Escrito por
La Redacción.
junio 30, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
|
Donald Trump con el
presidente surcoreano,
Moon Jae-in, en la Casa
Blanca.
|
El presidente de Estados Unidos apela a una "respuesta firme ante el programa nuclear y balístico del implacable y brutal régimen".
WASHINGTON.- Los
misiles, de momento, son verbales. El presidente Donald Trump elevó este viernes
la tensión con su archienemigo, Corea del Norte, y afirmó que “la paciencia
estratégica mantenida durante años por Estados Unidos ha tocado a su fin”.
“Nos enfrentamos a
la amenaza de un implacable y brutal régimen, cuyo programa balístico y nuclear
requiere una respuesta firme. Nuestro país busca la paz y la prosperidad, pero
siempre nos defenderemos y defenderemos a nuestros aliados”, proclamó Trump en
un breve y contundente discurso en la Casa Blanca, acompañado por su homólogo
de Corea del Sur, Moon Jae-in.
La andanada, con su inquietante insinuación de un eventual choque, llegó
después de una descripción cargada de dramatismo. “Millones de coreanos han
muerto de hambruna ante la indiferencia de un régimen que no respeta la vida
humana ni a sus vecinos”.
Unas palabras ante
las que asintió Moon Jae-in, quien alertó de que el mayor desafío para Seúl y
Washington es el peligro nuclear de su vecino del norte. “Debemos mostrarles
nuestra determinación, y combinar sanciones con diálogo”, señaló en un tono más
moderado.
En ambos discursos
hubo referencias al fallecido Otto Warmbie. El trágico destino de este
universitario condenado a trabajos forzados en Corea del Norte y que murió la
semana pasada tras ser devuelto a Estados Unidos en estado de coma, ha
reforzado el discurso de los halcones de la Casa Blanca.
El consejero de
Seguridad Nacional, Herbert R. McMaster, ha insistido en que Washington tiene
todas las opciones abiertas y que serán activadas si se detectan avances en la
carrera armamentística coreana.
“No aceptaremos un
poder nuclear en Corea del Norte. La amenaza es ahora inmediata y no podemos
repetir el mismo enfoque fallido que en el pasado”, ha dicho McMaster.
Pyongyang ha
entrado en una temeraria espiral contra Washington. Asfixiante y obsesivo, el
régimen lleva 20 años afinando su arsenal para lograr un misil intercontinental
que alcance a Estados Unidos.
En este camino,
mediante constantes pruebas, ha logrado desarrollar una bomba atómica de dos
kilotones (el doble que Hiroshima) y en su radio balístico ya entran Corea del
Sur y Japón.
Los intentos del
Consejo de Seguridad de la ONU para frenar la escalada se han estrellado con la
determinación casi suicida del Líder Supremo, Kim Jong-un.
Heredero de una
tiranía paranoide, el dictador basa su supervivencia en una ecuación infernal:
la disposición a ser barrido por la superpotencia a cambio de alcanzar a su
enemigo, aunque solo sea una vez.
Ante este pulso,
Trump y sus estrategas han apostado por sacar músculo, desplegar su poderío
naval y presionar a China, que absorbe el 90% del comercio norcoreano.
Pese a la mejora
de relaciones con Pekín, la Casa Blanca considera que aún no se ha involucrado
lo suficiente y le ha lanzado algunos dardos, como sanciones bancarias y la
venta de armas a Taiwan por 1.400 millones de dólares.
El gigante
asiático ha respondido con furia. "La venta daña la seguridad y soberanía
de China", ha dicho un portavoz. Pero Estados Unidos, lejos de aminorar la
presión, está dispuesto a mantenerla. El objetivo es Pyongyang.


No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario