Escrito por
La Redacción.
junio 14, 2020
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| Doctor Hendrik Streeck, director del Instituto de Virología de la Universidad de Bonn, |
Bonn, Alemania.- Nunca en la historia de
la humanidad un virus había despertado tanta controversia como el SARS-CoV-2. Su
origen, los mecanismos de infección, su grado de letalidad, la efectividad de
los distintos tratamientos, la posibilidad de desarrollar una vacuna, las
estrategias para detener su propagación.
Todo está sometido a una intensa
discusión, de la que no participan solo los especialistas. No hay nadie que no
tenga su propia teoría sobre el nuevo coronavirus.
Lo más llamativo de ese ruidoso debate es
que muy pocas de las opiniones
que circulan se basan en evidencia científica sólida. Que un
ciudadano lego fundamente sus opiniones en prejuicios es esperable. Lo curioso
es que también muchos expertos emiten sentencias y recomendaciones
prescindiendo de cualquier respaldo empírico.
Hendrik Streeck ofrece exactamente
lo contrario. Dirige
el Instituto de Virología de la Universidad de Bonn, es uno de los máximos
especialistas alemanes en virus y lideró el estudio de campo más importante
sobre el brote de coronavirus en Alemania.
Entre marzo y abril, su equipo de trabajo
realizó diferentes pruebas y entrevistas a una muestra de 919 vecinos de
Gangelt, un municipio de 12.000 habitantes en el estado de Renania del
Norte-Westfalia, que se convirtió el 15 de febrero en uno de los principales
focos de contagio del país.
La investigación permitió extraer
importantes conclusiones sobre cómo actúa el virus que tanto miedo despierta en
el mundo. Por ejemplo, que la
cifra de personas contagiadas puede ser cinco veces mayor a la oficial (este
es el dato de su estudio, y él lo atribuye a un testeo muy agresivo, pero para
Alemania en general la calcula entre siete y diez veces mayor), que la letalidad es una décima parte de lo que se
creía al comienzo, que la probabilidad de contagio entre los
habitantes de un mismo hogar es mucho menor a la que se sospecha y que gran
parte de las infecciones se produce en ciertos eventos masivos, más que en el
uno a uno. De todo esto habló Streeck en esta entrevista con Infobae.
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| Un puesto de testeos de coronavirus en la alcaldía de Gangelt, Alemania. |
—Pasaron seis meses de la
irrupción del nuevo coronavirus, que al principio era un misterio del que se
sabía muy poco. Usted lideró un estudio muy importante en Gangelt y esperamos
que tenga algunas respuestas. ¿Qué cosas se saben ahora acerca del virus que se
desconocían al principio y qué cosas siguen siendo una incógnita?
—Lo que sabemos de los estudios que
realizamos en Alemania es que hay una tasa más alta de individuos infectados
sin ningún síntoma, que no saben que se contagiaron. En Gangelt descubrimos que
una de cada cinco infecciones son asintomáticas, pero hay reportes de otras
ciudades que hablan de un 43% y en Australia hubo un crucero en el que el 80%
no tenía síntomas. Este es un factor muy importante, porque se relaciona con
cómo se propagó el contagio sin que nos diéramos cuenta. En nuestro estudio de
seroprevalencia (que mide el desarrollo de anticuerpos ante un virus)
encontramos que el 15% de la población había estado infectada. Antes de eso, se
creía que sólo alrededor del 3% se había contagiado. Es importante notar que en
Gangelt hubo un evento de superpropagación, relacionado a las festividades de
carnaval. Se infectó el 40% de los que participaron, aunque no todos fueron
testeados, porque en ese momento no se tenía la capacidad de hacerlo. Al saber
cuántas personas contrajeron el virus en este pueblo de 12.000 habitantes
pudimos inferir, por primera vez en Alemania, la tasa de letalidad de la
infección, es decir, cuántas de las personas infectadas mueren. Podría variar
dependiendo del pueblo, de la demografía, de la dosis de infección que contraen
los individuos, pero para ese municipio en particular encontramos que era de
0,37 por ciento.
—En las últimas semanas,
varios virólogos italianos afirmaron que el virus se está debilitando y que la
carga viral de los pacientes está disminuyendo. ¿Es esto posible? ¿Han
detectado algo similar en Alemania?
—Claro que es posible que el virus mute y
se vuelva menos virulento. Sin embargo, no he visto datos ni investigaciones
científicas que demuestren eso. Lo que sí estamos viendo, aunque aún no tenemos
datos, es un incremento en los casos asintomáticos. Especulando, esto podría
relacionarse con el curso de la infección. Como la gente respeta el
distanciamiento social, toma medidas de higiene y usa máscaras faciales, cuando
se contagia, recibe solo unas pocas partículas del virus, y esto puede llevar a
un curso asintomático. Es algo especulativo, pero es una observación que hemos
hecho.
