
Boston, Massachusetts, Estados Unidos.- Con un discurso de casi dos horas en
el Boston Park Plaza Robert F. Kennedy Jr. presentó este miércoles 19 su
candidatura a las primarias demócratas contra el Presidente Joe Biden.
Simultáneamente arrecia en todo el país la campaña, para que este hijo del asesinado Robert F. Kennedy (1925-68) se integre a una fórmula transversal liderada por Donald Trump.
Más allá de las pocas chances del dirigente de alcanzar la
nominación demócrata, la amplia difusión que ha tenido la propuesta
bipartidista revela el cansancio de gran parte de la sociedad por las batallas
culturales con las que la elite del “Estado profundo” ha mantenido dividido al
país desde hace tres décadas.
Grandes corrimientos de opinión se están produciendo debajo
de la superficie de la política de Washington y nadie sabe de qué modo pueden
cristalizar políticamente en 2024.
Kennedy es uno de los 11 hijos del exfiscal general y senador
estadounidense Robert F. Kennedy. A sus 69 años ha hecho carrera como reputado
abogado medioambientalista enfrentándose a Monsanto y trabajando por la
limpieza del río Hudson.
En los últimos años se ha destacado por ser uno de los más
relevantes adversarios de las vacunas anti-COVID genéticamente manipuladas.
Escribió un libro en el que acusa al Dr. Anthony Fauci de “golpe de estado
contra la democracia occidental” y produjo una película crítica de las vacunas
dirigida a los negros estadounidenses.
Al anunciar su precandidatura, afirmó que su “máxima
prioridad es acabar con la corrupta fusión entre el poder estatal y el
corporativo que ha arruinado nuestra economía, destrozado la clase media,
contaminado nuestros paisajes y aguas, envenenado a nuestros hijos y robado
nuestros valores y libertad”.
Kennedy ha vivido durante las últimas décadas en Nueva York y
Boston no es un gran centro de crítica a las vacunas, pero los asesores del
novel candidato invocan la historia de la ciudad como lugar de nacimiento de
RFK, JFK y la Revolución Norteamericana de 1775.
La propuesta de que Trump y Kennedy formen una fórmula
transversal en 2024 fue publicitada originariamente por Roger Stone. El
exasesor de Trump ha pasado la última semana promoviendo la idea de que el exmandatario
debería elegir a Robert Kennedy Jr, como su compañero de fórmula.
El veterano de trece campañas presidenciales (entre ellas las
de Richard Nixon, Ronald Reagan, George W. Bush y el mismo Trump) asegura que
en sus décadas de carrera nunca había visto una repercusión como la que ha
obtenido desde que la semana pasada lanzó el “el binomio soñado para 2024”.
En su blog publicado en Substack la semana pasada, Stone
explicó por qué cree que Kennedy encajaría bien como vicepresidente de Trump.
Señaló que algunas de las declaraciones de Kennedy sobre
política exterior se leen como las de un político de America First (la
corriente patriótica liderada por el exmandatario) y afirmó que el
establishment demócrata va a impedir de todas las maneras que Kennedy compita
por la nominación del partido, tal como hizo con el senador Bernie Sanders en
2020, “pero por razones diferentes”, escribió Stone.
El experimentado fabricante de candidatos admite que hay
muchas políticas en las que Kennedy y Trump no están de acuerdo, como el
control de armas, el cambio climático y el aborto, pero potencialmente lo más
importante de todo es la postura de ambos sobre las vacunas.
Aunque en un principio se mostró escéptico respecto a los
antivirus producidos mediante manipulación genética, Trump sostiene que el
lanzamiento por parte de su administración de la vacuna contra el COVID-19
salvó millones de vidas durante la pandemia.
Kennedy, por su parte, es el crítico de estos preparados más
prominente de Estados Unidos y durante la pandemia ha aumentado
significativamente su perfil político.
Puede que Stone sea la voz más influyente que impulsa la
llamada “candidatura de unidad nacional bipartidista”, pero no fue el primero
en idearla. La propuesta ha estado flotando en plataformas patriotas desde que
el mes pasado Kennedy anunció su intención de buscar la nominación demócrata.
Por ejemplo, los participantes en el sitio web pro-Trump conocido como The
Donald (fundamental en la planificación del ataque al Capitolio del 6 de enero
de 2021) están entusiasmados con la posibilidad de que Kennedy se una a la
candidatura de 2024.
Aunque los afiliados al sitio reconocen que Kennedy defiende
posturas antiarmas y proaborto, igual parecen dispuestos a apoyarlo. “Me lo
quedaría por el hecho de que luchó contra el establishment y aseguraría una
victoria masiva, ya que el mensaje de los demócratas es una basura y mucha
gente está harta de los candidatos basura que les imponen”, escribió un
conspicuo participante en el reddit.
El cálculo de los patriotas no es irreal. De acuerdo al
promedio de encuestas a nivel nacional que YouGov presentó el jueves 20, en la
elección presidencial de noviembre de 2024 Trump obtendría el 44,1% de los
votos, mientras que Biden llegaría al 42,4%.
La diferencia es escueta y no queda claro todavía en qué
medida una fórmula transversal Trump-Kennedy podría mejorar o empeorar las
chances del expresidente. Además, todavía es demasiado temprano y hasta la
definición de las fórmulas presidenciales van a ocurrir muchas cosas.
Sin embargo, que ya se instale la discusión sobre la
posibilidad de una candidatura mixta, con componentes salidos de ambos partidos
tradicionales, muestra cuán desprestigiada está la elite de Washington y cómo
están cambiando los ejes divisorios de la sociedad norteamericana.
Esta evaluación se refuerza con los relevamientos de opinión para la elección primaria del Partido Republicano: en tanto Donald Trump obtiene en promedio el 52,3% de los votos, su seguidor cercano, el gobernador de Florida Ron De Santis, araña apenas el 23,6%.
En la combinación fotográfica, el
presidente Joe Biden (a la izquierda) y el exmandatario Donald Trump (a la
derecha) participando en sendos actos de campaña rivales para asegurar votos en
las elecciones de medio término a finales del año 2022.
Quizá el candidato más moderado del Partido Republicano en
este momento sea el expresidente Donald Trump. Más allá de su retórica
reaccionaria, antiabortista, antiecológica y contraria al control de armas,
sigue representando un raro espécimen de republicano que no recorta gastos ni
inicia guerras en el extranjero.
Por ello es uno de los pocos políticos estadounidenses que
puede eludir la trampa de las batallas culturales con las que el “Estado profundo”
ha fragmentado la sociedad en las últimas tres décadas.
Por supuesto, el personalismo de Trump es tal que ha hecho de
la lealtad a sí mismo y a sus afirmaciones de que las elecciones de 2020 fueron
robadas la norma para ser considerado de derechas. Por esta razón se ha
producido un deslizamiento de las significaciones: aunque las políticas
propuestas por el expresidente en muchas áreas son tibiamente conservadoras,
sus adversarios conservadores ortodoxos son más propensos a ser etiquetados
como moderados que el propio expresidente, no obstante, sigan proponiendo
políticas de ajuste y aventuras bélicas en el exterior.
La definición sustantiva de la derecha está en juego. ¿Cuál
es la posición más de derechas? ¿Trump diciendo que mediante su diplomacia
personal finalizará la guerra de Ucrania en un día o un halcón diciendo que
seguirá armando a Zelensky hasta las últimas consecuencias? La respuesta
depende de a quién se le pregunte. Todo esto es un indicio de cuán difícil de
encasillar ideológicamente es el exmandatario, lo que lo benefició en
2016 y podría darle nuevamente la nominación republicana el año próximo.
Éste es, empero, sólo el primer paso. El segundo es romper
las barreras ideológicas que dividen a la sociedad norteamericana en trincheras
irreconciliables. Llámese Kennedy o como se quiera, pero la idea de que Donald
Trump marche hacia la reelección encabezando una fórmula “de unidad nacional”
ha comenzado a circular y recorrerá el escenario político estadounidense hasta
bien entrado 2024. Deberá superar la intensa resistencia que opondrán los
beneficiarios de la fragmentación y segmentación de Estados Unidos, pero su
alternativa es agudizar la decadencia. En la próxima elección presidencial se
juega el futuro de la república imperial.
Fuentes: Texto del periodista y analista político Eduardo J. Vior, del Periódico Terlam
Digital. Tomado del Periódico Terlam Digital y agencias internacionales de
prensa. Fotos de archivos periodísticos.


No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario