Escrito por
La Redacción.
junio 26, 2017
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Varias personas
encienden velas el día 18 en el
centro comercial de
Bogotá atacado la víspera.
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El atentado del Andino y los secuestros despiertan los fantasmas del pasado. Mientras, las autoridades persiguen una paz completa.
BOGOTÁ.-
Colombia
cierra este martes un ciclo de más de medio siglo marcado por la violencia de
las FARC. Los cerca de 7.000 combatientes de la primera guerrilla del país
culminan la entrega de armas y comienzan la fase final de su reincorporación a
la sociedad.
Pero este proceso no
basta para alcanzar una paz completa. Hace diez días una bomba mató a tres
mujeres en Bogotá, hay grupos insurgentes que siguen secuestrando y las mafias
de narcotraficantes declararon en mayo la guerra a la policía al verse
acorraladas por las fuerzas de seguridad. Las autoridades afrontan el desafío
de consolidar la normalidad.
El camino recorrido en
Colombia desde la firma de los acuerdos entre el Gobierno de Juan Manuel Santos
y las FARC, el año pasado, no tiene precedentes. La guerra con esa organización
ha terminado.
"No es lo mismo
tener a una guerrilla todavía armada que una guerrilla que ha dejado las armas.
Entonces, yo creo que lo que logramos es una permanencia de esta situación
posconflicto, y eso me parece notorio. El sentido de lo histórico es que se
logra la plena irreversibilidad [del conflicto]", explica a EL PAÍS Jorge
Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos
(CERAC).
Sin embargo, la
violencia persiste. Hace dos sábados la sociedad colombiana se enfrentó a sus
peores fantasmas. En medio de una tarde de compras, la explosión de un
artefacto colocado en un baño de mujeres del centro comercial Andino acabó con
la vida de tres jóvenes y dejó una decena de heridos, sembrando el pánico en la
capital.
Una semana
después, las fuerzas de seguridad realizaron diez registros y detuvieron el
sábado a ocho sospechosos del ataque, a los que ayer se sumó uno más.
“Las evidencias en
poder de los investigadores señalan que los cuatro hombres y las cuatro mujeres
pertenecerían al autodenominado Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP)”,
señaló la fiscalía. Se trata de un grupo insurgente menor que, según las
autoridades, tuvo vínculos con células del Ejército de Liberación Nacional
(ELN).
Esta guerrilla, la
más relevante todavía activa, se sentó en febrero con el Gobierno en una mesa
de diálogo en Quito (Ecuador) para tratar de negociar un cese al fuego. Sus
dirigentes condenaron, al igual que las FARC, el atentado del Andino, pero su
estructura horizontal y caótica complica esas conversaciones, que apenas han
avanzado. En torno a la medianoche del viernes, el ELN liberó a dos periodistas
holandeses que tenía secuestrados desde hacía una semana en la región del
Catatumbo, cerca de la frontera con Venezuela.
La liberación se
produjo después de un día de confusión, en medio confirmaciones y desmentidos.
La guerrilla alegó que en esa zona, abandonada por el Estado, “la posibilidad
de efectuar privaciones temporales de la libertad a personas desconocidas y
ajenas a las comunidades se corresponde con una actitud preventiva, de
ejercicio de protección y seguridad, natural para cualquier fuerza insurgente”.
La realidad es que
el ELN todavía no ha dejado la práctica del secuestro, lo que se ha convertido
en la razón de máxima fricción con el equipo negociador del Gobierno.
A estas
circunstancias se suma la violencia de grupos armados que viven del
narcotráfico. El más peligroso, el llamado Clan del Golfo, se caracterizó por
la ofensiva contra el Estado conocida como plan pistola. Es decir, un
ofrecimiento a los sicarios de 700 dólares por cada policía asesinado que,
salvando las distancias, devolvió al imaginario colectivo a los tiempos de la
guerra contra Pablo Escobar.
Menos atentados.- Con todo, es evidente que la Colombia contemporánea es muy diferente a
la Colombia del pasado. "El número de atentados terroristas es bastante
inferior y ha ido cayendo", señala Restrepo, quien destaca que "el
radicalismo violento es excepcional".
Tras el desarme de
las FARC, además, las fuerzas de seguridad "pueden ocuparse de ejecutar
acción militares sin la preocupación de romper el cese al fuego",
lo que en su opinión "es una muy mala noticia para el crimen organizado y
el ELN". "En Colombia se está confundiendo miedo con inseguridad
y una percepción de inseguridad", continúa este analista. Pero los riesgos
son, de facto, menores.
“El mensaje es que
el terrorismo no paga y que el terrorismo será castigado por la justicia,
castigado por las autoridades”, afirmó Santos tras conocer la detención de los
presuntos responsables del atentado en el centro comercial.
El presidente
advirtió desde el primer momento de que no permitirá que nada perjudique el
camino a la paz. “Hemos avanzado mucho para consolidar la tranquilidad de los
colombianos y tengan la seguridad de que no vamos a permitir que lo logrado
hasta ahora sea frenado por un puñado de extremistas, de cobardes o de quienes
no quieren la reconciliación del pueblo colombiano”, aseguró.
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| Papa Francisco |
El Papa y la reconciliación.- Ese es el objetivo central, en estos momentos, de las
autoridades, que afrontan el reto de asentar una convivencia pacífica en un
clima de elevada polarización de la sociedad, en la que muchos sectores siguen
rechazando los acuerdos con las FARC. Precisamente, los expresidentes Álvaro
Uribe y Andrés Pastrana impulsaron la semana pasada una “gran coalición” para
las elecciones de 2018, que aún no tiene cabeza de lista, “entre los distintos
sectores que obtuvieron la victoria del no en el plebiscito”.
En este contexto, el
papa Francisco viaja a Colombia en septiembre con una meta: la reconciliación.
Jorge Bergoglio presidirá un “gran encuentro de oración por la reconciliación
nacional” en Villavicencio, capital del departamento del Meta (centro del
país), uno de los más azotados en las últimas décadas por la guerrilla y por la
producción de coca.
En cualquier caso,
el viaje del Papa, que visitará también Bogotá, Medellín y Cartagena durante
cuatro días, es una oportunidad para dar nuevos pasos hacia la paz, sobre todo
en el diálogo con el ELN. La Iglesia católica colombiana pidió la semana pasada
a los equipos negociadores del Gobierno y de la guerrilla que hagan lo posible
para “concertar y convenir un acuerdo bilateral de cese al fuego y
hostilidades” con ocasión de la visita.



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