San Salvador, El Salvador.- Nayib Bukele ha vivido unas horas apoteósicas. El presidente de El Salvador se dio, el domingo, 4 de febrero de 2024, un baño de multitudes desde el balcón del palacio presidencial tras la victoria aplastante obtenida en las elecciones y se ha pasado las siguientes horas compartiendo en las redes sociales los mensajes de felicitación que le llegan de todos los rincones del mundo.
Bukele, de 42
años, se ha convertido en un fenómeno global por haber desactivado a las
pandillas y transmitirlo en vivo por Twitter, Instagram, Facebook y Tik Tok.
Eso le ha
valido el sobrenombre del presidente milenial, una imagen que le gusta
cultivar. Nadie imaginaba hace cinco años, cuando ganó las elecciones por
primera vez, que se convertiría en un presidente todopoderoso que gobernaría
bajo un régimen de excepción, una medida radical de la que se ha valido para
sacar el ejército a las calles, llenar las cárceles de jóvenes con tatuajes y
pacificar los barrios que durante décadas habían estado en manos de las maras.
Ahora ha vuelto
a revalidar su mandato hasta 2029 aplastando a la oposición, que ha quedado
reducida a cenizas. El poder tiene seis letras: Bukele.
La
verdad es que Nayib Bukele vivió una noche electoral plácida, sin ninguna
emoción. Las encuestas le daban una mayoría abrumadora y así ocurrió.
Levantó
algunas suspicacias al anunciar los resultados antes de que lo hiciera el
Tribunal Supremo Electoral, pero cuando comenzó el conteo de papeletas se
corroboró que El Salvador se ha echado en sus manos. Con el 70% escrutado este
lunes, había recibido 1,6 millones de votos, ocho veces más que los dos
partidos siguientes, FMLN (la izquierda clásica) y Arena (la derecha de toda la
vida).
Con
la misma contundencia, el partido de Nayib Bukele: Nuevas Ideas, venció en la
Asamblea Legislativa, donde se pronostica que contará con 58 de los 60
diputados. Bukele dijo que era la primera vez que se instauraba la figura de
partido único “en una democracia”.
Un
plebiscito.- Si estas
elecciones eran un plebiscito sobre sus políticas, lo ha ganado de sobra. Ya ha
anunciado que continuará con el régimen de excepción dados los buenos
resultados que ha arrojado, a pesar de las críticas de las organizaciones de
derechos humanos, que consideran que se han producido muchas detenciones
arbitrarias, y algunas instituciones internacionales que han mostrado
preocupación por lo que consideran una deriva autocrática.
Llegados
a este punto, muchos se preguntan cuáles serán sus próximos pasos. En la
legislatura anterior se enfrentó a una Asamblea que estaba en manos de la
oposición y llegó a entrar en ella con las Fuerzas Armadas y una multitud que
le esperaba enfervorecida en la puerta.
Las
imágenes eran impactantes. Ocupó el puesto del presidente de la Asamblea y
dijo: “Ahora creo que está muy claro quién tiene el control de la situación”.
Después cerró los ojos y se cubrió el rostro con las manos. Y oró.
Después
de unas legislativas tomó el control de la cámara, a mediados de su periodo
presidencial. Sacó a los miembros de la Sala Constitucional y colocó juristas
afines, y destituyó al fiscal general anterior.
El
camino estaba despejado. Instauró el régimen de excepción, que ha sido renovado
en 24 ocasiones. Bukele, sin embargo, no ha logrado reducir la pobreza y los
indicadores económicos no son muy halagüeños. Él lo achaca a que el país está
saliendo de un shock y que la reducción de la violencia viene acompañada de un
bajón de las extorsiones y otros negocios ilegales que impactaban al alza en el
PIB del país.
Los
analistas vislumbran que reflotar el tejido laboral será uno de sus principales
cometidos. La seguridad que impera ahora puede mejorar el turismo, atraer
inversiones internacionales y a inmigrantes que históricamente han vivido en
los Estados Unidos.
Felicitaciones
desde todo el mundo.- Un buen número
de mandatarios internacionales han felicitado al ganador. Algunos lo han hecho
con segundas intenciones.
El
secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, le felicitó también,
pero al mismo tiempo, en algo que no parece casual, añadió que espera que se
siga dando prioridad “a la buena gobernanza, la prosperidad económica
inclusiva, las garantías de un juicio justo y los derechos humanos”.
Bukele
mantiene una relación ambigua con Washington. Ha respondido airado a los
comentarios que le llegan desde allí por su supuesta deriva autoritaria y se ha
acercado a China, que ha financiado la construcción de una Biblioteca Nacional
espectacular, con aire modernista, iluminada de noche en el horizonte de San
Salvador.
El
presidente Nayib Bukele defiende que las políticas de Estados Unidos y Europa
que se han querido implantar para reducir años atrás la violencia han resultado
un fracaso y solo han hecho crecer el crimen organizado.
Aquí,
suele repetir, no mandan las ONG, ni los medios de comunicación, ni
instituciones extranjeras. Se congratula por haber tomado el timón aplicando
“una receta salvadoreña”.
No
ha sido otra que desarticular las bandas por completo, o al menos reducirlas al
mínimo con una ola de detenciones masivas.
Muchos
han sido recluidos en el Cecot, una cárcel levantada de cero para albergar a
supuestos terroristas, en la que aparecen sometidos, y en aparentes buenas
condiciones de higiene, mareros de las dos bandas principales, la Mara
Salvatrucha y Barrio 18. Mezclados unos con otros, lo que antes era una utopía.
Guarda un aire a los penales estadounidenses. Estos días han accedido a
ellas youtubers cercanos al bukelismo y han mostrado a reclusos en
silencio, rapados al cero, quietos en sus celdas como aves en una rama.
Esos
vídeos los retratan haciendo gimnasia y recibiendo terapia de lo que parece ser
un psicólogo o un pastor. Cuando los mueven llevas grilletes en las manos y los
pies.
Los
salvadoreños han respirado aliviados por verlos sometidos y no en las calles
imponiendo el terror. Reconocen, muchos de ellos, que se han incumplido las
garantías judiciales para unos cuantos, que hay detenidos inocentes, pero les
parece que el beneficio ha sido mayor que el costo.
Esa
visión de las cosas impera incluso entre familiares que tienen reos ahí dentro
y con los que a duras penas han logrado contactar.
El
efecto Bukele lo absorbido todo. Su poder, al día de hoy, es inmenso. Nace la
era del partido único y el líder único en El Salvador.
Fuentes:
CNN, periódico El País y agencias internacionales de prensa.


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