Escrito por
La Redacción.
febrero 05, 2020
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Una Cámara alta fracturada vota el tercer 'impeachment' de la historia. Solo el republicano Mitt Romney rompe filas con el partido y condena al presidente.
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| Donald Trump |
Washington.- El presidente de Estados
Unidos, Donald Trump, afronta la recta final de su mandato envalentonado y con la mira en la reelección tras haber
superado el proceso institucional más grave de la política estadounidense,
el impeachment.
El Senado ha votado este miércoles un
veredicto absolutorio de los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso
a raíz de un escándalo de presiones a Ucrania en busca de su
beneficio electoral.
Nunca ha habido incertidumbre, la mayoría
republicana de la Cámara alta arropó a su líder desde el primer momento. El
desenlace marcará la pauta a las presidencias venideras.
La historia de un país, vista de cerca,
mientras se fragua, puede resultar tediosa, hasta vulgar. En las dos semanas
que ha durado el tercer juicio a un presidente desde la
fundación de Estados Unidos se ha visto a senadores haciendo crucigramas y
aviones de papel, adormilándose y metiendo caramelos de contrabando en la sala.
Las sesiones maratonianas —algunas han
llegado superar las 12 horas— han mostrado lo prosaicos pueden llegar a
resultar los momentos supuestamente cruciales de una nación, sobre todo cuando
el resultado se descuenta.
La tarde de este miércoles, sin embargo,
dominaron las caras graves momentos antes de la votación. Uno a uno, los
senadores fueron respondiendo en voz alta -algunos de pie- "culpable o
"no culpable" a los llamados artículos del impeachment,
abuso de poder y de obstrucción al Congreso.
Pasadas las cuatro y media de la tarde,
Donald Trump ha quedado absuelto del cargo de abuso de poder por 52 votos, frente
a los 48, y del de obstrucción, con 53 a 47, en una división claramente
partidista.
La condena y consiguiente destitución del
presidente, que nunca antes ha ocurrido, requería el apoyo de dos tercios del
Senado, 67 de los 100 senadores, y los 53 escaños de los republicanos se habían
mantenido como una fortaleza. Solo Mitt Romney, el senador de Utah que fue
candidato presidencial en 2012, muy crítico de Trump, anunció este miércoles
que votaría para condenarle.
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| Un grupo de jóvenes de Minnesota, en viaje de estudios, protesta con pancartas contra Donald Trump en el Capitolio, este miércoles. |
"El presidente es culpable de un
terrible abuso de la confianza pública", dijo Romney, en un breve discurso
que tuvo que interrumpir en ocasiones, aparentemente emocionado.
Se convirtió así en el primer senador de
la historia en votar por la destitución de un presidente de su propio partido.
De nuevo, la historia. Esta empezó con la
denuncia de un informante procedente de los servicios de inteligencia, en un
escrito del 12 de agosto y se encendió de forma rápida. El 24 de septiembre, la
Cámara de Representantes anunció la apertura de la investigación previa.
El mandatario estadounidense está acusado
de abuso de poder por las presiones a su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, para lograr que la justicia ucrania anunciase dos investigaciones que
perjudicaban a sus rivales políticos demócratas, utilizando incluso la
congelación de 391 millones de dólares en ayudas militares y una invitación a
la Casa Blanca.
Una de las pesquisas tenía que ver con Joe
Biden, precandidato demócrata, y el hijo de este, Hunter, por su trabajo con
una empresa gasista en ese país, Burisma, cuando el padre era vicepresidente.
La otra tenía por objeto una teoría
desacreditada según la cual habría una campaña de injerencia lanzada desde
Ucrania en las elecciones presidenciales en Estados Unidos de 2016 para
favorecer a los demócratas.
La defensa republicana se ha elevado como
un muro infranqueable tras semanas de testimonios acusando al mandatario.
La instrucción de este proceso ha mostrado
todo un entramado de diplomacia paralela al servicio del presidente en la
que su abogado personal, Rudy Giuliani, ha desempeñado
un papel fundamental, transmitiendo los mensajes de presión del mandatario a
funcionarios del país.
