El día 14 de este mes de diciembre,
se cumplen veinte años del cruel y confuso asesinato que quebró la visa y
creciente carrera política del destacado líder y legislador noroestano.
Santo Domingo.- “La familia de Darío seguimos esperando”. No contuvo más las emociones y tuvo que bajar la cabeza para poder aguantar las lágrimas. “Seguimos esperando porque son 20 años…”. Quien habla es Celeste Gómez, hermana del fenecido legislador Darío Gómez Martínez.
Mañana se cumplen dos décadas de aquella
noche de 2001 en la que cinco desaprensivos atentaron contra el senador
perredeísta por Santiago Rodríguez en un “intento de asalto” que para la
familia aún no se esclarece.
En una visita a la residencia de un viejo
dirigente perredeísta, ubicada en Vista Hermosa de la zona oriental de Santo
Domingo, hoy Santo Domingo Este, el legislador fue baleado junto a su chofer.
Cuatro hombres, uno de ellos encapuchado,
aprovecharon que el portón de la marquesina estaba entreabierto para ingresar
hasta la casa y lograr el objetivo que supuestamente se habían planteado para
esa noche: “atracar a cualquier persona”.
“Atracar a cualquier persona” es la teoría
de uno de los asesinos. Pero eso no ha estado muy claro y aún crea una nebulosa.
Martín Durán, dueño de la vivienda y quien
festejaba su cumpleaños, atestiguó que uno de los criminales fue directamente
hacia el senador para encañonarlo, pero el legislador sabanetero intentó
desarmarlo provocando que los delincuentes le dispararan a quemarropa.
Los presentes intentaron proteger al congresista con una mecedora, mientras el chofer buscaba un arma para responder, pero el fuerte improvisado con la silla de madera no fue suficiente para evitar que recibiera los cuatro balazos que le provocaron tres días en extrema gravedad, concluyendo con su muerte la madrugada del viernes 14.
Autores materiales.- Casi una semana
después, los agresores fueron encontrados y apresados. Se trató de Carlos
Gerónimo Alfonseca (Carlos Collares), Ernesto Antonio Meléndez (El Chino),
Pedro Urbano Piña (Kelvin), Ramón Antonio Rosario (El Gringo) y Domingo
Daniel Minaya (El Mago).
Varios de los detenidos estaban
“cumpliendo condena” por otros delitos y se desconocía cómo salieron del centro
penitenciario para cometer uno más.
No fue hasta 2005, cuatro años después,
que llegó la sentencia. Las versiones de los ejecutores fueron distintas a la
lógica de los hechos y durante las investigaciones varios de los conocedores
del crimen fallecieron, entre ellos el principal acusado, con una muerte en
condiciones sospechosas.
A mediados de 2003, la familia Gómez
Martínez recibió un preaviso de que iban a asesinar en la cárcel a Carlos
Collares. A tempranas horas de la mañana estuvieron en la Procuraduría haciendo
la denuncia, pero la rápida alerta fue en vano. Horas después, Carlos Collares
recibió varias puñaladas que le provocaron la muerte, con la cual se llevó a la
tumba el nombre de quién supuestamente los había contratado para el crimen.
Luego de la muerte de “Collares”, “El Mago” era el siguiente en la lista, pero hace unos años también falleció. Sobre él trascendió que se le había visto varias veces en el Palacio de la Policía Nacional.
“Crimen planificado”.- “Fue un crimen
planificado”, dice Celeste Gómez, quien agrega que depositaron muchas pruebas
que lo evidencian. Tal es el caso de un arma que estaba en la Policía
Nacional y de allí fue sacada de manera desconocida para el crimen. Así lo
supieron luego de haber dado con el propietario de la pistola.
Días antes de morir, Darío Gómez confesó a
un amigo que cambió de vehículo porque lo estaban persiguiendo. La familia se
enteró luego de que sucediera el crimen y no entienden por qué nunca denunció
lo sucedido.
