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| En cada dependencia de la Asociación Dominicana de Rehabilitación, todos los días niños, jóvenes y adultos son atendidos emocional y físicamente. |
Por: Mario Lara Valdez
Santo Domingo.- En mi visita a la Asociación Dominicana de Rehabilitación, lágrimas desean salir al ver tantos casos de niños y adultos con alguna discapacidad en la cual puedo verme reflejado o alguien cercano, pero si no existiera esta institución nuestra realidad fuera desgarradora.
Sentado esperando mi turno por un dolor en
mi hombro izquierdo, pude ver a una niña... Su nombre es Gabriela, estaba
en su coche sonriente, cuyo cuerpo no responde y su joven madre
contemplativa reflexiona que es y será su única hija, pero que, gracias a Dios,
su Gabriela superará esta parálisis leve para ser como las demás niñas de
su edad .
Janiel es otro niño que conocí, conversé
con su madre y ella me explica eliminó chancletas y tenis para que
Janiel solo utilice zapatos ortopédicos y así pueda caminar
correctamente.
Braulio es un adulto mayor simpático y con
fuerza interna, ya que desea recuperar su vida tras sufrir una parálisis severa
corporal.
Pero luego converso con un comerciante de
Cristo Rey que tiene su madre recibiendo atenciones para colocarle su prótesis
en su pie derecho luego de una amputación y sonriente me informa que su
madre está feliz porque podrá volver a caminar.
Y yo me pregunto... ¿Qué pasaría de
no existir nuestra Asociación Dominicana de Rehabilitación,
llenando un gran vacío que nunca el estado dominicano ha podido hacerlo en
estas realidades que no tiene edad ni clase social ?
Tenemos que invertir más en humanizar
nuestra salud, pero también realizar de manera permanente jornadas
psicológicas a padres y familiares que tienen casos que requieran
rehabilitación.



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