Escrito por
La Redacción.
junio 11, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
|
Michel Temer sigue en la cuerda
floja como presidente de Brasil.
|
Sao
Paulo.- Grabaciones
clandestinas, emails ficticios y maletas repletas de dinero se han colado en la
trama del caso Petrobras, un proceso que no sólo ha desvelado las entrañas de
la corrupción en Brasil, sino que también ha sacado a la luz las maniobras de
tinte mafioso usadas por sus implicados.
El avance de las
investigaciones ha cerrado el cerco sobre la corrupción y las alianzas entre
políticos y empresarios se han desmoronado a medida que han avanzado las
confesiones “premiadas” de los acusados ante las autoridades.
Cazados por la
justicia, muchos de los imputados en el escándalo han sacado los trapos sucios
y han puesto en el ventilador las supuestas prácticas corruptas realizadas por
algunos de sus antiguos colegas, recurriendo incluso a prácticas kafkianas para
respaldar sus acusaciones.
El magnate de la
carne Joesley Batista, dueño de JBS, se presentó el pasado mes de marzo en casa
del presidente de Brasil, Michel Temer, con una grabadora en forma de pendrive
(memoria usb) en su bolsillo para registrar su encuentro -no oficial- con el
mandatario.
En esa grabación,
Batista relata diversas maniobras ilegales que estaba realizando en favor de
JBS tanto en el Poder Judicial como con algunos ministros, ante lo que Temer se
mantiene en silencio o hasta llega a consentir.
En esa época, uno
de los aliados de Temer, el exdiputado Rodrigo Roucha Loures, fue filmado
saliendo de manera apresurada del estacionamiento de una pizzería de Sao Paulo
cargado con una maleta repleta de dinero sucio.
El chivatazo fue dado
por los directivos de JBS, que entregaron a las autoridades una serie de
pruebas que implican a importantes políticos con el fin de evitar un posible
pedido de prisión por su implicación en la trama corrupta. Pero los socios de
JBS no han sido los únicos en poner en jaque a la política brasileña.
Los publicistas
Joao y Mónica Moura, encargados de la campaña electoral de la expresidenta
Dilma Rousseff, han dejado en apuros a la exmandataria.
Mónica Moura,
presa desde el año pasado, aseguró que ella y Rousseff compartían un email
secreto (2606iolanda@gmail.com) y se comunicaban mediante mensajes que eran
guardados en la caja de “borradores” y posteriormente eliminados, con el fin de
evitar su circulación.
Según la
empresaria, en dicho email Rouseff informaba al matrimonio Moura sobre el
avance de las investigaciones del caso Petrobras, el cual ha salpicado a
políticos de todo el arco partidario e importantes empresarios.
La señal para
acceder al email la daba un asesor de Rousseff, quien, según Moura, enviaba
mensajes fuera de contexto, como por ejemplo “Me ha gustado el vino que me
dijiste” o “Mira esa película”, para que la publicista accediese a la bandeja
de “borradores”.
Uno de los pilares
del escándalo, la constructora Odebrecht, admitió que tenía un departamento
exclusivo para la distribución de sobornos entre políticos, a los que
registraban en sus planillas con apodos- “todo feo”, “amigo”, “italiano”.
La jerga mafiosa
se ha visto a lo largo de los tres años en los que duró las investigaciones-
los empresarios de JBS se referían a los sobornos como “alpiste”, mientras que
Joao Vaccari Neto, extesorero del Partido de los Trabajadores (PT), hablaba de
“pixulecos” (sobornos) cuando negociaba las coimas. Uno de los receptores de
sobornos fue Eduardo Cunha, expresidente de la Cámara de los Diputados e
impulsor del juicio político que llevó a la destitución de Rousseff.
El dinero sucio
fue rastreado gracias a la vida de lujos que su mujer, Claudia Cruz, ostentó en
las redes sociales. Cunha, evangélico declarado, registró una flota de ocho
autos de lujo a nombre de “Jesús.com” y su esposa gastó más de 850.000 dólares
en artículos como bolsos, zapatos y ropa de marcas exclusivas, en tiendas de
París, Roma y Miami.
Algunos de los
correligionario Cunha, como el expresidente José Sarney y el senador Romero
Jucá, también han caído en las garras de las grabaciones secretas,
concretamente con el expresidente de la estatal Transpetro Sergio Machado,
sospechoso de participar en la gigantesca red de corrupción de Petrobras.
Amaral ofrece dinero al exdirectivo de Petrobras a cambio de su ayuda para anular sus acusaciones.


No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario