Por Tony Pérez
Pedernales.- La generación actual de este pueblo del sudoeste de la frontera dominico-haitiana pasará la peor Navidad de su vida: atrapado en la red de una profunda incertidumbre económica y de la epidemia de COVID-19 que inició en marzo y aún sigue sin que haya vacuna disponible que la frene.
Cuando el presidente Luis Abinader Corona
visitó este año el municipio cabecera, dos veces antes de agotar su primera
quincena de gobierno, desenterró la esperanza sepultada por una cadena de
discursos engañosos y el robo de Bahía de las Águilas, hechura de políticos
corruptos. Aseguró que en dos meses habría acción, y garantizó la construcción
de 3 mil habitaciones hoteleras, un aeropuerto internacional y otras obras
necesarias para el desarrollo del turismo.
Los seguidores y adversarios en general se
regocijaron y hasta aplaudieron su iniciativa. Pero ese ímpetu ha bajado, pese
a que, tras las visitas del mandatario, comitivas gubernamentales han hecho
descensos a la provincia para reconfirmar las áreas con potencial turístico
explotables. Han asistido: Carlos Peguero, director del proyecto; Sigmund
Freund, de Alianza Público-Privada; Orlando Jorge Mera, ministro de Medio
Ambiente. También representaciones de Cancillería, Obras Públicas, Agricultura,
Salud Pública, Instituto Agrario Dominicano.
Antes de diciembre, la gente esperaba
mucho más que reuniones. Quería ver obreros edificando columnas y vigas. Pero
no habrá inicio de construcciones de infraestructuras en el resto de 2020,
ni durante todo el primer semestre del próximo año, conforme lo dicho de
manera marginal por el mismo Presidente.
“La tardanza es comprensible” –ha respondido su representante provincial, la gobernadora Miriam Brea- “porque el proyecto es muy complejo, tenemos que hacerlo bien. El presidente ha dicho que Pedernales se desarrollará a la par con los hoteles de la zona de Cabo Rojo, y quiere que se desarrolle la agricultura para satisfacer la demanda el turismo”.
Ningún plan de contingencia para
sobrellevar la crisis económica ha sido activado hasta ahora por el Gobierno.
Iván Pérez, 50 años, ha tenido que
agarrarse del motoconcho para sobrevivir junto a su familia. En su hogar nunca
saben qué comerán mientras no llega con los pesos que gana transportando
pasajeros en su moto. Desconoce qué ha pasado con las obras prometidas.
Habla con precisión: “Claro que esperaba
movimiento antes de diciembre. Aquí estamos en cero. Yo vivo de esto y de
cualquier picoteo que aparezca… Ya usted sabe, es el día a día. Si se
desarrolla el turismo, nosotros no tenemos que emigrar”.
Santos Villar, 35 años, pescador y con un
puesto de vender cervezas en la playa, cerrado, no sabe qué hacer ante la falta
de oportunidades
“Nosotro tábamos esperando que para esta
fecha él hiciera algo por este pueblo porque la situación aquí está demasiado
difícil; aquí nos estamo comiendo uno con otro. La esperanza mía es que haiga
fuente de empleo”.
Julio Samboy, 74 años, productor agrícola,
quiere ver hechos: “Tenemos el temor de que todo se quede en anuncio como en
los gobiernos que han pasado… Esperábamos obras antes de terminar el año… Pero
tengo la esperanza de que el año que viene el presidente nos dé una señal de
que sí va a cumplir su promesa. Aquí no hay empresa”.
Pedernales es la segunda provincia en
pobreza general y extrema después de Elías Piña. Hace diez años rondaba el 75%
de la población, sólo 0,2% menos que en 2002. Hoy, la
crisis es más grave.
La cotidianeidad de la
comunidad discurre en un frenético ir y venir hacia la marca jurídica que
llaman frontera, donde se dan transacciones informales de todo
tipo de productos con los haitianos, sin que falten negocios poco o nada
ortodoxos.
Sobre empleos formales, sólo unos cuantos
en el sector público y los de una zona franca donde clasifican piezas de ropas
de pacas importadas.
INQUIETUDES FLOTANDO.- El Gobierno no ha presentado aún el plan maestro reformado que servirá como matriz a la ejecución de infraestructuras para el desarrollo turístico. El Presidente ha adelantado que está en proceso de análisis para ajustarlo. Y que los proyectos serán de baja intensidad o poco impacto en vista de la vulnerabilidad de los atractivos naturales.
A arquitectos urbanistas como Marcos
Barinas les preocupa que Pedernales sea objeto de modelos de intervenciones
similares a las de otros polos: fabricación de gigantes complejos hoteleros con
villas miseria en la periferia. Teme a un Verón en la frontera (veronización).
