Escrito por
La Redacción.
junio 14, 2017
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Una foto de la víctima
que los agresores
publicaron en las
redes.
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El país se conmueve con el vídeo, en el que dos hombres marcan a un joven al que acusan de robar una bicicleta.
São Paulo.- Hasta hace poco, una madre de São
Bernardo do Campo, una ciudad industrial en el Estado de São Paulo, había visto
a uno de sus cuatro hijos, de 17 años, solo dos veces en las últimas semanas.
Una fue el 31 de mayo, cuando el joven desapareció.
La otra fue
el pasado viernes por la noche, cuando llegó a los móviles de la casa un vídeo
recién grabado pero que se estaba convirtiendo en viral: el joven desaparecido
sale sentado mientras un hombre, visiblemente excitado, se dispone a rasparle
la frente con una aguja de hacer tatuajes. "Te va a doler, te va a doler",
le avisa.
“¿Qué pone ahí?
¿Qué pone? Dilo”, le espeta mientras termina la obra. “Ladrón”, responde el
joven en un murmuro. “No, no es solo eso. ¿Qué más pone?”, le insta el hombre.
“Ladrón”, repite el joven, como si no entendiese. No parece en plena posesión
de sus facultades. En realidad, lo que le han tatuado de forma permanente en la
cara es una frase: “Eu sou ladrão e vacilão”. “Soy un ladrón y un
idiota”.
La policía detuvo a los autores del vídeo esa misma noche de viernes. Uno era
Maycon Wesley Carvalho dos Reis, de 27 años, el tatuador. Otro, su vecino,
Ronildo Moreria de Araújo, un abañil de 29. Ellos mismos mandaron la grabación
a sus contactos por WhatsApp, donde comenzó a viralizarse.
A la policía le
contaron que el joven había intentado robar una bicicleta aquella misma mañana
y que ellos le estaban enseñando una lección. La juez estimó, como han hecho
docenas de expertos desde entonces, que aquel acto constituía tortura y decretó
prisión preventiva para los dos. Irónicamente, el albañil había sido detenido
en 2008 por robarle el bolso a una mujer. Fue condenado a cinco años y cuatro
meses de prisión.
El vídeo viral ha
conmocionado a la opinión pública brasileña, por lo violento y truculento de su
contenido. La familia ha contado en varios medios que el joven, que abandonó
los estudios en el instituto por su déficit de atención, tiene problemas con el
alcohol y las drogas. Vive con su madre y con su abuelo, ambos desempleados,
que intentan cuidarle a él y a sus tres hermanos.
La triste fama que
le reportó el vídeo sirvió para que la familia, conmocionada, pudiera
encontrarlo al día siguiente. “No volvió a casa [después del ataque]. Se quedó
andando por las calles, con vergüenza y con miedo”, ha contado su tío, Vando
Rocha, a Buzzfeed Brasil. A Globo Bew le explicó: “En el barrio [Itapecerica]
es muy querido. Ahora está en casa del abuelo, descansando. Vamos a cuidar de
su salud”. Y remata el relato con Buzzfeed con tristeza: “No se mira en el
espejo. Se da vergüenza”.
El joven negó ante
la policía haber robado nada. También contó que le habían cortado el pelo para
despejarle la frente. Una campaña online ha recaudado ya casi los 20.000 reales
(6.000 dólares) que cuesta borrarle el tatuaje de la cara.


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