Ese
partido fue celebrado en el Three Rivers Stadium, en Pittsburgh. Esos jugadores
fueron Rennie Stennett, Gene Clines, Roberto Clemente, Willie Stargell, Manny
Sanguillén, Dave Cash, Al Oliver, Jackie Hernández y Dock Ellis. De ellos, los latinos son Roberto Clemente y Manny
Sanguillén. En la foto, Al Oliver, Gene Clines, Manny Sanguillén, (sentado) y
Dave Cash posan durante un homenaje, este miércoles 1 de septiembre de 2021, en
el 50mo aniversario del primer juego en que un equipo de las Grandes Ligas jugó
sólo con peloteros de minorías.
Pittsgurgh.- En aquel momento no causó tanto furor. Fue sólo otro juego a la mitad de la semana y en plena lucha por los gallardetes.
Los mejores nueve peloteros disponibles
ingresaron en el terreno del Three Rivers Stadium por los Piratas de
Pittsburgh, el 1 de septiembre de 1971.
No fue sino hasta después que llamó la atención el hecho de que los nueve —Rennie Stennett, Gene Clines, Roberto Clemente, Willie Stargell, Manny Sanguillén, Dave Cash, Al Oliver, Jackie Hernández y Dock Ellis— eran negros o latinos.
1. Rennie Stennett
(2B)
2. Gene Clines (CF)
3. Roberto Clemente (RF)
4. Willie Stargell (LF)
5. Manny Sanguillén (C)
6. Dave Cash (3B)
7. Al Oliver (1B)
8. Jackie
Hernández (SS)
9. Dock Ellis (P)
A Oliver siempre le ha parecido curioso que ese hito no se celebre tanto como la fecha de 1947 en que Jackie Robinson rompió la barrera racial en las mayores. Pero en los años recientes, el exjugador considera más bien que eso es positivo, como si se tratara de una postura que no distingue colores de la piel, tal como la adoptada por Danny Murtaugh, entonces manager de los Piratas, quien simplemente buscó hacer su trabajo.

“No ingresamos en el terreno con la
intención de hacer historia”, relató Oliver el miércoles por la noche, durante
un homenaje por el 50mo aniversario de aquel triunfo por 10-7 sobre Filadelfia.
“Pero resultó que sí la hicimos. Y lo que mejor me hace sentir de todo aquello
fue demostró la unidad que teníamos en nuestro equipo y probó que teníamos un
manager que realmente no estaba preocupado por la raza”.
Oliver, siete veces elegido al Juego de
Estrellas durante su carrera de 18 años, considera que aquel grupo de
afroestadounidenses y latinos que portaban las gorras con la “P” amarilla en el
frente fueron simplemente el producto de la forma en que el gerente general Joe
Brown quiso construir un equipo.
“El dijo: ‘Lo que hicimos fue firmar a
jugadores por lo que podían hacer en el terreno, no por la iglesia a la que
asistían’", rememoró Oliver, quien estuvo en la primera base aquella
noche. “Y siempre que escucho esa cita me río, porque es verdad. No importa a
que iglesia vayas siempre y cuando puedas jugar a la pelota”.
Jugar nunca fue un problema para
Pittsburgh en aquella época. La victoria de aquella noche sobre Filadelfia
llegó durante una racha candente de 18-5 que permitió a los Piratas conquistar
la División Este de la Liga Nacional.
Pittsburgh terminó venciendo a San
Francisco en cuatro duelos de la Serie de Campeonato. Y en la Serie Mundial,
remontó un déficit de dos juegos para superar a Baltimore, que era el favorito.
“No podríamos desestimar nunca lo que
pensamos que podíamos lograr como equipo, porque éramos capaces de vencer a
cualquiera”, dijo Cash. “Baltimore había vencido a todos los demás, pero no
pudo con nosotros”.
Aquel momento dio todavía más lustre a la
carrera de Clemente. Su hijo homónimo dijo que la leyenda boricua representaba
a todas las minorías en 1955, cuando llegó a Pittsburgh.
En 1971, la penúltima temporada de su
carrera antes de su deceso en un accidente aeronáutico, Clemente volvió
demostrar su influencia en el clubhouse.
“Sé que fue un día especial para él, por
haber tenido a todos sus hermanos en aquel equipo”, indicó Clemente Jr. “Y sé
que fue un momento especial por lo que significó: Los jugadores de las minorías
habían llegado”.
Fuentes: Archivos de MLB, agencias internacionales de prensa y periódico Diario Libre (Santo Domingo).


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