—Usted recién contaba que
en Gangelt hubo un evento de superpropagación, y hay estudios que hablan de
individuos que serían superpropagadores. ¿Cómo ocurre esto? ¿Qué porcentaje de
la población puede haberse contagiado por un individuo que propagó el virus?
—No sabemos por qué un individuo puede ser
un superpropagador, pero se estima que el 10% de los infectados puede haber
desencadenado el 80% de los contagios. El efecto de los focos infecciosos
parece ser muy alto en este virus. De los brotes que tuvimos, al menos en
Europa, aunque también hubo casos en América del Norte y del Sur, se puede ver
que siempre se remontan a eventos singulares. Tenemos el bar en el centro de
esquí de Ischgl (en Austria), un club nocturno en Berlín, el carnaval en
nuestra área, y en Bérgamo (Italia) hubo un partido de fútbol en el que uno o
unos pocos superpropagadores difundieron el virus. No es que pasa de una
persona, a otra persona, a otra persona de manera pareja, de modo que un
individuo contagia a tres. Si fuera así, veríamos un incremento constante y no
es lo que sucede. Pero qué hace que un individuo sea un superpropagador no lo
sabemos.
No sabemos por qué un individuo puede ser
un superpropagador, pero se estima que el 10% de los infectados puede haber
desencadenado el 80% de los contagios.
—En su estudio encontró
que la probabilidad de infección dentro del hogar está alrededor del 15%,
¿correcto? Porque es una proporción muy baja para lo que se pensaba. Muchas
personas creen que es posible infectarse a través de objetos, de la ropa o del
aire. ¿Cómo es realmente?
—Son dos preguntas diferentes. Por un
lado, hemos visto un tasa de contagio del 15% en los hogares, algo común a
otras infecciones respiratorias, como influenza o SARS, en las que también se
ve una tasa de contagio del 15 por ciento. Es diferente a lo que pasa con otras
infecciones que se contagian por contacto estrecho, como el rotavirus (que
causa diarrea) o el norovirus (que causa gastroenteritis), que cuando hay una
persona infectada en la casa, se contagian todas las demás normalmente. Así que
el 15% no es tan poco común. Pero hay que ver el tamaño del hogar. Puede ser
diferente en Argentina, dependiendo de cómo vive la gente y cómo interactúan
las familias, lo cual puede cambiar las formas de contagio. Lo que vimos en
Gangelt es que en un hogar de dos personas, si una se infecta, la probabilidad
de que la otra se contagie es del 43 por ciento (la suma del 15% de
probabilidad base para todos los habitantes más un 28% propio del contagio
secundario en el hogar). Pero para hogares de tres o cuatro personas la
proporción desciende a 18 por ciento (la suma del 15% base más un 3% adicional
de riesgo de contagio intrafamiliar). En un hogar más grande es más fácil tomar
distancia y que unos eviten a otros. Esto es especulativo, pero puede
significar también que es menos probable que se contagien los niños, aunque es
algo que nuestro estudio no pudo mostrar.
—Hay mucha discusión sobre
la inmunidad. Por ejemplo, se dice que Corea del Sur detectó pacientes que
volvieron a dar positivo semanas después de haberse curado. ¿Desarrollan
inmunidad las personas que vencen al Covid-19? Y si es así, ¿qué tipo de
inmunidad es y cuánto dura?
—La respuesta corta es que no sabemos.
Solo entendemos al virus en la medida que lo vamos conociendo. Hemos podido
estudiar la inmunidad apenas desde principios de año, así que no podemos decir
nada para un período más largo. No obstante, conocemos otros coronavirus. Aquí
en Alemania, y creo que pasa lo mismo en Argentina, hay cuatro coronavirus endémicos,
que siempre reaparecen en invierno y en otoño, y que causan una enfermedad
similar a la gripe. Tienen nombres como OC43 y NL63, que uno normalmente olvida
y en los que no está interesado, pero provocan algunos de los típicos
resfriados que se experimentan en el invierno. Sabemos que para esos virus es
posible desarrollar inmunidad por unos dos años, quizás más, quizás menos, y es
posible volver a infectarse. Pero la reinfección no es tan severa como la
infección inicial. Aunque no sabemos cómo se va a comportar el SARS-CoV-2,
podemos asumir que va a ser bastante parecido en términos de inmunidad por el
tipo de virus que es. En el caso de personas que parecen haberse reinfectado en
Corea del Sur puede deberse a las capacidades de testeo. El hisopado PCR
depende de captar áreas infectadas en la garganta. Cuando la persona empieza a
curarse, puede haber partes infectadas a las que no llega el hisopado. Al
momento en que una persona queda curada de SARS-CoV-2 es posible encontrar un
PCR positivo y también uno negativo. Pero dudo que en esos estudios a los que
se refiere haya habido una reinfección. Es muy poco probable.
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| Un pasajero con una máscara protectora camina en un andén cerca de una famosa catedral gótica en Colonia, Alemania. |
—La epidemióloga Sunetra
Gupta, de la Universidad de Oxford, dice que algunas personas pueden
desarrollar una inmunidad cruzada al SARS-CoV-2 a través de otros coronavirus,
como los que recién describía. ¿Es posible que se genere cierta protección sin
haberlo contraído?
—Bueno, es posible que haya un nivel de
reactividad cruzada, que si tuviste una infección previa con otro coronavirus,
tengas ahora una enfermedad más débil, más asintomática. En particular, no la
inmunidad a través de los anticuerpos, que proviene de haberse contagiado el
virus, sino a través de las células T, que reconocen células infectadas y las
matan. Es más probable que puedan hacer un reconocimiento cruzado de esas
células. Hay estudios que sugieren que esa capa de inmunidad puede prevenir que
la enfermedad sea más severa y que algunos individuos tienen un nivel de
protección contra un curso más severo del COVID-19.
—¿Qué opina de la
inmunidad de rebaño? ¿Es posible que se relacione con el descenso de la tasa de
contagio y de muerte en Europa y en Estados Unidos? ¿Con qué porcentaje de la
población infectada se alcanza?
—No creo que la inmunidad de rebaño
desempeñe aún un rol en esta crisis, porque no tenemos un número tan alto de
infectados. Puede que sí juegue un papel en Italia, donde esta semana fue
publicado un reporte que afirma que el 59% de las personas en Bérgamo tiene
anticuerpos contra el SARS-CoV-2, un porcentaje de seropositividad. A ese nivel
la inmunidad de rebaño puede desempeñar un rol. Actualmente, creo que es
nuestra única arma contra este virus, que se ha propagado en todas las capas
sociales. Porque aunque haya una vacuna en algún punto, no sucederá demasiado
pronto. Así que tener inmunidad en la población, aunque sea parcial, puede
ayudar a proteger a los más vulnerables.
La inmunidad de rebaño es nuestra única
arma contra este virus porque aunque haya una vacuna, no será demasiado pronto.
—¿Cuán optimista es
respecto de la posibilidad de que se desarrolle una vacuna exitosa que pueda
suministrarse a toda la población mundial, no solo en un país rico como
Alemania, sino también en Sudamérica? ¿Es realista pensar que eso es posible
para fin de año o para el año que viene?
—Es muy difícil predecir si una vacuna va
a funcionar o no. Yo me he dedicado a estudiar e investigar sobre el VIH y la
hepatitis C, que son virus ARN para los que no hay vacuna. A lo largo de los
años se crearon más de 500 constructos para esos virus y un puñado de ellos ha
sido probado en humanos para ver si podían proteger contra una infección, y
ninguno ha funcionado. Tenemos que esperar las pruebas para ver si es eficaz o
no. En el peor escenario posible, tendremos una vacuna con una eficacia del
50%, de modo que solo una de cada dos personas estaría protegida. ¿Realmente
queremos lanzar una vacuna así, y que la gente vacunada crea que está protegida
cuando al final no lo está? ¿O queremos mejorarla y esperar más tiempo? Así que
puede ser que a fin de año tengamos una vacuna, pero también puede ser que tome
diez o 20 años. Nadie sabe.
—Esta semana, la
Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que es “muy inusual” que los
infectados con Covid-19 que no presentan síntomas contagien —luego relativizó
la declaración—. ¿Cree que es posible que los síntomas y la capacidad de
contagio estén vinculados?
—Primero que nada creo que estas son muy
buenas noticias, porque significa que será más fácil identificar a los
individuos que podrían estar infectados. Si piensas en otros virus
respiratorios, encuentras el mismo fenómeno. Por ejemplo, la influenza: hay
contagio cuando hay síntomas. También sucede con el dengue. Sólo para algunas
de las infecciones por contacto se dan contagios cuando aún no hay síntomas.
Por ejemplo, el sarampión, que en la fase presintomática los individuos pueden
propagar el virus. Entonces ahora, teniendo un porcentaje mayor de personas
asintomáticas, pero sabiendo que quizás no hay que preocuparse por ellas porque
no propagan el virus, es mucho más fácil concentrarse en las infecciones de los
individuos con síntomas y eso nos da una oportunidad para controlar mejor la
epidemia.
—El número oficial de
infectados en Alemania es 187.000, pero su estudio en Gangelt mostró que el
porcentaje de infectados, al menos allí, era mucho más alto. ¿Cuánta gente
estima que contrajo el virus en su país? ¿Qué proporción de esa gente podría no
saberlo?
—Eso es muy difícil de calcular, porque no
tenemos la suficiente cantidad de estudios sobre esto, aunque hay muchas
investigaciones desarrollándose ahora mismo para comprender la verdadera tasa
de infecciones en Alemania. Realmente depende mucho del lugar donde desarrolles
el estudio. Lo que se ha tomado como cierto en Alemania, también por el
Instituto Robert-Koch, es que tenemos entre siete y diez veces más contagios
que el número oficial. Digamos diez veces más. Esto también lo vimos en
Gangelt, los infectados eran cinco veces más de los que se creía, pero en ese
caso el número es menor porque nosotros hicimos un trabajo de testeo muy
agresivo. Creo que ese es un número bueno con el cual trabajar y que también
coincide con nuestra tasa de letalidad, que calculamos en un 0,37 por ciento.
Si la aplicas esa tasa a la ciudad italiana de Bergamo, donde 59% de la
población estuvo infectada, se puede asumir -y esto es sólo un modelo
epidemiológico- que la tasa de letalidad en Bérgamo es del 0,43%, dentro del
margen de error del 0,37 por ciento. Entonces, este nivel de casos que no están
siendo detectados es un factor importante para comprender la enfermedad después
de todo.
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| La canciller alemana Angela Merkel y el ministro de Finanzas Olaf Scholz John Macdougall. |
—La mortalidad del
Covid-19 es aún un tema de debate. Inicialmente, hubo varias proyecciones que
indicaban que si no se tomaban medidas severas y rápidas, millones de personas
morirían. Eso no parece haber sido muy preciso hasta ahora. Si tuviéramos que
comparar la mortalidad del coronavirus con la de otras enfermedades, ¿qué
encontraríamos?
—Bueno, como virólogo me cuesta bastante
comparar un virus con otro. Incluso entre los de la misma familia uno trata de
no hacerlo. Pero, veamos. El coronavirus es un virus que hay que tomar
seriamente, no deberíamos tomarlo a la ligera. Por eso creo que las medidas al
comienzo fueron muy importantes, porque necesitábamos tiempo para entender al
virus. Necesitábamos tiempo para entender cuál era la mejor manera de
controlarlo y de reaccionar ante él. Particularmente creo que en ese sentido
fueron importantes las cancelaciones de eventos masivos. Ahora, una tasa de
letalidad del 0,37% o del 0,4% es bastante más alta que la de la gripe
estacional, por ejemplo, que está en torno al 0,1 por ciento. Pero, al mismo
tiempo, es bastante menos mortífero de lo que creíamos y temíamos al comienzo
por las imágenes que veíamos. Y ahora que se están tomando medidas higiénicas
espero que la letalidad baje aún más y que tengamos aún más cantidad de casos
asintomáticos como consecuencia de una carga viral menor.
Una tasa de letalidad del 0,37% o del 0,4%
es bastante más alta que la de la gripe estacional pero, al mismo tiempo,
bastante menos mortífera de lo que creíamos y temíamos
—Ha pasado más de un mes
desde que Alemania comenzó a relajar las restricciones sociales y, hasta ahora,
no hubo un aumento significativo de los casos. ¿Qué les permitió mantener al
virus bajo control? Considerando que usted dijo que fue correcto imponer
medidas duras al comienzo, ¿haberlo podido controlar significa que quizás no
sea necesario volver a imponerlas más adelante?
—Bueno, la verdad es que no lo sabemos. No
sabemos cómo hubiera sido, y nadie tiene la bola de cristal para saber lo que
vendrá. Pero al menos para Alemania nosotros vemos que podría depender del
clima. No tenemos certezas, pero podría estar vinculado a la humedad, por
ejemplo. Y lo vemos claramente con los otros coronavirus: tenemos un comienzo
de las olas en el mes de noviembre y un final en mayo. No me refiero al
SARS-CoV-2, pero ahora justamente vemos que se comporta de forma similar y por
eso podemos asumir que sucederá algo parecido. No puedo referirme a lo que
sucede en Argentina, porque no sé nada sobre el clima ni la humedad que tienen
en el país, ni ninguno de los otros factores que allí podrían jugar un rol,
pero al menos para Europa observamos esta relación. Y, al mismo tiempo, podemos
esperar ver un crecimiento y nuevas infecciones otra vez. Ahora tenemos tiempo
para prepararnos para eso, y evaluar que cuál es la mejor forma de controlar
esos nuevos brotes que podrían llegar con el otoño.
