Por José Francisco Peña Guaba
Santo Domingo.- A los que estamos en la oposición se nos tilda de irracionales y sectarios, que solo buscamos dar noticias tremendistas, con el fin de reposicionar en el mercado electoral las candidaturas de los opuestos a los del Gobierno del Cambio.
No niego que exista algún interés
subyacente de algunos opositores, a los cuales les importa más llegar al
gobierno, que las penurias que realmente está pasando el pueblo humilde y trabajador
que no encuentra salida a los asfixiantes problemas de su diario vivir.
Es que la República Dominicana es desde
hace mucho uno de los países más caro de la región, y cada día lo es más, solo
se quedarán viviendo aquí, si esto sigue así, los que no consigan una visa,
porque medio país se quiere ir, ya que se encuentran atrapados y sin salida.
Nuestra República Dominicana es un país
para ricos, solo estos soportan los inmensos gastos que tiene una familia para
vivir dignamente, los demás, los de abajo y los de la clase media, sobrevivimos
todo, porque el dinero escasea y cada día el peso nuestro tiene menos valor,
pero si bien es cierto que los sectores vulnerables la están pasando muy mal,
aunque la angustia mayor y suene paradójico lo tenemos los de la mal llamada
clase media, que no nos da nunca nuestros ingresos para cubrir los gastos y
vivimos enliados, en las manos de los prestamistas y del sector financiero que
no nos sueltan, porque los dominicanos estamos de una deuda en otra.
Este sistema está hecho para matar del
corazón por el estrés a todo buen ciudadano que por más esfuerzo que haga,
simple lo que percibe no le da para terminar el mes y ahí siempre activos y
vigilantes están los acreedores del esfuerzo y el sudor ajeno para terminar de sacarle
lo poco que le queda a los que se resisten todavía a darse por vencido.
Esta espiral inflacionaria viene desde
hace mucho tiempo atrás siendo sinceros, pero en estos dos últimos años se ha
vuelto insoportable, porque la mayoría de los productos de consumo masivo se
han duplicado en precio, y no hablemos de los materiales de construcción, donde
hay renglones que han aumentado hasta un 400% ¿a dónde llegaremos? porque nadie
aquí gana para soportar estos constantes, excesivos y abusivos aumentos de precios.
El Gobierno del Cambio no es únicamente
culpable, solo en parte, porque estamos en medio de una multicrisis mundial
(sanitaria, económica, monetaria, social, alimentaria y geopolítica), pero no
toma reales y asertivas decisiones, para proteger a los sectores más afectados
y nos han dejado a todos a la merced de la voracidad de comerciantes
abusadores, que se están aprovechando de la crisis para ganar cada día más en
detrimento de los raídos bolsillos del pueblo, y el gobierno no hace
absolutamente nada para defendernos, al parecer nos hace falta un chapulín
colorado ante tanta insensibilidad mostrada.
Toda la estructura comercial desde los
importadores y productores hasta el último eslabón de la cadena de
distribución, que son los colmaderos, están haciendo su agosto, porque venden
los productos como se les da la gana, y existen diferencias abismales de
precios de un mismo producto en diferentes centros de ventas de un mismo nivel,
y nadie sabe dar una explicación a los ciudadanos todo, porque han dejado la
población huérfana en medio de la ley de oferta y demanda, donde hay más de
acaparamiento y agiotismo que de un auténtico mercado competitivo, porque
pareciese que toda la estructura comercial se han puesto de acuerdo
simultáneamente para asaltar los magros ingresos populares prevalidos de la
megacrisis en qué nos encontramos, a la cual no se le ve el fin.
Ni el mejor matemático tiene una fórmula
para que los cuartos den, porque hoy usted compra un producto a un precio, y
usted se planifica para ese monto, y cuando vuelve a comprarlo cuesta muchísimo
más, en todo es así, lo justo y mucho menos lo barato existe ya, todo está
dolarizado aquí, menos los sueldos de la gente.
