Escrito por
La Redacción.
noviembre 07, 2016
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Ambos candidatos se oponen al Acuerdo de Asociación
Transpacífico (TPP) al que pertenecen tres países de la región: México, Chile y
Perú. El candidato republicano, además, ha amenazado con abandonar el Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA)
Washington.- Ninguno de los dos candidatos a la Presidencia
de EEUU ha puesto las relaciones con Latinoamérica en el centro de su campaña,
pero según los expertos, una victoria de Donald Trump tensaría los lazos con la
región y una de Hillary Clinton supondría un continuismo de las
políticas actuales.
La promesa de Trump de construir un muro en la frontera con México
y pasar la factura al país vecino ha sido su propuesta más clara hacia
Latinoamérica y ha influido en la impresión de otros países del continente
sobre el candidato republicano, pese al escaso interés que el magnate ha
demostrado tener en la región.
Mientras, Clinton ha relegado a Latinoamérica a un
segundo plano en su plan de política exterior, pero no ha olvidado prometer
que, si llega al poder, “profundizará” los lazos con la región sin desviarse
del camino marcado por el actual presidente, Barack Obama, aunque quizá con una
mano más dura en temas de derechos humanos.
La búsqueda del voto latino en estados clave como Florida y Nevada
ha arrancado algunas pistas sobre los planes de los candidatos, pero quedan
dudas sobre todo en tres áreas: la apertura a Cuba, la política hacia Venezuela
y el comercio con la región.
“Trump no ha articulado una política exterior hacia Latinoamérica.
Pero podemos deducir de sus declaraciones que su enfoque se asimilaría al de
otras administraciones republicanas, excepto en su política comercial”, dijo a
Efe Harold Trinkunas, un experto en el continente en la Universidad de Stanford
(California).
Trump y Clinton se oponen al Acuerdo de Asociación
Transpacífico (TPP) al que pertenecen tres países de la región: México, Chile y
Perú. El candidato republicano, además, ha amenazado con abandonar el Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA).
“La posición de Trump complicará las relaciones regionales. Muchos
Gobiernos del continente se han adaptado a estos acuerdos y no quieren reabrir
las negociaciones”, explicó a Efe un experto de la Oficina de Washington para
Latinoamérica (WOLA), Geoff Thale.
Clinton, por su parte, se ha opuesto al TPP por la corriente
política de su partido en Estados Unidos, pero es posible que, si llega a la
Casa Blanca, “intente encontrar una forma de sacar adelante” ese y otros
acuerdos comerciales, opinó Michael Shifter, presidente del centro de estudios
Diálogo Interamericano.
En general, los expertos esperan que Clinton siga los
pasos de Obama en la región, aunque quizá con “un mayor énfasis en derechos
humanos y una línea algo más dura ante Venezuela”, dijo Trinkunas.
La propia ex secretaria de Estado prometió en septiembre “mantener
la presión sobre Venezuela” y buscar “una solución pacífica a la crisis
política y humanitaria” provocada, a su juicio, por “el régimen autoritario de
Hugo Chávez y Nicolás Maduro”.
“No dudaremos en sancionar a los individuos que violen los
derechos humanos o roben a sus conciudadanos, o en hablar a favor de los
prisioneros políticos”, escribióClinton en un artículo de opinión en el
diario El Nuevo Herald de Miami (Florida).
Trump, por su parte, no se ha pronunciado en absoluto sobre la
situación en Venezuela, pero es “fácil imaginar que su Gobierno adoptaría un
enfoque duro respecto a los países del ALBA (Alianza Bolivariana para los
Pueblos de Nuestra América), en contraste con la estrategia de bajo perfil” de
Obama, pronosticó Thale.
En una entrevista en julio con el canal Telesur, el presidente de
Ecuador, Rafael Correa, opinó que Trump sería “mejor para Latinoamérica”
que Clinton, porque “generaría una reacción” en la región que produciría
“un mayor apoyo a los Gobiernos progresistas”, como ocurrió durante el mandato
de George W. Bush (2001-2009).
“Una Presidencia de Trump podría ser un regalo para los países del
bloque del ALBA”, coincidió Shifter. “Sería el chivo expiatorio perfecto para
sus problemas domésticos”, agregó.
El otro gran interrogante es qué ocurrirá con el acercamiento a
Cuba si gana Trump, quien durante las primarias republicanas fue el único
aspirante presidencial favorable a esa política de deshielo.
A medida que buscaba votos en Florida, no obstante, el magnate ha
ido endureciendo su posición, y en un tuit de mediados de octubre prometió “dar
marcha atrás a las órdenes ejecutivas de Obama hacia Cuba hasta que se
restauren las libertades” en la isla.
Pero, según Thale, cumplir esa promesa puede ser “muy difícil” y
tener un “alto coste político”, dados los múltiples canales de cooperación que
ya están activos y el creciente interés en Cuba de las empresas
estadounidenses, así que lo más probable es que Trump “ralentice” el
acercamiento sin llegar a romper las relaciones.
En cuanto a Clinton, ha prometido continuar con la política
de Obama y trabajar con el Congreso para que levante el embargo, pero es
posible que no le dedique la misma atención de su predecesor y busque “su
propio legado en la región”, de acuerdo con Shifter.
Ese legado podría estar en la esquiva paz en Colombia, un tema que
Obama confiaba en que se cerrara durante su Presidencia y que ahora queda en la
agenda de su sucesor, quien también tendrá que continuar los esfuerzos para
estabilizar el triángulo norte de Centroamérica y reducir así la migración
irregular hacia EEUU.
Reparar las relaciones con México, el país más irritado por la
propuesta del muro y los insultos a los inmigrantes de Trump, será una tarea
inmediata si la próxima presidenta es Clinton, aunque su mera elección
causaría una celebración “con muchos mariachis” en un aliviado país vecino, aseguró
Shifter.


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