Él ha sostenido que la demarcación del
municipio debe desarrollarse de manera
integral, a la par con los ambiciosos proyectos que
ejecutarían en las cercanías de Bahía de las Águilas y Cabo Rojo. Se refiere a
dotar al pueblo de viviendas dignas, acueducto, electricidad, calles,
carreteras y hasta pequeños proyectos turísticos de bajo impacto, como el Frente Marino Pedernales, que –a
solicitud del Gobierno- diseñó y entregó listo para ejecutar justo frente a la
playa del pueblo.
Katia Adames, presidenta del Clúster Turístico de Pedernales, y su esposo, agrónomo Marino José Vilomar, son dueños de un hostal en Barrio Alcoa.
Ella: “Si al pueblo lo dejan fuera de las
inversiones, seríamos otro Verón, por no decir otra cosa. Seríamos nada. El
desarrollo debe ser completo. No quiero que nos cojan a nosotros como el patio,
la parte de atrás de la casa”.
Él la avala: “Si no hay desarrollo
paralelo, eso sería igual a darle la espalda al pueblo de Pedernales. Muy
peligroso”.
Sobre las posibilidades de satisfacción de
la demanda de productos agropecuarios que genere una gran población de
turistas, Adames plantea:
“Hemos estado trabajando por un desarrollo
turístico de baja densidad y con calidad, y pensamos que con un buen apoyo del
Gobierno y Agricultura, la comunidad pudiera abastecer la demanda. Actualmente
nosotros nos estamos abasteciendo desde San José de Ocoa y Santo Domingo, y nos
sale caro”.
Él: “Si es real el proyecto de
construcción de las habitaciones en Pedernales, deberían estar ya preparando los campos y
produciendo, construyendo invernaderos, porque los
visitantes demandan muchos vegetales y muchas frutas, y Pedernales no tiene
capacidad ahora para atender esa demanda. A nosotros deberían ponernos en capacidad de aportar mínimo el 70% de la
demanda. No me cuadra que estén hablando de todas esas
habitaciones sin que resuelvan ahora el problema de la agricultura”.
El agrónomo Ricardo Estévez (Cano) echó los dientes trabajando las tierras de La Altagracia, en Sierra Baoruco, donde tiene sembradíos de aguacate, café. Vive la agricultura.
“Pedernales tiene un alto potencial para
la agropecuaria y el ecoturismo. Es
la única provincia de la isla que posee todas las zonas de vida, desde
bosque espinoso hasta bosque nublado, y una gran variedad de climas, según
Holdridge. Eso le permitiría desarrollar el mejor turismo de las Antillas.
Debería llamarse oficialmente La
Provincia Ecológica de República Dominicana”.
Explica que hay valles fértiles
suficientes para abastecer la demanda local y a los huéspedes, como Los
Olivares, Sabana Sansón, el de Juancho y una gran zona productiva en las
montañas.
Pero para potenciar tales recursos –según
Estévez- el Gobierno tendrá que cambiar la actitud de abandono y olvido a que
Pedernales ha sido sometida históricamente.
Cita la pesadilla que sufren los
productores de la sierra para sacar las cosechas al mercado.
“Las carreteras y los caminos
interparcelarios no existen para sacar los productos sin estropearlos. Hay que
construir carreteras y caminos vecinales hacia las zonas productivas, como El
Manacle, Higo Grande, Bella Vista, La Canoa, San Isidro, El Mogote y otros.
Estos servirían también como senderos para los ecoturistas y para visitar
lugares de la sierra desde donde se tienen impresionantes vistas panorámicas al mar y las
llanuras de Pedernales, incluyendo avistamiento de isla Beata y Alto Velo”.
Vladimir Valdez produce aguacates y otros
cultivos en Los Arroyos, también en la montaña.
Cree que “los alimentos que podrían traer
más problemas de demanda son las verduras, las papas, la cebolla. Y todos se
dan en la parte alta. Traerlos de Constanza o de Ocoa tendría costos altísimos.
Pero resulta que toda la parte alta de Pedernales, tiene problema”.
Explica que, en 2004, quienes se
repartieron las tierras del Estado, diligenciaron sacar a Bahía de las Águilas
del Parque Jaragua para hacer sus negocios. Y para lograrlo alteraron los
límites e incluyeron las lomas con alto potencial agrícola. l
“Para justificarse, cambiaron los puntos de referencia y agrandaron el parque hacia arriba, incluyendo en zona protegida toda la parte agrícola y hasta las casas de los productores, o sea, afectaron a todo el mundo. Lo primero es resolver eso y luego comenzar a programar siembras en función de las necesidades de consumo de los turistas y de la población local. El mercado más cómodo y sólido será el turismo”.
Aquí, a 307 kilómetros de la capital,
sobrevivir a las carencias es el desafío de cada día. Falta todo lo necesario
para la vida digna. Y, sin embargo, paradojalmente, ese pueblo aún muestra
paciencia y luce alegre.







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