Presentó en este “decálogo a la
impotencia” lo que estamos viviendo los dominicanos día a día, veamos:
El que va a un supermercado a hacer una compra para un mes, deja el sueldo entero, porque con 10 mil pesos solo se lleva dos funditas, es guapo o tiene bien apertrechado el bolsillo hoy el que llena un carrito;
Los colmados en 3 o 4 cositas como en un botellón de agua o cualquier tontería
faltante para cocinar, le llevan de lo más campante a cualquier cristiano una
facturita de 1,000 pesos;
El que tiene un carro, tiene una querida adicional, porque entre el gasto
diario de la gasolina, aceite, lavado, mantenimiento, mecánico y seguro, tiene
que gastar una fortuna, es como mantener una casa paralela;
El que tiene hijos y lo quiere mandar a estudiar a un colegio privado que se
persigne, porque dejará ahí todos los beneficios marginales, doble sueldo,
bonificación o préstamo, pues esto parece imposible, pero la mayoría de los
colegios en este país cobran más que la mayoría de las universidades, que
innegable abuso;
De la electricidad ni hablar, debe ser la nuestra la más cara de la bolita del
mundo y este mes subrepticiamente le aumentaron la factura a todo el mundo,
muchas casas pagan como si fuera una pequeña industria que tuvieran, ¡hasta
dónde llegará esto!;
Los intereses están acabando con la gente, formales e informales, somos
prisioneros de los acreedores financieros que se llevan el grueso de nuestros
ingresos, en la cuota de las casas o apartamentos, en las tarjetas de créditos
o en los benditos préstamos que nos metemos para salir de apuros, de lo cual
nunca salimos, en este país no existe quién no deba;
Las empresas del sector salud, sobre todo los laboratorios farmacéuticos y la
cadena de distribución, no tienen perdón de Dios, los costos de los
medicamentos van en aumento diario y los que tenemos condiciones de salud,
gastamos tanto de medicinas como de alimentos, el que toma pastillas para la
presión, la diabetes u otras muy comunes gasta más diariamente en las mismas
que en alimentos, si esto sigue así se morirán mucho más gente, porque no
pueden pagar los medicamentos para vivir;
Los pagos de cuota de mantenimiento en los apartamentos y en muchas de las
urbanizaciones son en verdad el cobro de un alquiler, y ni hablar de los
servicios independientes para sus casa, porque el que contrata un pintor, un
plomero o un electricista tiene que dejar el cheque en cualquier arreglito,
conozco amigos que pagan altísimas cuotas de mantenimiento, que sumado a los
préstamos hipotecarios, pareciese que les salen las habitaciones de sus
viviendas tan caras como un hotel;
Ni hablar de la recreación que es prohibitiva, los restaurantes son para ricos,
los bares y las discotecas están desapareciendo y si no fuera por los
colmadones, el pueblo ni bailará ni se tomará un traguito, todo porque nadie
puede pagar los excesivos precios de los alimentos procesados y las bebidas
alcohólicas, cada día descendemos más en los niveles de vida, no nos han dejado
de otra que tomar y jugar dominó en las calles;
Como si este calvario no se terminará, tenemos detrás a la DGII todo el tiempo
que no nos suelta, con el ITBIS más alto de la región, con el agresivo impuesto
sobre la renta y con el fastidioso IPI (impuesto a la propiedad inmobiliaria),
que es como pagarle un alquiler de su propiedad al Estado después de haberla
adquirido, aunque usted esté pagando un préstamo hipotecario, dígame cómo no se
puede vivir con un estrés constante con todos estos acreedores atrás (ingleses
diría mi mamá), persiguiéndonos, ¡qué vida más fatídica nos toca vivir a los
dominicanos!
Lo peor es que para la mayoría de los
dominicanos el gobierno nacional no existe, solo para que les paguen impuestos,
porque cuando le devuelven algo a la población son miserias como las ayudas
gubernamentales de 1,600 mensuales de las tarjetas, que a los que la reciben
apenas les dan para comer dos días. No me imagino que les estarán sirviendo a
los estudiantes en el desayuno y almuerzo escolar, porque con las ínfimas
asignaciones que le pagan a los proveedores, ¡válgame Dios!
Pero este es el país que tenemos, y el
Gobierno del Cambio que nos dimos, por lo que la lucha por la sobrevivencia lo
justifica todo, porque no se le puede pedir a nadie que se muera de hambre
junto a sus hijos, y ahí está una de las causas principales de la inseguridad
pública y de la ola de raterismo que afecta a todos nuestros barrios.
El presidente Abinader no es el culpable de todos los problemas que tenemos, eso es verdad, pero es a él que le toca enfrentarlos para eso lo elegimos, con el propósito de que pueda buscar soluciones verdaderas no justificaciones, y, sobre todo, para que nos saque de esta inédita crisis lo mejor librado posible, como es el deber de todo estadista responsable, el tratar de resolver las penurias de la nación antes de pensar en reelección.
El autor, José Francisco Peña Guaba, es líder político, presidente del
Bloque Institucional Social Demócrata (BIS), Secretario General y vocero del
Foro Permanente de Partidos Políticos (FOPPPREDOM). Desde muy joven, ha ocupado
diversos cargos administrativos y consulares. Es diputado ante el Parlamento
Centroamericano (PARLACEN).



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