Escrito por
La Redacción.
mayo 20, 2019
-
0
Comentarios
El municipio barcelonés de Vic lidera las protestas que organiza el secesionismo.
![]() |
| Fachada del Ayuntamiento de Vic, en Barcelona, región de Cataluña. |
Vic,
Barcelona.-
La ciudad donde nací se independizó de España en diciembre hará 10 años. No
encontrarán la fecha en ningún tratado internacional ni figura la efeméride en
los libros de historia. Pero aquel 20 de diciembre de 2009 quedó fijado en la
mente de muchos habitantes de Vic como el día de la desconexión. Emocional,
como mínimo.
Al igual que otras varias decenas de
poblaciones catalanas, aquel día celebró una consulta no oficial sobre la
independencia. No había censo, ni recuento oficial. Nada. Pero, ¿quién necesita
formalismos aburridos cuando a uno le embarga la ilusión de fundar un nuevo
país? Arrolló el sí, claro. Por mucho.
La participación, siempre oficiosa, no
superó el 44% de la población, que sin ser mayoría no está mal para una ciudad
de 40.000 habitantes.
Pero las cifras eran lo de menos. “Ya
hemos votado”, se escuchaba en los corrillos. España era ya el pasado y cada
día está más ausente de la vida diaria. O, a lo sumo, se la ve representada en
las calles por una oficina de Correos y una estación de Renfe, ambas bastante
decadentes, todo hay que decirlo.
Ahí sigue Vic 10 años después: en la vanguardia de todas las protestas que organiza el independentismo —que
no son pocas— tras dos referéndums fallidos, la intervención de la autonomía y
el encarcelamiento de medio Govern. Demasiadas emociones fuertes.
Lo que hoy no se entiende en Vic no es
tanto el evidente fracaso de los políticos independentistas. Lo que cuesta
comprender es por qué la otra Cataluña, la de las grandes ciudades, mira con
escepticismo lo de hacer la independencia de un día para otro.
No se escuchan muchos “¿en qué nos hemos
equivocado?”, sino “¿por qué en Barcelona no rompen con España de una puñetera
vez?”.
Y no será porque no haya otros problemas
en la ciudad. Vic rezuma prosperidad, sí. Hay una potentísima industria
agroalimentaria que nutre de embutidos a media Europa y llena de pizzas
refrigeradas todos los supermercados de España.
Pero la mano de obra de esta industria
roza las condiciones de miseria explotada por unas falsas cooperativas que han
hecho de las horas extra mal pagadas la norma de vida.
Marroquíes, ghaneses y nigerianos son sus
víctimas favoritas. Y la ciudad ha logrado el dudoso honor de colarse entre las
que más guetización están sufriendo, según un estudio de la misma
Universidad de Vic, que alerta de la bomba de relojería que está en marcha en los obradores.
Esto por no hablar de la contaminación de
las aguas freáticas que provocan las granjas de cerdos que rodean la ciudad.
Nadie se ha preocupado de explicar si todo esto cambiará mucho en el “nuevo
país” que están montando.


No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario