Escrito por
La Redacción.
mayo 29, 2017
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El presidente francés, Emmanuel Macron
(izqda.),
recibe a su par ruso, Vladimir Putin, en el
Palacio
de Versalles, este lunes, 29 de mayo de
2017.
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Siria, Ucrania, y los hackers rusos, en el diálogo «franco» de los dos estadistas en París.
VERSALLES, PARIS.- Emmanuel
Macron recibió a Vladimir Putin con una llamativa «puesta en escena»
en el antiguo palacio real de Versalles, pero aireó las diferencias franco-rusas
en terrenos sensibles con una franqueza y energía que dejan al
descubierto diferencias de calado.
El presidente
francés decidió celebrar la visita de trabajo del dirigente ruso, con motivo de
una exposición de grandilocuente insignificancia, sobre el zar Pedro el Grande,
en la antigua residencia real de Versalles, reconvertida en espacio cultural,
esencialmente turístico.
Tras una comida en
un restaurante que responde a las normas de la alta cocina francesa, destinada
al gran público cosmopolita (turistas norteamericanos, rusos, asiáticos y
musulmanes, dispuestos
a pagar comidas con menú de 200 o 300 euros), Macron y Putin
discutieron «con franqueza» de temas candentes: Siria, Ucrania, Chechenia… más la
tradicional guinda ecuménica del combate común contra el terrorismo.
Ante la
situación en Chechenia y los campos de
concentración de homosexuales, Putin prometió «hacer
averiguaciones». Macron estuvo mucho menos elíptico: «Hemos hablando con
franqueza. Y seguiremos haciéndolo en el futuro». Ante Siria, Putin se salió
por la tangente de la «lucha común»
contra el terrorismo y Daesh. Macron no dudó en insistir en uno de los
problemas de fondo: «He insistido en la línea roja, capital, a propósito de
Bashar al Assad. Toda utilización de
armas químicas recibirá la respuesta de nuevas represalias y sanciones
internacionales». Con diplomática firmeza, Macron hizo a Putin
parcialmente responsable del uso de armas químicas, utilizadas por Bashar al
Assad contra su propio pueblo.
Ante la crisis
siempre incendiaria de Ucrania,
Putin aceptó el principio de una próxima reunión, según el «formato de
Normandía» (reuniones a cuatro, Rusia, Ucrania, Alemania y Francia), pero
estuvo elíptico y evasivo en las cuestiones centrales: los riesgos de escalada
y las sanciones y represalias europeas, que, a su modo de ver, «no contribuyen
a resolver la crisis».
La visita de trabajo de Putin a París solo aspiraba a
clarificar y establecer un primer contacto con el nuevo presidente de Francia.
Emmanuel Macron se dijo dispuesto a trabajar con Putin para mejorar las relaciones bilaterales
franco-rusas. Pero el nuevo presidente de Francia ha utilizado en
público un lenguaje directo que no engaña a nadie. Quedan muy lejos las
relaciones de amistad personal entre Putin y Jacques Chirac. Macron quizá no
utiliza el lenguaje brutal de Sarkozy,
a quien Putin llegó a responder en estos términos: «Si me sigues hablando así,
te aplasto». Pero el tono de voz «macroniano» sobre armas químicas en
Siria, derechos humanos en Chechenia y sospechas en Ucrania, subraya los
límites de la comprensión mutua.


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