Escrito por
La Redacción.
junio 26, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
|
Un grupo de personas busca alimentos en la
basura
en la avenida Francisco de Miranda, en Los
Cortijos.
|
Susana Rafalli, experta en crisis de
seguridad alimentaria, advierte sobre la situación del país sudamericano.
CARACAS.- Susana
Rafalli no es cualquier nutricionista. Durante 18 años esta venezolana ha
trabajado en emergencias humanitarias y ha gestionado crisis de seguridad alimentaria
en el sureste asiático –desde el tsunami en Tailandia hasta la revolución
naranja en Birmania–, Guatemala, el Caribe, la frontera con
Colombia y Angola.
![]() |
|
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro,
durante habla en el programa radial que
produce todos los domingos. Este domingo
acusó a Estados Unidos de pretender
Invadir su país.
|
La especialista
alertó que Venezuela está en una crisis humanitaria con tendencia a aumentar cada
mes. En caso de no tomar las medidas necesarias en diciembre habrá una
emergencia humanitaria.
Dice que no
quiere ver de cerca las hambrunas de África, pero le tocó algo igual de
impactante: diagnosticar junto con la organización Cáritas la situación en
Venezuela.
La más reciente
medición de Cáritas arrojó en abril que 11,4% de los niños venezolanos
están desnutridos.
¿Qué
significa eso?
-Ese es el
promedio, pero tenemos algunos estados y parroquias donde la desnutrición
está en 13% o 12,8%. Con Cáritas –que es el brazo de acción social de la
Iglesia– no hacemos solo mediciones periódicas en las parroquias más pobres del
país, sino labor humanitaria en zonas vulnerables. Solo este año han muerto 37
niños por desnutrición, una cifra altísima.
¿Cuáles
son los parámetros para medir la gravedad?
-En Venezuela
tenemos la desnutrición aguda, la repentina delgadez del niño que puede
llevarlo a la muerte y la desnutrición crónica, que es el niño con una talla
baja, que no muere pero que dejó de crecer y presenta un rezago
metabólico, cognitivo y afectivo.
En Venezuela
tenemos las dos. Los parámetros se miden por el marco nutricional (el peso y la
talla que corresponden a cada edad), las estrategias que expresan inseguridad
alimentaria (lo que hacen las familias para pasar el hambre) y la intensidad de
la seguridad alimentaria (lo que está comiendo ese niño).
![]() |
|
La oposición al presidente Nicolás Maduro
volvió a salir a las calles este domingo.
|
¿Cómo
están estos marcos en Venezuela?
-Los parámetros
internacionales dicen que lo que se mida en términos de desnutrición infantil
en un ambulatorio, por ejemplo, si no supera el 5% es aceptable, es
manejable por la familia, la parroquia.
Entre 5% y
10% se entra en fase de alarma, deben fortalecerse los elementos de
pesquisa y alerta en los sistemas de salud. Cuando llega al 10% es un
punto de quiebre, incluso para los donantes y ayudas internacionales, pues se
empieza a tener una crisis humanitaria.
¿Por
qué?
-Porque la
situación demanda recursos adicionales. Significa que se tiene una proporción
de niños suficientemente grande con desnutrición severa que ameritan no solo
suplemento alimentario, sino fórmulas terapéuticas.
Cuando llegas al
15% o más se habla de una emergencia humanitaria, cuando se supera el 30%
es hambruna.
En Venezuela no
llegamos allí, pero pasamos el 10%. Estamos en una crisis humanitaria franca y
la tendencia es a que crezca entre 0,8% y 1% por mes. Si no se rectifica,
estaremos en una emergencia humanitaria en diciembre, porque ya estamos con 12%
de desnutrición y tenemos además factores que agravan la seguridad alimentaria.
¿Cuáles
son?
-Los parámetros
internacionales dicen que el Estado debe garantizar una oferta alimentaria
suficiente y variada en términos culturales, un adecuado acceso físico y
económico al alimento –que esté en los mercados y que lo pueda comprar– y que
eso sea estable. En Venezuela, la disponibilidad de alimentos está seriamente
comprometida.
Las cifras más
actuales de las federaciones agrícolas y ganaderos dice que la capacidad de
producción de alimentos básicos en Venezuela alcanza 30% de lo que se
necesita.
Hasta 2013, el
hueco que quedaba era llenado con importaciones alimentarias. A partir de ese
año, estas se redujeron a la mitad, dicho por el propio Ejecutivo.
