Por Vianelo Perdomo
Santo Domingo.- El doctor Joaquín
Balaguer, escritor, ensayista, poeta, político dominicano que ejerció el poder
o estuvo vinculado al poder toda su vida, reveló en su último discurso ante la
Asamblea Nacional, el 27 de febrero de 1996, los rasgos que conformaron su
pensamiento durante su gestión de gobierno de más de 20 años.
Pero, en ese discurso también se refirió a grandes rasgos al pensamiento ultranacionalista de Haití y República Dominicana, dos países que hoy, 17 años después, “tumban pulso” por una situación que se registra en la frontera entre ambas naciones.
Para que los amigos lectores de
Notiactualidad Global.com tengan una idea del pensamiento del expresidente
Joaquín Balaguer sobre el particular, los permitimos compartir el referido
discurso, con la esperanza de que sirva para generar reflexión, sobre el
pasado, presente y futuro de las repúblicas que comparten la Isla de Santo
Domingo:
Señor presidente y señores miembros de la
Asamblea Nacional, Excelencia Reverendísima señor nuncio de su santidad,
señores miembros del cuerpo diplomático, señores miembros del cuerpo consular,
altos funcionarios de la nación, compatriotas todos.
En cumplimiento de lo que dispone el
artículo 55, ordinal 22 de la constitución de la República, comparezco ante
esta asamblea, para depositar en sus manos, las memorias en que los diferentes
departamentos de la administración pública, rinde cuenta a estas cámaras, por
la labor realizada por cada uno de ellos durante el año recién transcurrido,
estos documentos oficiales, han sido redactados con minuciosidad, garantizo al
congreso nacional que en ellos no se omite ningún dato, que sea realmente
significativo, por esa razón no voy a hacer comentarios adicionales, puesto que
serían innecesarios.
Quiero sí, que se me permita ocupar por
breves momentos la atención de estas cámaras, por ser está probablemente, la
última vez que comparezco ante ella. Ocupar su atención, para señalar los
rasgos fundamentales, que han conformado mi pensamiento en todas las
administraciones en que me ha tocado durante más de 20 años, encabezar el
gobierno de la nación.
El primero de esos rasgos, es el de mi
repulsa a los préstamos internacionales, he usado de ellos con mucha
moderación, por una razón acaso subjetiva, todavía siendo casi un niño, vi
caer, asesinado en las calles de Santiago, al civilista Santiago Guzmán
Espaillat, quien se pronunció,
abiertamente contra un nuevo préstamo internacional, mediante la prolongación
de la convención de 1907, por eso los únicos préstamos internacionales que he
hecho, son los destinados a algunas instituciones autónomas, como la
corporación dominicana de electricidad y lo he hecho con la incidencia que la
energía eléctrica tiene, sobre los planes de nuestro desarrollo y sobre toda la
vida dominicana.
Otro rasgo que deseo que se me permita
destacar en las administraciones que he presidido, es el del esfuerzo que he
realizado, para que las grandes obras con que cuenta el país se ejecuten con
fondos propios, no con fondos procedentes de bancos del exterior, sino con
fondos procedentes de las arcas del estado, no tengo que enumerar esas obras,
ahora mismo, en la propia capital de la república, se ejecuta la llamada Plaza
de la Salud, son obras monumentales que garanticen la salud, sobre todo los de
la clase pobre de nuestro país, esas obras se llevan también a cabo con
recursos propios, sin apelación a ayudas extranjeras.
Simpatizó y es otro de los rasgos
característicos en las administraciones que me ha tocado encabezar, sigo
simpatizando con la privatización de los grandes servicios públicos de nuestro
país y con la privatización de las empresas llamadas del estado, creo sin
embargo que esa privatización, no sería en este momento oportuna, porque miles
de familias dominicanas quedarían sin pan y porque entonces el desempleo
adquiriría en el país niveles preocupantes. Debo también en este mismo sentido
declarar de una manera enfática, que no apoyo, ni apoyaré jamás la
privatización del consejo estatal del azúcar, no la apoyo, porque esas son las
mejores tierras del país y porque esas tierras constituyen, la única garantía
que tenemos, de que se conviertan en actos de justicia social, los programas de
la reforma agraria.
