Santo Domingo.- El aspirante presidencial y dirigente del Partido Revolucionario Moderno (PRM), Guido Gómez Mazara envió una carta pública al presidente Luis Abinader en el que le expresa su preocupación respecto a recientes decisiones y movimientos que dañarían aspectos esenciales de la vida democrática del Partido Revolucionario Moderno (PRM), y que cercenarían los derechos de las bases que tanto sacrificios y esfuerzos costaron, y que no pueden borrarse por decisiones que imponen el dinero por encima de los más elementales y decentes criterios políticos.
“Luis, es muy sencillo, si el dinero
hubiese sido la regla para las aspiraciones y liderazgo, José Francisco Peña
Gómez no hubiese sido el líder referencial y reverenciado por las masas. Por
eso, el PRM no puede operar con la lógica de un club social”, indica el doctor
Guido Gómez Mazara en su comunicación de fecha 11 de junio de 2023, al
presidente Luis Abinader, a quien le aclara no estarse dirigiendo al mandatario
de la Nación, sino a su compañero de partido.
A continuación el texto íntegro de la carta:
11 de junio de 2023
Santo Domingo, R.D
Licenciado
Luis Abinader
Su Despacho
Distinguido compañero:
Salto las normas protocolares porque me
dirijo al político y no al ciudadano que ocupa la primera magistratura de la
nación. Apelo a las conversaciones de años sobre el viejo partido, rupturas,
resultados en instancias electorales y urgencia de construir una candidatura
exitosa. Tanto la sala de mi hogar como otros escenarios se mantienen de
testigos del auténtico deseo por hacer las cosas diferentes y jamás reproducir
las clásicas distorsiones de las organizaciones partidarias.
Llegó la victoria y pasar balance con el
marcado interés de mejorar no puede asociarse con episodios de incomprensión y
enfrentamientos fratricidas. Fundamentalmente, ante la tendencia de electores
que no exhiben adhesión enfermiza a la marca partido y tienden a castigar los
incumplimientos y desconexión con las razones que motivaron endosos
victoriosos. Por eso, surgió en PRM. Las bases no se sentían representadas por
una dirección disímil a la agenda popular y sectores sociales que vieron en
Peña Gómez y el PRD, un instrumento de inserción y reivindicación de la
histórica tradición liberal. Y de inmediato, abandonaron la vieja casa en la
intención de edificar un espacio partidario capaz de no reproducir las manías
autoritarias.
Preservar en la cercanía de los electores
y franjas que contribuyen al triunfo, en pleno ejercicio del gobierno, resulta
una tarea complicada. Fuerzas sociales reclamando, apetitos insaciables de
grupos determinados, dificultades financieras derivadas de conflictos
internacionales, perturbadoras consecuencias sanitarias como resultado del
COVID y excesos administrativos de colaboradores, dinamitan la dulzura entre
gobernantes y gobernados.
Siento que la idea de estructurar un
modelo partidario pautado por el interés de adherirse pura y simplemente a las
líneas del poder inició una etapa de incongruencias con episodios que nos
devuelven a la raíz de la ruptura y elemento fundacional del PRM. Muchos
podrían pensar que cambiamos de casa, no de mañas.
La jurisprudencia está fresca. Impedir que
las bases votaran libremente en la elección de sus autoridades, sustituir
de la dirección institucional a figuras icónicas y generar ingresos sin el
concurso de procedimientos democráticos, habilitar la cultura del reparto en
los mecanismos de dirección, cercenar las naturales competencias en
aspiraciones congresuales y municipales, impulsar el método de las encuestas
como fórmula sustituta de la participación democrática, con la gravedad de
establecer cuotas económicas, sin ningún ejercicio de competencia y el malsano
rumor de que, en ámbito de la elección presidencial interna, (apelando a una
vieja resolución de la JCE) no se podrá votar. Los partidos en el poder tienden
a creer que los acomodos y seducción de los decretos conducen por los senderos
de la armonía. Y no es cierto. De ahí surgen niveles de insatisfacción que se
cocinan con una efectividad pasmosa, constituyéndose en materia prima de un
pase de factura a los que identifican como responsables de conculcar los anhelos
de participación democrática.
Históricamente, las voces discrepantes se
perciben incómodas desde el poder. Aunque lo más recomendable radica en leer
con racionalidad y espíritu de enmienda, el disenso constructivo. Los
gobernantes deben renunciar a la fatal vocación de estructurar a su alrededor
ecos orientados por las ventajas derivadas del presupuesto nacional. Y cuando
Luis Spota escribió su novela, El Primer Día, habilitaba como materia de
reflexión literaria, con vocación para ser calcada en nuestra realidad, sobre
el carácter vulnerable e inofensivo propio del canibalismo político y la
dramática situación de un presidente a su salida del gobierno. En las latitudes
caribeñas como en todo el continente, la ficción es muy propensa a convertirse
en realidad y viceversa.
Finalmente, lanzo mi voz de alarma en dos
aspectos esenciales: el primero, la subrepticia intención de desconocer el
potencial de una diáspora que votó mayoritariamente por el partido en las
elecciones del año 2020, técnicamente apta para que 1.2 de dominicanos ejerzan
el sufragio en la contienda del 2024, y la fatal insistencia en reducir su
participación a los diputados de ultramar, cercenándole el derecho de decidir
sobre la precandidatura presidencial de su preferencia. ¡Una locura! Y lo
segundo, los costos financieros para acceder a la inscripción de candidaturas a
cargos municipales y congresuales de aspirantes sin las condiciones económicas
que, al instaurarse como regla el factor dinero, saca de competencia y/o crea
las bases de desplazar la vocación de servicio, trabajo social y comunitario
como elemento enaltecedor y esencia del voto en sus respectivas demarcaciones.
Luis, es muy sencillo, si el dinero
hubiese sido la regla para las aspiraciones y liderazgo, José Francisco Peña Gómez
no hubiese sido el líder referencial y reverenciado por las masas. Por eso, el
PRM no puede operar con la lógica de un club social.
Afectos,


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