Factores como el desgaste del liderazgo, la falta de renovación y la desconexión con la ciudadanía han abierto paso a una nueva etapa dominadapor dos fuerzas políticas.
Santo Domingo.- La política dominicana atraviesa una transformación estructural en la que los partidos tradicionales, que durante décadas definieron el rumbo del país, ceden espacio ante el ascenso del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y la Fuerza del Pueblo (FP). El cambio no responde únicamente a un fenómeno coyuntural, sino al resultado de un proceso de desgaste acumulado que ha mermado la credibilidad y la capacidad de convocatoria de las viejas estructuras políticas.
Históricamente, organizaciones como el Partido Reformista, convertido luego en Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) fueron referentes indiscutibles, ocupando por largos períodos la presidencia de la República y controlando espacios de poder decisivos. Sin embargo, las pugnas internas, los escándalos de corrupción, la falta de mecanismos efectivos de relevo generacional y el distanciamiento con las demandas sociales debilitaron su influencia ante un electorado cada vez más crítico.
En contraste, el PRM y la Fuerza del Pueblo han sabido posicionarse como opciones de renovación frente a ese desgaste. El primero, convertido en partido oficialista, se consolidó como la principal fuerza electoral gracias a un discurso de cambio y a la promesa de superar viejas prácticas clientelistas. Por su parte, la FP, surgida de una escisión dentro del PLD, capitalizó el desencanto de amplios sectores y se proyecta como el contrapeso principal frente al gobierno.
Este desplazamiento refleja un reordenamiento de la correlación política en el país: mientras los partidos tradicionales intentan recomponer sus estructuras para no desaparecer del escenario, la disputa real de poder se concentra cada vez más en la dinámica PRM–FP.
El fenómeno abre un debate sobre el futuro de la política dominicana: ¿estamos frente a un simple relevo de actores o ante una transformación de fondo en la cultura política? Lo cierto es que el ocaso de los partidos históricos es ya un hecho, y su recuperación dependerá de su capacidad para reinventarse en un escenario donde los ciudadanos exigen mayor transparencia, cercanía y efectividad en la gestión pública.
No olvidar protagonismo del PRD y permanencia del PRSC con liderqazdo de Joaquin Balaguer
Justo es recordar que el PRD, con el profesor Juan Bosch a la cabeza, ganó las primeras elecciones postrujillo (diciembre de 1962) aunque en septiembre de 1963 fue derrocado mediante un golpe de Estado.


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