Escrito por
La Redacción.
mayo 21, 2017
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Manifestante frente a
la policía este sábado en Caracas.
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La marcha, denominada Somos millones, forma parte de las diarias protestas que buscan quebrar el monolítico grupo que apoya al presidente Nicolás Maduro.
CARACAS.- El
sostenido pulso entre el Gobierno y la oposición de Venezuela dura ya 50 días y
todo indica que la capitulación no es una posibilidad cercana.
Este sábado, como
de costumbre, la Mesa de la Unidad Democrática, que aglutina a todas las
formaciones contrarias al régimen de Nicolás Maduro, convocó a una
concentración en el tramo este de la principal autopista de Caracas y en las
principales ciudades del país, que denominaron Somos millones. No hubo
millones, pero sí miles de personas.
Durante el recorrido de la marcha que desembocó en el destino acordado en la
capital venezolana no se observaron policías uniformados con sus equipos
antimotines. La llegada estaba lejos del centro de Caracas.
Pero cuando el
líder opositor, Henrique Capriles Radonski, sobre la plataforma de un camión, convocó a
los manifestantes para que caminaran hacia la sede del Ministerio del Interior
y Justicia, en la zona de La Candelaria, que el Gobierno reivindica como suya,
los funcionarios se alistaron para impedir el paso.
Después de tantos
días de continuas protestas, después de 49 muertes, cientos de heridos y
ciudades destrozadas en todo el país, todavía sorprende que una multitud sin
miedo exija en las calles el fin del caótico Gobierno del heredero de Hugo
Chávez.
Entre los
venezolanos el dilema está más presente que nunca: protestar a costa de la
propia vida o pasar el resto de sus días oprimido por una dictadura. Esa diaria
refriega está siendo acompañada de una intensa presión diplomática para
doblegar al régimen y obligarlo a desistir de sus planes de convocar a una
Asamblea Nacional Constituyente sectorial, que busca retrasar las elecciones
hasta que la situación económica permita que puedan competir en condiciones de
ganarlas.
El secretario
general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, es uno de
los adversarios más enconados del régimen y ha convertido a Venezuela en el
principal tema de su agenda.
El sábado volvió a
la carga con una idea: “Ya es hora de una negociación definitiva para acordar
los términos del restablecimiento de la democracia”, afirmó en un comunicado.
Almagro ha
recordado que las muertes ocurridas en mes y medio “son el trágico resultado de
un régimen que se obstina en no reconocer que la única salida viable a la
crisis en que sumió al país es convocar a elecciones generales ya”.
Almagro considera
que hay que construir puentes entre las partes, pero en este momento el acercamiento luce como
una quimera. El Gobierno pretende dialogar con la oposición en el marco de su
proyecto de reforma de la Constitución.
La Mesa de la Unidad
no está dispuesta a considerar la oferta ni a pagar el costo político de
empezar una negociación política. Ahora, la dirigencia de la alianza opositora
siente que es el momento de acompañar el generalizado repudio a Maduro para
obtener una victoria política que luego les permita acordar, desde una posición
más vigorosa, cómo sería la transición.
La crisis
venezolana es una moneda al aire, pero la comunidad internacional, como lo
solicitó Almagro este sábado, intenta buscar una solución que permita que el
chavismo gobierne conforme al estado de derecho.
Los presidentes Juan
Manuel Santos (Colombia) y Donald Trump (EE UU) dedicaron unos minutos de la
rueda de prensa posterior a su reunión del jueves en Washington al Gobierno de
Caracas. Trump calificó a Venezuela “como un problema horrible” porque la gente
“no tiene con qué comer, hay escasez de alimentos y mucha violencia”.
El mismo jueves el
Departamento del Tesoro anunció sanciones contra los ocho magistrados del
Tribunal Supremo de Justicia que, con sendas sentencias, se arrogaron a finales
de marzo las labores del Parlamento, dominado por la oposición, y restringieron
la inmunidad parlamentaria, aunque luego modificaron parcialmente sus
decisiones.
Los representantes
diplomáticos de los países latinoamericanos siguen saliendo a cuentagotas de
Venezuela. Las legaciones de Colombia y Chile están sin embajador desde el
comienzo de la crisis y no tienen fecha de regreso.
El viernes
Honduras se sumó al grupo cuando anunció el retiro “por tiempo indefinido” de
su encargado de negocios en Caracas. En el comunicado entregado por Tegucigalpa
se explica que la decisión “es una práctica rutinaria de las cancillerías y sus
Gobiernos” y pretende “mantenerse informado de la manera más directa e
inmediata posible sobre el fondo de la situación de Venezuela”.
Pero ha sido
imposible que el viaje sin retorno cierto del máximo representante del país
centroamericano, Fernando Suárez Lovo, no sea evaluado como una consecuencia
del deterioro de la democracia en Venezuela.
Almagro también ha
denunciado esta semana a los oficiales de la Guardia Nacional responsables de
la represión de las protestas y criticó la anulación de pasaportes a
periodistas críticos y dirigentes opositores antes de abordar vuelos al
exterior, una medida que luce como una nueva práctica del gobierno para
intentar evitar que siga creciendo la mala imagen de Maduro.
Justo por esa
razón no pudo concretarse la reunión entre el líder opositor, Henrique Capriles
Radonski, y el alto comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Zeid
Ra'ad Al Hussein, el viernes en Nueva York. El excandidato presidencial le
entregaría personalmente un informe que recoge las violaciones a los derechos
humanos en el país sudamericano en el último mes y medio.
Los abogados
entregaron el documento. Capriles aspira a que esas ideas sean compartidas con
los grupos de trabajo y los mecanismos de protección con mandatos específicos
sobre Venezuela, y que se siga gestionando una visita de la ONU al país. Si el
régimen se vuelve a negar, como desde hace una década, a permisar las visitas
de organismos internacionales, Capriles ha planteado una observación en la
frontera para certificar, con familiares y víctimas, las violaciones a los
derechos humanos constatadas por la prensa y las organizaciones locales. El
propósito es uno solo: que Venezuela comience a ser tema frecuente en el foro
mundial y no una declaración de ocasión.


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