Entonces, tenemos
un hueco alimentario en las cuentas del país de al menos 40%, y el Estado no ha
dicho cómo lo va a resolver.
El Gobierno
asegura que todo está bajo control con la distribución de comida en las cajas
de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).
El Estado asumió
la producción de los seis productos básicos de la alimentación para
distribuirlos en estas cajas, que duran 10 días para las familias que las
pueden recibir y que ni siquiera llegan a ser el 10% de la población.
¿Entonces,
esa distribución no ayuda?
-Esa distribución
es insuficiente, no está sujeta a criterios claros, no tiene metas de
cobertura. Tampoco es un programa de alimentación complementaria, hay familias
que dependen de eso para su sustento. La familia a la que se le acabó la caja
va a un abasto a comprar comida el resto de los días y no consigue nada.
O se
encuentran con un precio inalcanzable…
Desde noviembre
del 2016, las empresas alimentarias están obligadas a venderle al Estado la
mitad de su producción. El gobierno, al ver que no puede cubrir la demanda permitió
la importación y cobro de alimentos a dólar libre. La gente va al mercado y
consigue un kilo de pasta italiana a 8.000 bolívares (casi cuatro dólares al
cambio oficial más alto).
La alimentación
está secuestrada; además, por el proceso inflacionario. Las CLAP, que en marzo
de 2016 costaban 1.200 bolívares, ahora están en 12.000.
¿Cómo ha
cambiado el patrón de consumo del venezolano?
-Lo que hemos
visto es que entre 70% y 80% de la población aplica estrategias de adaptación:
comen alimentos de menor valor nutricional, comida que no le gustan, se
reparten las compras entre varios o dejan de comprar en mercados caros para ir
a los más baratos.
Detectamos que al
menos 40% de la gente aplica estrategias inseguras: reducen el número de
comidas, se endeuda para comprar o busca comida en lugares inseguros y
humillantes como vertederos de los mercados o la basura.
Hay madres que nos
han dicho “comemos cosas que no se comen”, como pellejos de pollo o conchas de
plátano. Y cerca de un 30% de las familias está aplicando las estrategias de
emergencia, que son irreversibles.
¿Cómo es
eso?
-Las que
comprometen la seguridad alimentaria a futuro y producen un daño social
extremo. Las que más nos dicen es que están saliendo a vender activos
familiares (incluso herramientas de trabajo) para comprar comida.
Otra es el
desmembramiento familiar para disminuir la carga sobre el consumo y la propia
ilegalidad, extorsión por alimentos, robo e incluso prostitución.
En
Venezuela siempre ha habido desigualdad y pobreza, hubo un estallido social en
1989 por eso, entre otros factores. ¿Cuál es la diferencia?
-Los niveles de
desnutrición aguda en 1989, por ejemplo, no sobrepasaban el 4% y el retardo en
talla no llegaba a 10. Nosotros estamos reportando desnutrición de 12% y
retardo en talla de hasta 26%.
¿Se puede
decir que el Estado venezolano ha sido negligente con el tema alimentario?
-Absolutamente. El
Estado está actuando por acción y por omisión en esta crisis alimentaria.
Tenemos 5 millones
de hectáreas improductivas, se ha puesto a los productores a producir a
pérdida, se ha controlado los precios y la distribución de divisas.
Se sabe que si el
gobierno otorga las divisas necesarias, el país se abastece en seis semanas.
También hay omisión porque el Estado, sabiendo que la imposición de su modelo
político iba a tener un costo social, no estableció medidas de
protección.
Todas las
hambrunas del mundo son generadas por los Estados. Hay una tercera hipótesis,
de la cual no puedo dar fe, y es que todo esto ha sido deliberado: planificado
por el gobierno para generar caos y adoptar las medidas que está tomando con el
caos como excusa.
Ha dicho
que "comer tiene unas coordenadas sagradas". ¿Cómo afecta la actual
situación a las generaciones por venir?
-Para el
venezolano, el acto de comer ha dejado de ser un acto social de compartir.
Ahora es una angustia, una extorsión social. El pueblo venezolano pasó de
tenerlo todo a un estado de privación para lo más sagrado, que es alimentarse.
Eso ha dañado
nuestra autoestima y generado un miedo constante y desgastante. El daño es
masivo y tendremos efecto postraumático.




No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario