La agricultura es un factor clave para la recuperación sostenible de América Latina y el Caribe. Los sistemas agroalimentarios de Latinoamérica se enfrentan a numerosos desafíos para abastecer una población en constante crecimiento sin causar más daño a la biodiversidad y promoviendo modelos de desarrollo inclusivos.
Washington, DC, Estados Unidos.- Ser agricultor en Latinoamérica no es tarea fácil, más aún luego de pasados los tiempos de COVID-19. Aunque la región ha podido responder favorablemente a los desafíos de la actual pandemia, cabe preguntar… ¿cómo se avizora el futuro de los sistemas agroalimentarios en sus países?. Ser considerado el granero del mundo no es suficiente para afrontar una mayor demanda de una población en constante crecimiento, mantener la estabilidad de los precios, pero, sobre todo, hacerlo en equilibrio para resguardar la rica biodiversidad de la región.
Michael Morris, experto en agricultura del Banco Mundial, presentó con sus colegas Ashwini Rekha Sebastian y Viviana Maria Eugenia Perego, junto con colaboradores de otras instituciones como el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI), el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID); y McKinsey, un informe sobre los sistemas agroalimentarios de la región caribeña y latinoamericana.
En la foto, Michael Morris, Economista
Jefe de Agricultura del Banco Mundial, actualmente es Vicepresidente para la
región de América Latina y el Caribe. Michael realiza investigaciones y
participa en la preparación, ejecución y evaluación de operaciones de préstamo.
Antes de incorporarse al Banco Mundial en 2004, trabajó en el Grupo Consultivo
para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR).
En la entrevista que da pie a esta crónica, Michael Morris presenta un panorama del
sector y cómo se puede reimaginar la agricultura del futuro en América Latina y
el Caribe
Pregunta: ¿Cuál es el panorama
actual del sector agrícola en América Latina? ¿Cuáles son sus principales
desafíos?
Morris: Los sistemas agrícolas y
alimentarios de América Latina y el Caribe son reconocidos, y con razón, como
uno de los más exitosos del planeta. Han alimentado a una población en rápido
crecimiento, han facilitado el desarrollo económico, permitido la urbanización,
generado ingresos de exportación considerables, y contribuido a una reducción
del hambre y la pobreza, en especial a unos veinte millones de hogares
clasificados como pequeños productores o productores familiares. Y en el actual
contexto de pandemia, están jugando un papel clave al asegurar un suministro
muy oportuno de alimentos y estabilizar sus precios en los mercados mundiales.
De hecho, la región es la mayor
exportadora neta de alimentos en el mundo, es decir, exporta más alimentos de
los que importa. Estas exportaciones ayudan a reducir y estabilizar los precios
internacionales de los alimentos, beneficiando a consumidores de todo el mundo.
Además, Latinoamérica es la mayor productora de servicios ecosistémicos, sus
enormes bosques y extensas sabanas tienen una influencia crucial en la
conformación de los patrones climáticos a nivel mundial y en la mitigación del
cambio climático.
A pesar de estos aportes, la imagen
pública de los sistemas agrícolas y alimentarios latinoamericanos de ser
dinámicos, productivos y eficientes refleja apenas una parte de una realidad
más compleja. En muchos aspectos, estos sistemas tienen un bajo desempeño: han
sido lentos para responder a los cambios en el entorno mundial, y muchos de
ellos siguen dependiendo de métodos de producción centenarios anticuados,
ineficientes y perjudiciales para las personas y el medio ambiente.
Por suerte, las perspectivas no son tan
negativas. Frente al actual panorama de bajo desempeño, subyacen enormes
oportunidades. Los avances tecnológicos abren la puerta a métodos nuevos, más
eficientes y ambientalmente más amigables para producir, procesar, distribuir,
consumir y reciclar los alimentos.
Pregunta: En las últimas décadas,
hemos observado la expansión de la frontera agrícola en la región. ¿Cómo se
puede impulsar el crecimiento de la producción agrícola sin que dañe al medio
ambiente?
Morris: Si bien algunos productores de la
región han estado a la vanguardia en cuanto a la adopción de tecnologías
verdes, la agricultura y los sistemas alimentarios en muchos países están
dominados por modelos productivos basados en prácticas no sostenibles que
perjudican a ciertos servicios ecosistémicos críticos para el bienestar humano;
a la vez que generan un volumen considerable de emisiones de gases de efecto
invernadero. La agricultura y la ganadería son responsables del 70% de la
transformación de los hábitats regionales, en tanto que la tasa de
deforestación en la región triplica el promedio mundial. Los actuales modelos
productivos amenazan la viabilidad de la capacidad de producción alimentaria de
Latinoamérica y deberán ser reemplazados por modelos superiores que mejoren la
productividad, disminuyan la pérdida y el desperdicio de alimentos, aseguren la
sostenibilidad de los recursos naturales de los cuales depende la agricultura,
incrementen la prestación de servicios ecosistémicos y mejoren la resiliencia
ante el clima.
Como ocurre con la mayoría de los
problemas complejos, no existe una fórmula mágica, sino más bien una
combinación de acciones que serían necesarias, que van desde prácticas
agrícolas y ganaderas intensivas hasta el pago por servicios de los
ecosistemas, la digitalización climáticamente inteligente y la adopción de
tecnología. Un enfoque que ofrece un gran potencial para integrar muchos de
estos ángulos es la economía circular, para aprovechar una mejor gestión del
suelo, el consumo de energía y agua, la gestión de residuos y la prevención de
la contaminación. Las innovaciones tecnológicas como la agricultura de
precisión, la reutilización del agua, la bioenergía y el biofertilizante o la
agricultura inteligente ofrecen numerosas oportunidades para complementar este
enfoque, lo que permite un uso intensivo y eficiente de los recursos, alta
productividad y baja huella ambiental, y aumento de la resiliencia climática. Y
en una región donde cuatro de cada cinco personas viven en áreas clasificadas
como urbanas, la integración de la economía circular en la agricultura urbana y
periurbana (la práctica de cultivar alimentos y criar ganado dentro o cerca de
áreas urbanas), parece una opción particularmente prometedora.
Pregunta: En este contexto de pandemia,
¿cuál es el papel de la agricultura con miras a una recuperación económica
sostenible de América Latina?
Morris: Si bien los efectos a gran escala
de la pandemia aún no se conocen por completo, su impacto sobre la agricultura
y alimentación en la región se está sintiendo de varias formas.
Afortunadamente, la producción primaria demostró tener una gran resiliencia, en
el sentido de que la mayoría de los productores ha podido continuar sus
operaciones. En cambio, sí se observan desafíos más arriba en la cadena
productiva, a medida que el flujo de muchos productos alimenticios es alterado
por restricciones al movimiento que provocan cuellos de botella en la
distribución o bien que impiden el redireccionamiento de los flujos de
alimentos luego del cierre de algunos sectores de la economía.
Pero no hay que poner en duda de que el
sector agroalimentario tiene un papel muy importante en una recuperación
económica sostenible de los países, garantizando el suministro de alimentos en
la región, brindando empleo a millones de personas, aportando divisas
extranjeras a países exportadores de alimentos, mejorando la balanza comercial
en países importadores de alimentos, y restableciendo los servicios
ecosistémicos de los cuales depende el bienestar a largo plazo del planeta.
La recuperación representa, de manera
significativa, una oportunidad para volver a construir mejor y promover medidas
integrales en el nexo donde confluyen la salud humana, animal y ambiental, los
tres ejes interconectados del enfoque “Una Salud”. Se deberán replantear los
sistemas, las políticas y las instituciones durante la transición posterior a
la COVID-19 para asegurar un panorama alimentario más limpio, verde e inclusivo
y alimentos de calidad, seguros y más nutritivos. Los puestos de trabajo y la
transformación económica deben ser el centro de esta estrategia orientada hacia
el futuro, una que se base en infraestructura resiliente y un capital humano
fortalecido.
Pregunta: ¿Qué podría afectar a los
sistemas agroalimentarios de Latinoamérica en el futuro?
Morris: El informe identifica factores
divididos en dos categorías: tendencias y factores disruptivos. Las tendencias
son fuerzas a largo plazo como el crecimiento poblacional, el aumento del
ingreso y de la urbanización. Estas tienen un gran efecto sobre los sistemas
agroalimentarios, aunque son lentas y en gran medida predecibles, por lo que
los gobiernos deberían poder lidiar con estas con relativamente más facilidad.
Por el contrario, los factores disruptivos
son fuerzas repentinas como los avances tecnológicos, eventos climáticos
catastróficos, pandemias globales o cambios radicales de políticas públicas. Su
impacto es significativo, y como pueden ocurrir de forma repentina y sin previo
aviso, es más difícil poder estar preparados.
Como no podemos predecir el futuro, el
informe no brinda un pronóstico sobre cómo afectarán las tendencias y factores
disruptivos a los sistemas agroalimentarios de la región. En su lugar, expone
un ejercicio de escenarios que incorporan una combinación de métodos cuantitativos
y cualitativos y promueven la participación de un amplio número de partes
interesadas mediante la utilización de plataformas presenciales y virtuales. El
ejercicio analizó la forma en que diferentes combinaciones de factores pueden
derivar en resultados distintos para los sistemas agroalimentarios de
Latinoamérica. Con base en estos escenarios, se identificaron medidas
prioritarias que podrían ayudar a obtener resultados positivos y evitar los
negativos.
Fuente: Texto y foto: Maria
Fleischmann/Banco Mundial. Tomado de la Página Web del Banco Mundial.



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