazos cruzados para que
los mismos volvamos en 2018. Pero que sepan que sigo dentro del juego”.
No
le falta razón en que, allí donde sus enemigos tienen el poder de las
instituciones, él mantiene aún hoy un apoyo popular sorprendente. Cuando este
miércoles se publicó la noticia de la condena al político más querido de
Brasil, aún hoy un referente de la izquierda latinoamericana, el país se
dividió prácticamente en dos. Se solaparon, en las calles y también en las
redes, las muestras de apoyo y de repudia al que fue presidente en los años
dorado del país, entre 2002 y 2010.
Mientras,
los analistas de Brasilia intentaban predecir lo impredecible. La ausencia del
expresidente allana el camino para el segundo en las encuestas: Jair Bolsonaro,
un exmilitar conocido como el Trump brasileño por sus exabruptos machistas,
sexistas y autoritarios.
Este hombre, ahora un evangélico pero que ha pasado
por cinco partidos en las últimas siete legislaturas, se ha convertido en el
mayor furor político en redes sociales del año. La agrupación de Lula, el
Partido de los Trabajadores, ha sido incapaz de encontrar a alguien que recoja
el testigo del expresidente, al igual que casi todos los partidos
tradicionales, los cuales están prácticamente fuera de juego en las encuestas.
Sin Lula, Brasilia es el reino de un agitador y todos los que se quemaron intentando
quitarle el puesto.


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