Alrededor de dos semanas antes, cuenta
Celeste, también había tenido un incidente en la autopista Duarte, donde uno de
sus neumáticos había explotado, lo que les pareció extraño porque el vehículo
era nuevo.
De igual forma, cuando fueron
identificados los responsables, empleados del Congreso Nacional, así como
también legisladores, afirmaron haber visto en reiteradas ocasiones a varios de
los ejecutores rondando por los pasillos de la edificación e incluso, el
entonces presidente del Senado, Andrés Bautista García, reveló que Darío Gómez
habría regalado una cantidad indeterminada de dinero a uno de los acusados. Eso
ocurrió la mañana de aquel 11 de diciembre.
La familia de Darío Gómez está a la espera
de que la justicia y las autoridades señalen a “los verdaderos autores del
hecho”, tienen pistas y sospechan de miembros que estuvieron alguna vez entre
los altos rangos de la Policía Nacional, pero prefieren no acusar a nadie y
esperar el momento en que todo salga a la luz.
Aunque esa búsqueda de justicia ha
resultado peligrosa. Celeste Gómez recibió amenazas, llamadas y mensajes “para
que dejara eso así”, entre otras acciones que buscaban detenerla y atemorizarla
como atravesarle vehículos mientras conducía en la calle. Lo mismo con aquellos
senadores que quisieron colaborar en el esclarecimiento del caso.
“¿Y si ese crimen no tuvo a nadie que lo organizara, crees que esos pequeños sicarios habrían tenido ese poder de envolver a tantas personas?”, pregunta quien ocupó la curul por Santiago Rodríguez en sustitución de su hermano luego de su muerte y fuera elegida por su pueblo para una segunda gestión en el Senado.
Polémicas.- Su pensamiento
y vehemencia al defender sus posturas hizo que muchos catalogaran al senador
Gómez como “controversial” y “polémico”. Y quizá fue ese mismo carácter el que
lo llevó a la muerte.
Apenas horas antes del atentado, el Senado
había aprobado en segunda lectura un proyecto de ley que penalizaba el lavado
de activos provenientes del narcotráfico y cuyo estudio estuvo a cargo de una
comisión presidida por el también abogado.
“Sus ideas confrontaban sectores poderosos
(…) tenía unas ideas muy definidas, defendiendo principios y valores que él
entendía que eran para beneficio del pueblo y eso hizo que ganara muchos
adversarios”, señala Celeste, quien considera que fueron esas ideas fervientes
con las que el legislador defendía sus principios las que le costaron la vida.
Todavía no están claras las razones del
asesinato, en el tiempo ha surgido la versión de que su muerte fue ordenada por
el Cartel de Medellín, en represalia por proyecto de ley contra el narcotráfico
que el senador sabanetero había presentado, pero esto no ha sido confirmado.
Justicia es lo que esperan y lo reiteran
con vehemencia sus familiares. Pese que algunos de los autores materiales han
fallecido y otros permanecen en prisión, “los autores intelectuales están ahí
en su casa, están en la calle”, dice su familia.
Mientras algunos parientes piensan que no
se ha hecho justicia con el asesinato de Darío, para su madre al menos “se hizo
a medias”.
Doña Finita Martínez, de 91 años, todavía
reitera que faltan los autores intelectuales del hecho que le ha provocado
veinte años de dolor, de noches largas y de desvelo.
Revelación.- En medio de
las investigaciones surgió una versión que sorprendió al país. Carlos Evertsz
Fournier, quien se identificó como ex agente del J-2 y del Servicio de
Inteligencia Militar, aseguró que Gómez fue asesinado por encargo y que a él le
habían ofertado un millón de pesos para ello, pero rechazó la propuesta.
Asesinado.- Después de sus
declaraciones, Evertsz confesó a la familia Gómez Martínez que temía por su
vida y, efectivamente, fue asesinado años después mientras esperaba transporte
público en Santiago.
Fuente: Listín Diario.

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