Escrito por
La Redacción.
junio 02, 2017
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| Donald Trump |
La ruptura del Acuerdo de París, los ataques a Alemania y la política antimigratoria dan nuevos bríos al sector más extremista de la Casa Blanca.
WASHINGTON.- Primero
fueron sus ataques a Alemania por el superávit comercial, luego su política
antimigratoria y ahora la ruptura del Acuerdo de París. En apenas una semana,
el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha apretado el acelerador del
nacionalismo económico y dado nuevos bríos a su ala más radical.
En este retorno a
los orígenes, personajes como el estratega jefe, Stephen Bannon, han vuelto a
emerger y se ha debilitado el sector moderado de la Casa Blanca. El giro, de
momento, es apoyado por la mayoría de los republicanos.
Trump no se ha movido de donde siempre estuvo. Nunca creyó en el cambio climático
y siempre despreció el Acuerdo de París. Pero desde que llegó a la presidencia,
a su alrededor se extendieron las presiones para atemperar su deseo de ruptura.
En este pulso se han enfrentado los radicales, liderados por Bannon, y el
sector más moderado, con personajes tan influyentes como la hija mayor del
mandatario, Ivanka Trump; su marido, Jared Kushner, el consejero económico,
Gary Cohn, y el secretario de Estado, Rex Tillerson, antiguo responsable del
gigante petrolero Exxon.
Las discusiones han
sido permanentes. Tras los muros de la Casa Blanca, el estratega jefe y los
suyos hicieron de la caída del Acuerdo de París una batalla crucial.
Presentaron el caso como si fuera una vista judicial, derrocharon negacionismo
y, sobre todo, pulsaron la tecla electoral. Era un compromiso con sus votantes
y no derribarlo atentaba contra el núcleo del patriotismo económico. Esa
doctrina tallada por el tenebroso Bannon y que bebe a partes iguales del
aislacionismo y el odio al sistema. Justo los dos puntos que el pacto pone en
cuestión.
“Si pensáis que os
van a dar vuestro país de vuelta sin luchar, estáis tristemente equivocados.
¡Todos los días habrá que luchar!”, llegó a decir Bannon en una de sus pocas
apariciones públicas. Bajo esa bandera, el estratega jefe avanzó en los debates
y ganó terreno frente a Ivanka. Cuando muchos creyeron que este antiguo oficial
de la Marina y productor de Hollywood estaba de capa caída, que su reciente
salida del Consejo de Seguridad Nacional auguraba su fin, renació. Su victoria
volvió a situarle en el centro ideológico de la Casa Blanca. Y con él, su
ideario ultranacionalista.
Pero Trump, fiel a
sí mismo, eligió la línea dura. Aunque evitó la cuestión científica,
posiblemente aconsejado por Ivanka, aprovechó para lanzar su discurso más
nacionalista hasta la fecha. No hubo mención al deshielo de los polos, la
subida del nivel del mar o lo fenómenos extremos. Frente a todo ello, antepuso
un concepto: el de la patria humillada.
“Fui elegido para
representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París… El resto del mundo
aplaudió cuando firmamos el acuerdo. Se volvieron locos… por la simple razón de
que ponía a nuestro país, al que tanto quiero, en desventaja…
El acuerdo
atenaza a Estados Unidos para obtener el aprecio de capitales y activistas que
sólo buscan sacar beneficio de nuestro país… ¿En qué punto empezó Estados
Unidos a degradarse? ¿En qué punto empezaron a reírse de nosotros como
nación?”, clamó el presidente.
Pocas veces desde
que llegó a la Casa Blanca fue tan fieramente nacionalista. Como ha demostrado
en los últimos días, con sus ataques al superávit comercial alemán, su política
antimigratoria y ahora con el cambio climático, el presidente ha dado un giro.
No es parcial, sino total. De 360 grados. Ha vuelto al punto de partida. Al
Trump de siempre.
Buscando el voto fiel.- El principal argumento del estratega jefe, Stephen
Bannon, para convencer al presidente fue la baza electoral. El año próximo se
renuevan la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Pero hasta la
fecha las encuestas juegan contra Donald Trump.
Su valoración ronda el 40%, uno
de los porcentajes más bajos de la historia para un mandatario en sus primeros
meses. Por el contrario, la economía figura entre los principales
preocupaciones de los electores. De ahí, que el discurso de Trump, dirigido a
su votante más fiel, hiciese tanto énfasis en el coste comercial del Acuerdo de
París.


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