Hay un problema, que está pendiente y que
urge resolver, me refiero al de la crisis que abate a la justicia dominicana,
ese problema no se ha resuelto, no por voluntad del gobierno, sino de los
partidos políticos, que tienen representación en el senado de la República,
creo que un hombre puede vivir y de hecho vive en muchas partes de nuestro
continente, sin agua, sin transporte, sin luz, pero ningún hombre ni ningún
pueblo puede vivir sin una justicia confiable, una justicia, que nos garantice
a todos el respeto a nuestros derechos más elementales, por eso urjo al
congreso nacional, en este caso al senado de la República, para que ese
problema sea resuelto con la mayor rapidez que sea posible,
Necesitamos, renovar la justicia, no porque
toda sea corrupta, existen, la mayoría de los jueces lo son, gentes honorables
en la judicatura, pero es preciso que, de ahora en adelante, los sean todos,
que todos los que integren la futura judicatura dominicana, sepan que la vara
que se les entrega a cada uno de ellos para medir a los demás, debe permanecer
en sus manos, limpia como el paño de un altar y recta como la asta de una
bandera.
Otro problema, que no puedo silenciar es
el que se relaciona con nuestra política hacia Haití, creo que las dos naciones,
arrinconadas en una sola isla, de apenas 78,000 km2, deben vivir unidos, como
dos hermanos siameses, pero separados políticamente, porque somos dos etnias
distintas.
Los haitianos no se resignarían jamás a
formar parte de una sola República, presidida por la República Dominicana,
todos ellos son nacionalistas, rabiosamente nacionalistas, nosotros también lo
somos. Toussaint Louverture, murió de frío y de tristeza en el Fuerte de de
Joux, porque no quiso vivir como un esclavo bajo la bota francesa, Duarte murió
también en el destierro, porque se opuso siempre a la fórmula haitiana, de la
una indivisible, pero ambos pueblos, estamos conscientes de que necesitamos
unirnos, para enfrentar no solo los problemas que nos depara el destino, sino
también la injerencia extranjera.
Soy pues partidario, de una estrecha unión
con Haití, en el comercio, en el desarrollo económico, en los planes
relacionados con la salud y con la educación y sobre todo con los planes que se
relacionan con la supervivencia de nuestros dos países desde el punto de vista
ecológico, somos tan celosos de la conservación de las tierras de Haití, de la
conservación de su foresta, como somos celosos de la conservación de la
nuestra.
En días recientes, le anoté a un
distinguido funcionario haitiano que me visitó en el palacio nacional, que yo
me había preocupado por la conservación de los recursos de Haití, de los
recursos naturales de la región haitiana, que como prueba de ello le podría
citar el caso, de la loma llamada de Nalga Maco, donde nace el Artibonito, un
río que nace en tierra dominicana, pero que corre sobre todo sobre territorio
haitiano, esa es una medida, que indica el pensamiento que nos une a los dos
países, para la supervivencia de nuestros suelos, para la conservación de nuestras
riquezas naturales, próximamente nos encontraremos el presidente Préval y quién
habla y buscaremos la manera de unir más a nuestros dos países y hacer que sus
relaciones sean en los sucesivo, eminentemente pacíficas y eminentemente
fraternales.
Estamos señores en este momento viviendo
horas críticas, Pascal decía, que en esas horas el hombre debe tener siempre
presente, que es amo de su silencio y esclavo de su palabra, voy por eso a
omitir muchas declaraciones, que serían en este momento oportuna, pero quiero
coincidente con el pensamiento de Pascal, reservar mis palabras finales para
rendir un tributo en esta fecha histórica, a los creadores de nuestra
nacionalidad, este tributo, dada la hora crítica en que vivimos, no debe
simplemente consistir en loas a su gloria, sino en un juramento de todos los
dominicanos, de que nos mantendremos leales a sus principios, a los principios
con los cuales cada uno de ellos luchó y luchó hasta morir, con el pensamiento
puesto en Dios, puesto en la patria y puesto en la Libertad.
Fuente: Archivo General de la Nación
y archivos periodísticos.


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