
Los
dos líderes políticos de Brasil tendrán que bailotearse de nuevo; disputarán en
segunda vuelta, el 30 de octubre, presidencia del país sudamericana en una
segunda vuelta tras reñida votación este domingo. En la combinación fotográfica
Jair Bolsonaro y Luiz Inacio Lula da Silva.
Sao Paulo, Brasil.- Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro, los dos principales candidatos a la presidencia de Brasil, se verán las caras en una segunda vuelta luego de que ninguno de ellos logró suficientes votos en las elecciones de este domingo en unos comicios para decidir si el país devuelve a un izquierdista al timón de la cuarta democracia más grande del mundo o mantiene a un derechista en el cargo durante otros cuatro años.
La noche de este domingo, tras haberse
escrutado el 98,8% de los votos de la jornada electoral, el expresidente Luiz
Inácio Lula da Silva sumaba 48,1% de los sufragios, por 43,5% del actual
mandatario Jair Bolsonaro.
La autoridad electoral de Brasil dijo que
dicho resultado hace que la segunda vuelta entre los dos candidatos sea una
certeza matemática.
Otros nueve candidatos participaron en la
elección presidencial, pero sus números son mucho menores que los de Bolsonaro
y Lula.
Lo reñido de los comicios resultó una
sorpresa, ya que los sondeos de opinión previos a la elección le daban a Lula
una sólida ventaja.
El último sondeo de Datafolha, publicado
el sábado, registró una intención de voto de 50% para Lula, por 36% para
Bolsonaro. Se entrevistó a 12.800 personas, con un margen de error de más/menos
2 puntos porcentuales.
“Esta ajustada diferencia entre Lula y
Bolsonaro no se preveía”, señaló Nara Pavão, profesora de ciencias políticas en
la Universidad Federal de Pernambuco.
Carlos Melo, profesor de ciencias
políticas en la Universidad Insper de Sao Paulo, dijo que “es demasiado pronto
para profundizar, pero esta elección muestra que la victoria de Bolsonaro en
2018 no fue un evento aislado”.
Bolsonaro tuvo un buen desempeño en la región sureste de Brasil, que incluye los estados altamente poblados de Sao Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais, de acuerdo con Rafael Cortez, quien supervisa el análisis de riesgos políticos en Tendencias Consultoria. “Las encuestas no captaron ese crecimiento”, señaló.

En la foto, ciudadanos brasileños
esperando el resultado de las elecciones,
El mandato de Bolsonaro se ha distinguido
por su retórica provocadora, su presión sobre instituciones democráticas, su
criticada gestión de la pandemia de COVID-19 y la deforestación más grande en
la selva amazónica en 15 años.
Pero ha formado una base de partidarios
con su defensa de los valores familiares tradicionales, su rechazo a la
corrección política y presentándose como un protector de la nación ante
políticas de izquierda que, según dice, erosionan la libertad personal y
provocan inestabilidad económica.
Marley Melo, un comerciante de 53 años en
la capital Brasilia, acudió a votar desde temprano llevando el amarillo de la
bandera brasileña que Bolsonaro y sus partidarios usan en sus marchas. Melo
afirmó que votaría otra vez por Bolsonaro y que no creía en las encuestas que
lo muestran en segundo lugar.
“Las encuestas pueden ser manipuladas, son
de compañías que tienen sus intereses”, afirmó.
La lenta recuperación económica aún no se
ha hecho patente para los más pobres, y 33 millones de brasileños pasan hambre
pese al aumento de la asistencia pública. Como varios de sus vecinos
latinoamericanos que lidian con una alta inflación y un gran número de personas
excluidas del empleo formal, Brasil sopesa un giro a la izquierda.
Bolsonaro ha cuestionado de forma
reiterada la fiabilidad no sólo de los sondeos, sino de las máquinas de voto
electrónico. Los analistas temen que haya sentado las bases para rechazar los
resultados.
En un momento dado, Bolsonaro afirmó tener pruebas de fraude, pero nunca presentó ninguna, ni siquiera después de que la autoridad electoral le marcara un plazo límite para hacerlo. También dijo apenas el 18 de septiembre que si no ganaba en primera ronda, algo debía ser “anómalo”.

Lula, de 76 años, fue un obrero
metalúrgico que salió de la pobreza para llegar a la presidencia, y se le
reconoce la creación de un amplio programa de prestaciones sociales durante su
mandato entre 2003 y 2010 que ayudó a elevar a decenas de millones de personas
a la clase media.
Pero también se le recuerda por la
implicación de su gobierno en escándalos de corrupción que involucraban a
políticos y ejecutivos de empresas.
Las propias condenas contra Lula por
corrupción y lavado de dinero le supusieron 19 meses de prisión, y lo dejaron
fuera de la campaña presidencial de 2018 en la que según los sondeos tenía
ventaja sobre Bolsonaro.
El Supremo Tribunal Federal anuló
posteriormente las sentencias contra Lula con el argumento de que el juez no
había sido imparcial y se coludió con la fiscalía.
Nadja Oliveira, una trabajadora social de
59 años, dijo que votó por Lula y que asistió a sus mitines antes, pero que
desde 2018 ha votado por Bolsonaro.
“Desafortunadamente el Partido de los
Trabajadores nos decepcionó. Había prometido que iba a ser distinto”, manifestó
Oliveira en Brasilia.
Otros, como Marialva Santos Pereira,
estuvieron más dispuestos a perdonar. Pereira, de 47 años, dijo que votaría por
Lula por primera vez desde el 2002.
“No me gustaron los escándalos en su
primer gobierno y dejé de votar por el Partido de los Trabajadores. Pero ahora
sí voy a votar por ellos, porque creo que Lula fue encarcelado injustamente y
porque Bolsonaro es un presidente tan malo que todos los demás parecen
mejores”, manifestó.
Tras votar en São Bernardo do Campo, el corazón industrial del estado Sao Paulo donde fue líder sindical, Lula recordó que hace cuatro años estaba preso y no pudo votar.

Bolsonaro creció en una familia de clase
media-baja antes de entrar en el ejército. Entró en la política tras ser
expulsado del ejército por propugnar abiertamente por que se subiera el salario
de los militares. Durante sus siete periodos en la cámara baja del Congreso
expresó a menudo su nostalgia por las dos décadas de dictadura militar en el
país.
Sus gestos hacia las fuerzas armadas han
causado preocupaciones de que algún posible rechazo de los resultados
electorales pueda contar con el apoyo de oficiales de alto rango.
El sábado, Bolsonaro compartió mensajes en
las redes sociales de líderes derechistas extranjeros que lo elogiaban, como el
expresidente estadounidense Donald Trump, el ex primer ministro israelí
Benjamin Netanyahu y el primer ministro húngaro Viktor Orbán.
Tras votar en Río de Janeiro el domingo
por la mañana y portando una camiseta con los colores de la bandera brasileña,
Bolsonaro dijo a periodistas que “las elecciones limpias deben ser respetadas”
y que la primera ronda será decisiva. Cuando se le preguntó si respetaría los
resultados, alzó el pulgar y se fue.
Leda Wasem, de 68 años, no tenía dudas de
que Bolsonaro será reelegido. Mientras votaba en Curitiba vestida con una
camiseta del equipo nacional de fútbol, aseguró que si Lula ganaba sería por
fraude.
“No me lo voy a creer. Donde yo trabajo, en los lugares donde yo voy todos los días, ni una sola persona está a favor de Lula”, declaró.

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