Escrito por
La Redacción.
julio 31, 2016
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Donald Trump e Hillary Clinton.
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Tras caer el telón en Cleveland y Filadelfia, Trump y Clinton afrontan una
intensa carrera que, marcada por la descalificación del adversario, muchos
observadores vislumbran como "la más desagradable" en mucho tiempo en
el país norteamericano.
Washington.- Tras alcanzar la candidatura a la
Casa Blanca en las convenciones de sus partidos, el republicano Donald Trump y
la demócrata Hillary Clinton encaran con ideas antagónicas una dura campaña de
cara a las elecciones del 8 de noviembre.
Las dos últimas semanas de discursos, luchas internas,
música y montañas de globos y confeti que se han vivido en los cónclaves
republicano (Cleveland, del 18 al 21 de julio) y demócrata (Filadelfia, del 25
al 28 de julio) dan ahora paso a una ardua contienda de cien días para
conquistar la Presidencia de EE.UU.
Como si fueran la noche y el día, el magnate
inmobiliario -un novato en el mundo de la política- y la ex secretaria de
Estado -una experimentada candidata en ese terreno- ofrecen dos visiones del
país diametralmente opuestas.
La semana pasada en Cleveland, Trump se ganó el
apelativo de “candidato del apocalipsis” al trazar un dibujo sombrío de unos
Estados Unidos en decadencia a causa de las políticas del presidente demócrata
Barack Obama, cuyo legado defiende Clinton.
“Nuestra convención ocurre en un momento de crisis en
nuestra nación. Los ataques a nuestra policía y el terrorismo en nuestras
ciudades amenaza nuestra forma de vida. Cualquier político que no perciba este
peligro no está listo para liderar nuestro país”, subrayó el multimillonario
neoyorquino, al abogar por el “cambio”.
“Yo solo puedo arreglarlo”, aseveró Trump, quien se
postuló como “el candidato de la ley y el orden” y hoy prometió, en su activa cuenta
de la red social Twitter, reavivar “el sueño americano”.
Frente al pesimismo del magnate, Clinton, que ha hecho
historia como la primera mujer que logra la nominación de uno de los dos
grandes partidos para aspirar a la Casa Blanca, pintó esta semana en Filadelfia
un cuadro luminoso de un país vibrante y diverso.
“No permitáis a nadie decir que nuestro país es débil.
No lo somos”, aseveró este jueves la ex primera dama, quien reprochó a su rival
no comprender que “EE.UU. es grande porque EE.UU. es bueno” y abrazó el lema
“Más fuertes juntos” .
“Basta de intolerancia y grandilocuencia. Donald Trump
no está ofreciendo un cambio real, está ofreciendo promesas vacías”, zanjó
Clinton, quien hoy tiene mítines previstos en Ohio y Pensilvania, estados
“bisagra” que pueden decidir las elecciones.
Tras caer el telón en Cleveland y Filadelfia, Trump y
Clinton afrontan una intensa carrera que, marcada por la descalificación del
adversario, muchos observadores vislumbran como “la más desagradable” en mucho
tiempo en el país norteamericano.
“Estas elecciones pueden ser las más negativas en
tiempos modernos porque los candidatos son detestados por muchos
estadounidenses”, declaró a Efe el analista Geoffrey Skelley, del Centro de
Políticas de la Universidad de Virginia.
“Clinton y Trump tienen los peores índices de
popularidad conseguidos jamás por un nominado presidencial. Con sus muchos
defectos, no será difícil hacer anuncios de ataque para televisión”, agregó
Skelley.
Alrededor del 60 por ciento de los estadounidenses ve
con malos ojos al magnate y la ex secretaria de Estado, según las encuestas.
Sobre el papel, el mapa electoral y demográfico parece
favorecer a Clinton, dado el desprestigio de Trump en electorados clave como
las mujeres, los afroamericanos y los hispanos (la principal minoría de
EE.UU.), más proclives a apoyar a la ex primera dama.
Sin embargo, el aparente hambre de cambio de la
ciudadanía (una encuesta del centro de estudios Pew reveló el pasado mes que el
71 por ciento de los estadounidense está insatisfecho con la marcha del país)
podría favorecer a Trump, que representa la novedad.
La suerte del multimillonario pasará por ganar en
estados “bisagra” del llamado “Cinturón del Óxido”, como Ohio y Michigan, zonas
antaño pujantes, ricas y muy pobladas que en las últimas décadas han sufrido el
golpe de la desindustrialización.
En esos estados abunda el votante blanco de clase
trabajadora que no termina de sentir en el bolsillo la mejora de la economía
nacional y que, según los sondeos de intención de voto, tiene sus esperanzas
puestas en Trump.
El magnate ha adelantado a Clinton en varias encuestas
efectuadas tras la convención republicana en Cleveland, pese a la división en
torno a su liderazgo escenificada en el cónclave con la negativa del senador
Ted Cruz, su gran contrincante en las elecciones primarias del partido para
elegir al nominado presidencial, a darle su apoyo.
Los demócratas también esperan que la ex primera dama
reciba un impulso en los sondeos tras la convención de Filadelfia, que dejó
patente una discordia interna entre los partidarios de Clinton y los seguidores
del senador Bernie Sanders, su rival de primarias.
Con todo, algunos dirigentes demócratas no ocultan una
cierta inquietud porque la ex secretaria de Estado no termina de abrir un
margen amplio de ventaja en las encuestas respecto a Trump, a quien no parece
que le pasen factura sus frecuentes polémicas.
“Estoy nervioso. El país está de mal humor. Este año
es tan impredecible”, confesó esta semana al diario “The Hill” un miembro del
Comité Nacional Demócrata (ejecutiva del partido) que pidió el anonimato para
poder hablar abiertamente de las opciones de Clinton.
En un año electoral tan volátil con sonadas sorpresas,
como el ascenso de Trump a la candidatura presidencial republicana, resulta
complicado hacer predicciones, pero una certeza parece indiscutible: la campaña
hasta noviembre será a cara de perro.


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