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domingo, 18 de octubre de 2026

El futuro del sistema solar estaría marcado por una inestabilidad gravitatoria

Escrito por Redacción NG.
domingo, octubre 18, 2026

Un estudio científico plantea que las órbitas de los planetas exteriores podrían desestabilizarse unos 1.000 millones de años después de que el Sol se convierta en una enana blanca.

Espacio exterior.- El destino del sistema solar podría ser más complejo de lo que sugerían algunos modelos astronómicos anteriores. Una investigación publicada en The Astrophysical Journal Letters analiza cómo la transformación final del Sol podría alterar la estabilidad de los planetas que sobrevivan a las últimas etapas de vida de nuestra estrella.

El trabajo, realizado por Konstantin Batygin, Jim Fuller y Fred C. Adams, examina las consecuencias gravitatorias de la pérdida de masa solar. Los investigadores plantean que, después de convertirse en una enana blanca, el Sol dejaría a los planetas exteriores en una configuración orbital que podría deteriorarse con el paso del tiempo.

De acuerdo con los resultados divulgados por la revista científica Nature el 6 de octubre de 2026, las simulaciones sitúan una posible desestabilización del sistema planetario exterior alrededor de 1.000 millones de años después de la formación de la enana blanca. La proyección reduce considerablemente algunos cálculos anteriores sobre la permanencia de un sistema planetario organizado en esa etapa.

La transformación que cambiará al Sol

El proceso que conduciría a ese escenario ocurrirá en un futuro extremadamente lejano. Dentro de aproximadamente 5.000 millones de años, el Sol comenzará a agotar el hidrógeno de su núcleo y experimentará cambios profundos, con una expansión que lo convertirá en una gigante roja.

Durante esa fase, su tamaño aumentará enormemente y los planetas más cercanos quedarán expuestos a condiciones capaces de destruirlos. Mercurio y Venus serán engullidos, mientras que el destino de la Tierra dependerá de los detalles de la evolución solar y de los efectos asociados a esa expansión.

Posteriormente, el Sol expulsará sus capas exteriores y dejará un núcleo compacto y extremadamente denso: una enana blanca. Al perder masa, su atracción gravitatoria sobre los cuerpos que permanezcan a su alrededor cambiará, y las órbitas planetarias se ampliarán.

Un proceso gradual, no una desaparición repentina

La posible desorganización orbital no significa que todos los planetas vayan a desaparecer al mismo tiempo ni que el sistema solar vaya a extinguirse de manera instantánea. Se trata de una evolución dinámica a escalas de tiempo inmensas, en la que las interacciones gravitatorias pueden modificar progresivamente las trayectorias de los cuerpos celestes.

La NASA también explica que las estrellas similares al Sol terminan su evolución como enanas blancas y que algunos planetas pueden sobrevivir a la transformación de su estrella. Las observaciones de sistemas planetarios alrededor de estos remanentes estelares ayudan a los astrónomos a estudiar qué podría ocurrir en nuestro propio vecindario cósmico.

Los resultados de esta investigación describen un escenario futuro basado en modelos y simulaciones, no un acontecimiento próximo. La Tierra afrontará cambios mucho antes de esa hipotética inestabilidad final, especialmente cuando la evolución del Sol altere las condiciones necesarias para mantener la vida tal como se conoce actualmente.

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