—Entonces, ¿usted
considera la posibilidad de que llegue una segunda ola, o incluso tercera ola
de coronavirus?
—No creo que sea una ola. Creo que como
estamos tan atentos ahora, y vigilando al virus, es posible que tengamos un
aumento de pequeños focos de contagio, y trabajaremos para contenerlos de
manera inmediata. Ola refiere a algo que te rodea, y no creo que nos veamos
rodeados por tantas infecciones.
No creo que venga una nueva ola. Es
posible que tengamos un aumento de pequeños focos de contagios y trabajaremos
para contenerlos de manera inmediata
—Hablando nuevamente de
cuarentenas, y partiendo de la base de que cada país es diferente, una vez que
las restricciones son impuestas, ¿por cuánto tiempo cree que deberían ser
mantenidas? En Europa los confinamientos fueron bastante breves, pero en varios
países de América Latina ya superaron los dos meses y aún continúan. Al mismo
tiempo, la curva de contagios sigue subiendo, aún no baja. ¿Cree que hay un
límite para estas medidas duras?
— Es tan difícil responder esta pregunta.
Quiero decir, depende completamente de cuántas infecciones observes, de cómo
sea el pico, cuántos testeos hagas, qué capacidad sanitaria tengas y cuán
habilidoso seas en el rastreo de contactos. Me genera mucha curiosidad saber si
el incremento en la curva de contagios que ustedes observan allí está vinculado
a su temporada de invierno. Una cosa que a mí me interesaría observar en su
país es cómo se comportan los otros coronavirus a través de las temporadas
climáticas. Si ven una caída en primavera o no. Porque como ustedes ahora se
están acercando a su temporada invernal, es posible que vean un aumento debido
al clima. Pero de nuevo, honestamente no lo sé, y tampoco tengo claro en ese
contexto cómo debería ser su confinamiento. En realidad esas son decisiones
exclusivamente políticas.
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| El municipio de Gangelt, escenario de un evento de supercontagio en Alemania. |
—Volviendo al caso alemán,
si uno lo compara con lo que sucedió en otros países europeos, sus resultados
fueron bastante diferentes. Alemania está entre los diez países con mayor
número de infecciones registradas, pero ni siquiera entra en el top 20 en
mortalidad por habitante. ¿Cómo se explica que hayan muerto tan pocas personas
en relación a la cantidad de casos?
—Creo que ya lo he dicho, pero la tasa de
letalidad del virus depende de cuánta gente esté siendo diagnosticada con la
enfermedad y Alemania se ha destacado por su capacidad de testeo. Hemos
apuntado a testear a todos, inclusive a aquellos sin síntomas. Entonces, para
los países que parecen tener una muy alta mortalidad ligada al COVID-19, yo
deduciría ahora mismo que en realidad lo que tienen es una población mucho más
alta de individuos infectados, pero que no lo saben. En promedio en Alemania
hacemos medio millón de test a la semana.
—Pero eso no termina de
explicar cómo hizo Alemania para gestionar exitosamente el virus, ¿o si?
Entonces, ¿a qué cree que se debe haber logrado una estrategia tan exitosa
globalmente? ¿Está vinculado a su sistema de salud pública, a algún factor
demográfico?
—Claro. Creo que un factor muy importante
es haber hecho un testeo agresivo de la población, y estamos haciendo mucho
rastreo de contactos para identificar a cualquiera que pudiera haber estado en
contacto con alguien infectado. Además, realmente aumentamos la cantidad de
camas de terapia intensiva, hasta las 30.000, y tuvimos el tiempo para
prepararnos para la ola de COVID-19 que, de hecho, no golpeó a Alemania de
manera tan fuerte. Los médicos pudieron leer sobre la enfermedad, comprenderla,
encontrar el mejor tratamiento. Pero no creo que haya un factor particular que
haya hecho que Alemania tenga una experiencia exitosa, en relación con otros
países.
De forma similar, hay otros países con
experiencias exitosas, por ejemplo Vietnam fue muy exitoso, Japón, Grecia. En
particular el caso de Grecia es bastante interesante, si se lo compara con
países similares. Detrás de esos resultados puede haber otro tipo de factores
que aún no somos capaces de explicar, pero que podrían estar vinculados a otros
coronavirus, pero bueno, simplemente no lo sabemos.
Fuentes: INFOBAE, Agencia Reuter y MSN-NOTICIAS






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