Escrito por
La Redacción.
mayo 03, 2017
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El director del FBI,
James Comey,
testifica en el Senado
norteamericano.
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James Comey defiende su actuación al día siguiente de que la demócrata le acusara de ser uno de los responsables de su derrota.
WASHINGTON.-
Hubo un antes y después del 28 de octubre de 2016. Ese día, a falta de 11
jornadas para la conclusión de la campaña electoral más abrupta de la historia
moderna de Estados Unidos, el FBI dio un paso que nunca le será perdonado por
los demócratas: hizo público que reabría la investigación sobre los correos
privados de Hillary Clinton.
El anuncio hizo
saltar todas las alarmas y, aunque a los pocos días acabó en carpetazo, llevó a
Clinton a culpar al director del FBI, James Comey, de haber contribuido conscientemente a su derrota frente a Donald
Trump.
La acusación, que se ha vuelto un mantra de la oposición, fue contestada este
miércoles por primera vez por Comey. Ante el Comité Judicial del
Senado, el alto funcionario afirmó que la mera sospecha le hacía sentir
"naúseas" y que haber ocultado la reapertura de las pesquisas habría
sido “catastrófico y hubiera acabado con el FBI”.
“Tiempo antes
había declarado bajo juramento al Congreso que la investigación se había
cerrado; no podía ocultar que se había reabierto tras el descubrimiento de
nuevos correos”, alegó Comey.
En su
comparecencia, que aún continúa, el director del FBI, afirmó que volvería a
hacerlo. "En un primer momento pensé en no contarlo, pero tras un gran
debate con mis asesores lo hice, sabiendo que podía ser malo.
Tomamos una
decisión e incluso ahora haría los mismo", dijo Comey, quien, en más de una ocasión, capeó
las inquisitivas preguntas de los senadores alegando el secreto de las
investigaciones en curso, incluidas las que se refieren a la trama rusa.
Pese a haber sido
elegido por el presidente Barack Obama, el director del FBI no goza de la
confianza de los demócratas. Comey es de lo pocos altos cargos de
la anterior Administración que sigue en el puesto y su pervivencia ha sido
atribuida al golpe de gracia que propinó a Clinton.
Su explosivo
anuncio, mediante una confusa carta a las Cámaras, dio pólvora a los
republicanos y fue utilizado a fondo por Trump: “Esto lo cambia todo. Es la
mayor historia desde el Watergate”, proclamó en su furibunda campaña.
El cierre de la
investigación pocos días después por falta de indicios criminales, no pudo
evitar el impacto. Aunque es casi imposible determinar el daño causado, se sumó
a otros golpes bajos recibidos por la demócrata. Entre ellos, el lanzado por el
propio presidente ruso, Vladímir Putin.
Clinton había
soportado una furiosa campaña de desprestigio dirigida desde el Kremlin.
El ataque,
considerado por los servicios de inteligencia como la “mayor operación conocida
hasta la fecha para interferir” en la vida política de Estados Unidos, arreció
cuando la candidata encabezaba las encuestas.
La ofensiva
incluyó la diseminación de información falsa y también el saqueo de los correos
del Partido Demócrata, que luego fueron publicados en Wikileaks.
Pasados más de
seis meses desde la victoria de Trump, las incógnitas abiertas por estas
injerencias siguen dominando la agenda política. Aparte del FBI, dos
comités parlamentarios tienen investigaciones en marcha. Y las dudas no dejan
de aflorar.
“Yo iba camino de
ganar hasta que la combinación de la carta de [James] Comey y Wikileaks despertaron dudas entre
algunos de mis votantes y se asustaron", declaró Clinton en su primera
entrevista pública después de la derrota.
Este clima de
sospecha ha acabado por afectar a Trump, un admirador declarado de Putin. Gran
parte de los parlamentarios, de uno y otro signo, consideran la cibercampaña
rusa como un hecho inaceptable y exigen una investigación llegue hasta el
final.
En el centro de
todas las tensiones vuelve a aparecer Comey. A su cargo están las
pesquisas que deben determinar si el entorno de Trump colaboró con el Kremlin
para derrotar a Clinton.
“Indagamos si hubo
coordinación y si se cometió delito”, declaró en marzo pasado ante el Comité de
Inteligencia de la Cámara de Representantes. En caso de confirmarse esta
supuesta conexión, pondría en marcha un endiablado mecanismo que podría acabar
fulminando al propio presidente.
Hasta el momento
no se han hallado pruebas de tal vínculo. Pero la trama relacional tejida entre
el equipo de Trump y el Kremlin es de tal magnitud que no ha dejado de
alimentar las sospechas de que hubo algo más.
Un fuego que los
propios hombres del presidente han azuzado con sus constantes mentiras y
encubrimientos. Esta opacidad ha costado el puesto al consejero de Seguridad
Nacional, Michael Flynn, y la inhabilitación parcial del fiscal general.
Interrogado por el
curso de las investigaciones, Comey se mostró reservado y pronosticó que Rusia volverá a inmiscuirse
en próximas campañas electorales estadounidenses.
También lanzó un
duro ataque a Wikileaks, organización a la que calificó de "pornografía de
la información de inteligencia". "No hay nada que huela a periodismo
en su contenido", dijo. El fundador de Wikileaks contestó en redes
sociales a Comey y le acusó de engañar bajo juramento.


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