Escrito por
La Redacción.
mayo 21, 2017
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Michel Temer, durante
su intervención.
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La organización de abogados de Brasil presenta una solicitud de ´'impeachment' mientras se agudizan las deserciones entre los aliados del Gobierno.
BRASILIA.- Las
acusaciones se amontonan contra el presidente de Brasil, Michel Temer, vapuleado
por las pruebas y las declaraciones judiciales presentadas para incriminarle
por los propietarios de uno de los principales grupos empresariales del país.
Pero Temer no solo se resiste a dimitir sino que ha decidido pasar al ataque.
Asegura que las
pruebas contra él son “fraudulentas” y en un mensaje a la nación instó este
sábado al Tribunal Supremo a suspender las investigaciones por obstrucción a la
justicia, corrupción pasiva y organización criminal.
La Orden de
Abogados de Brasil (OAB), una poderosa organización que engloba a letrados de
todo el país, ha encontrado indicios de "responsabilidad criminal" ya
ha acordado presentar en el Congreso una solicitud de impeachment del
presidente.
La Constitución
permite tomar esa iniciativa a cualquier ciudadano, y el grupo de los abogados
ya lo había hecho el año pasado para sumarse a la iniciativa que acabó con la
presidencia de Dilma Rousseff. Por si fuera poco, el mayor grupo de
comunicación del país, el poderoso O Globo, hasta ahora uno de los grandes
apoyos de Temer, le está fustigando sin piedad y el viernes publicó un
editorial exigiendo su renuncia.Y en el Congreso se resquebraja los respaldos
políticos al presidente.
En sus
confesiones judiciales, los directivos de JBS describen un pago sistemático de
donaciones ilegales, negociadas directamente con Temer a lo largo de los 10
últimos años, que suman hasta 4,7 millones de reales (unos 1,5 millones de
euros). Las maniobras relatadas por los empresarios llegan hasta muy recientemente,
incluso en medio de la conmoción creada en el país por las investigaciones del caso
Lava Jato.
Aseguran que hace
unos meses un intermediario de Temer les exigió una comisión del 5% para lograr
una decisión favorable del organismo que vela por la libre competencia y que
podría reportar a JBS un negocio de 200 millones de reales (unos 60 millones de
euros) al año.
Apoyo
parlamentario.- Aunque de
momento Temer mantiene el grueso de su apoyo parlamentario, que incluye a su
propia fuerza política, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB),
y al Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), continúa el goteo de
deserciones entre sus aliados. Este sábado le retiró el respaldo el Partido
Socialista Brasileño (PSB), que tiene un ministro, 35 diputados y siete
senadores.
Cada vez es más
dudoso que disponga de fuerza suficiente para aprobar la reforma en la que más
se ha empeñado y la que más le reclaman los mercados: el recorte de las
pensiones.
Por primera vez
desde que estalló la nueva crisis, salió a escena el expresidente Luiz Inácio
Lula da Silva para exigir la renuncia de Temer y elecciones anticipadas.
Lula es el más
interesado en comicios inmediatos porque lidera todas las encuestas y podría
acudir a las urnas antes de que se resuelvan los cinco procesos judiciales
abiertos contra él también por corrupción.
El expresidente
tampoco sale indemne de las confesiones de los dueños de JBS, que aseguran que
entregaron 150 millones de reales –unos 45 millones de euros- en donativos
ilegales al Partido de los Trabajadores de Lula.
En medio de este
aluvión, Temer decidió este sábado dirigirse de nuevo a la nación no solo para
negar todos los cargos sino para presentarse como el “moralizador” de las
instituciones públicas brasileñas. Y advertir de que la apertura de la
investigación judicial compromete la recuperación económica de Brasil, tras dos
años de dura recesión, ya que ha situado al país en lo que él mismo admite como
“una grave crisis política”.
Invalidar
las pruebas.- La estrategia de
Temer es invalidar una de las principales pruebas en su contra, la grabación de
una conversación que mantuvo el pasado 7 de marzo en su residencia oficial con
el propietario de JBS, Joesley Batista.
Del contenido de
ese encuentro el fiscal general de la República, Rodrigo Janot, deduce que el
presidente dio su aquiescencia a los pagos que supuestamente Batista estaba
haciendo para comprar el silencio del expresidente de la Cámara de Diputados
Eduardo Cunha, viejo aliado político de Temer ahora condenado a 15 años de
cárcel por corrupción.
El diario Folha
de São Paulo ha publicado un estudio pericial que afirma que la grabación
está editada y tiene hasta medio centenar de cortes. Aunque Batista lo niega,
Temer se agarra a eso para sostener que la “grabación clandestina” fue
“manipulada y adulterada”. La fiscalía no tardó en replicar al presidente que
el registro de la conversación es "fiable e inteligible" además de
presentar una "secuencia armónica".
El presidente se
dirigió al Supremo para exigir que, mientras no se compruebe la veracidad de
esa prueba, quede suspendida la investigación. Temer evitó confrontar
directamente con el órgano judicial, pero deslizó críticas veladas a su actuación.
El mandatario
brasileño clamó contra la situación de libertad de los empresarios que le
acusan, refugiados en Estados Unidos. “Engañaron a los brasileños y se fueron a
Estados Unidos. Han cometido el crimen perfecto”, dijo Temer, tras aludir también
a un episodio conocido estos días: los dueños de la JBS han acumulado enormes
ganancias después de comprar dólares en vísperas de hacerse públicas sus
confesiones, que hundieron la Bolsa de São Paulo y la cotización del real.
La grabación que
esta semana convulsionó a todo Brasil contiene otros momentos demoledores para
Temer. En una parte de la conversación, el empresario le confiesa que está siendo
investigado pero que tiene un fiscal que le pasa información y también dos
jueces “amarrados”.
El presidente
asiente y en un momento dado incluso exclama: "Magnífico, magnífico".
Numerosos juristas han apuntado que eso por si solo sería suficiente para condenar
a Temer por el tipo penal de prevaricación definido en Brasil, que castiga al
funcionario público que no denuncie un presunto delito del que haya tenido
conocimiento.
El fiscal que
informaba al dueño de JBS, estrecho colaborador del fiscal general de la
República, fue detenido el pasado jueves. Pero Temer, un reputado jurista de
profesión, tampoco da importancia a este detalle. Dice que hizo caso omiso de
la confesión porque lo tomó como una “fanfarronada” de un empresario que conoce
hace diez años y al que ahora define como un “lenguaraz exagerado”.
En su defensa,
Temer llegó a atacar los “millonarios acuerdos” de JBS con los gobiernos de
Lula y Dilma Rousseff, pese a que él mismo fue vicepresidente de esta última. Y
hasta presumió de haber “moralizado” organismos públicos como la petrolera
Petrobras, origen del caso Lava Jato.


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