Varios republicanos han reconocido en los
últimos días que los hechos denunciados en este caso son ciertos y están, pero
no ameritan un impeachment, como hizo el senador Lamar Alexander.
O que son “vergonzosos”, pero aun así lo absolverán como confirmó Lisa
Murkowski.
Otros, como, Marco Rubio, han considerado
sencillamente que, independientemente de su justificación, un impeachment en
este momento no responde al interés general del país.
Este impeachment habla
de la política de Estados Unidos, pero también de su sociedad. Ninguno de los
senadores ha sentido que el voto de este miércoles pueda arruinar su carrera
política y Trump, desde que el procedimiento comenzó, ha visto llegar su índice
de aprobación al máximo de su presidencia (49%), según los datos de Gallup,
gracias —sobre todo— a la buena marcha de la economía.
También la de Bill Clinton, en plena bonanza y operación Zorro del
Desierto, se había disparado al 73% poco antes del veredicto.
La señales que envían los votantes pesan
en lo que ocurre en el Capitolio y el apoyo a la destitución de Trump tampoco
ha superado nunca la barrera partidista de los votantes: los demócratas se
mostraban abrumadoramente a favor y los republicanos en contra.
La diferencia entre Trump y Clinton es que
este último llegó a pasar miedo cuando se descubrieron sus mentiras, sintió que
podía llegarle el día que le llegó a Richard Nixon, en el que políticos de su
partido llamaron a su puerta para advertirle de que le retiraban su apoyo, y
pidió perdón.
Nixon, acorralado, dimitió justo antes de
que la Cámara de Representantes aprobase la acusación y le enviase a juicio al
Senado. América es un poco más cínica desde el Watergate.
El libro Impeachment. Una
historia americana recuerda que antes de aquel escándalo, más de la
mitad de los estadounidenses respondía en las encuestas que confiaban en que
los presidentes hacían “lo correcto” y esos porcentajes nunca se han
recuperado.
El primer impeachment de
la historia, el del demócrata Andrew Johnson (1868) acabó con la conclusión de
que una disputa política no debía juzgarse como un delito, en el de Clinton se
produjo un debate nacional, sobre la esfera privada y pública de un mandatario,
y sobre el grado de gravedad de mentir a la nación.
¿Qué reflexión ha hecho Estados Unidos con
el juicio a Trump? Es difícil identificarlo.
El juicio, una vez en la Cámara alta, se
ha cerrado con rapidez y sin la declaración de algunos testigos que los
demócratas creían vitales y que Trump había vetado, porque tampoco en eso los
demócratas han encontrado apoyo en los republicanos.
El torpedeo al proceso abierto en la
Cámara de Representantes le ha supuesto el cargo de obstrucción. Cada impeachment,
se ha dicho mucho en Washington en estos meses, marca la pauta a las
presidencias del futuro.
Se han pronunciado frases duras en este
proceso y se han vivido momentos trascendentales en las audiencias.
Un embajador estadounidense, Gordon
Sondland, aseguró que había presionado a Ucrania siguiendo las órdenes del
presidente. Otra diplomática, enfrentada a Trump, Marie Yovanovitch, ha
relatado como le llegaron a advertir que “cuidara sus espaldas” y que se
marchara de Kiev “en el siguiente avión”.
Los padres fundadores fueron conscientes
de que el presidente del país que nacía iba a acumular tanto poder que había
que dotar a la Constitución de un instrumento para destituirlo bajo determinadas circunstancias.
Así vio la luz el Artículo II, sección 4,
que dice: “El presidente, vicepresidente y todos los funcionarios civiles de
Estados Unidos serán retirados del cargo al ser acusados y declarados culpables
de traición, sobornos, y otros delitos y faltas graves”.
Este miércoles, el Senado de Estados
Unidos ha determinado que Donald Trump debe completar los 349 que le quedan de
mandato.
La víspera del veredicto, durante el
discurso del Estado de la Unión, se mostró confiado y agresivo, crecido.
El 3 de noviembre de 2020, en las elecciones presideniales, se someterá al impeachment definitivo:
será el día en el que los estadounidenses le elijan para gobernar cuatro años
más.



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