Escrito por
La Redacción.
julio 13, 2017
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Donald Trump, Emmanuel Macron
y sus respectivas esposas.
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El presidente estadounidense, tras criticar la seguridad de París, asegura ahora que “quiere volver”.
París.- Con la agenda organizada por el
Elíseo para la estancia de poco más de 36 horas de los Trump en París, el
presidente estadounidense y su esposa tendrán ocasión de visitar algunos de los
lugares más icónicos de la capital francesa.
Muchos de
ellos, como la Torre Eiffel o los Campos Elíseos donde el viernes asistirán al
desfile del 14 de julio, han sido objetivo de atentados que le han servido al
inquilino de la Casa Blanca para criticar una y otra vez la estrategia
antiterrorista francesa y, por ende, europea.
Pero de críticas y
tensiones, nada de nada. Al menos, ante las cámaras. Del duelo de manos que
representaron Macron y Trump durante su primer encuentro, en mayo en Bruselas,
en pocas semanas, y pese a diferencias profundas en cuestiones clave como el
cambio climático, en París se pasó a gestos amistosos, palmadas en la espalda,
conversaciones plagadas de risas y sonrisas cómplices entre los dos presidentes
y sus esposas.
Allí iniciaron su
cita con una visita a la tumba de Napoleón y a la del mariscal Foch, comandante
supremo del comando aliado en la Primera Guerra Mundial, durante la cual no
pararon de charlar animadamente.
Mientras los dos
mandatarios ventilaban asuntos de Estado a puerta cerrada en la sede
presidencial, Brigitte Macron y Melania Trump continuaban su gira por París, en
una agenda paralela que incluyó una visita privada a la Catedral de Notre Dame
y un paseo en barco por el Sena durante el que las dos primeras damas también
continuaron prodigándose sonrisas.
El desafío de esta
primera visita oficial de Trump a Francia era grande. Macron ha recibido muchas
críticas por invitar al presidente norteamericano que tanto ha insultado a
París y a Francia entera. Los franceses todavía recuerdan el famoso “amigo Jim”
que Trump citó en febrero para criticar lo que considera debilidad de sus pares
europeos ante el yihadismo y afirmar que “París ya no es París”.
Pero fue pasar
unas horas en la Ciudad Luz y todo eso parecía agua pasada bajo uno de los
puentes del Sena. “Gracias por el tour por algunos de los edificios más
increíbles del mundo (…) esta es una de las ciudades más bellas del mundo”, se
deshacía en elogios Trump en la rueda de prensa conjunta.
Poco después, los
Trump y los Macron volvían a reunirse en el restaurante panorámico de lujo Le
Jules Verne, del laureado chef estrella Alain Ducasse, en la Torre Eiffel, otro
de los iconos de París. Allí, los Macron agasajan con una cena “entre amigos”,
según el presidente galo, a los Trump en su primera —y única— noche parisina.
Puede sin embargo que no sea la última. Porque Trump hizo una promesa en París:
“Voy a volver”.


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