Escrito por
La Redacción.
febrero 08, 2019
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| Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno Español. |
Barcelona.- El Gobierno Español
cayó este viernes de rodillas. Fundido, exhausto, sudoroso y totalmente
desmoralizado. Incrédulo después de no haber podido arrancar a los
independentistas el compromiso de que retiren las
enmiendas a la totalidad de los presupuestos.
Desde que el lunes ERC anunció
su presentación lo han intentado casi todo. Cedieron en la exigencia de crear
una mesa de partidos con representes del ámbito nacional, como pedía
la Generalitat, y de que en ella participara un mediador,. Un
relator, preferían llamarlo.
Llegaron tan lejos que el PSOE se
levantó como nunca ante estas concesiones y PP y
Ciudadanos convocaron una manifestación este domingo en Madrid
en
contra del Gobierno. Pedro Sánchez asumió
el desgaste con la esperanza de que convencería a los separatistas de que le
tramitaran los presupuestos y poder así tramitar la legislatura.
Y la respuesta fue que el PDeCAT registró
esta mañana su enmienda a la totalidad. Se acabó el juego. El Gobierno abandonó
la partida con la esperanza de desconcertar a los independentistas y forzar que
reconsideren su postura.
a vicepresidenta Carmen Calvo anunció
en rueda de prensa que el Gobierno ha hecho todo lo posible para encontrar una
salida política al encaje de Cataluña en España pero que la
Generalitat "no acepta" su oferta.
La justificación, explicó, es que
reclama hablar
del derecho de autodeterminación y el Ejecutivo "no asume
el planteamiento de un referéndum". "Nunca", subrayó Calvo.
"El Gobierno tiene el deber de mantener el orden constitucional".
Para dar fe de esta posición el Ejecutivo
distribuyó entre los medios de comunicación un documento de tres páginas Bases
para el diálogo, donde se plasman blanco sobre negro los límites de la
negociación.
En él se ratifica la apuesta por la
figura del relator -un verdadero intermediario y no un simple
notario- y por una mesa de partidos en la que el Gobierno por fin reconoce que
participarán partidos de ámbito estatal. La Generalitat quería a toda costa que
estuviese Podemos.
El problema insalvable, según defendió la
vicepresidenta, es el referéndum.
El Gobierno admite que el Govern planteó esta reclamación desde el principio
pero "desde el principio se le dijo que no".
Y, entonces, ¿por qué el Ejecutivo rompe
ahora las conversaciones? La pregunta concita varias respuestas. Pero la más
clara la
ofreció este viernes el número dos de la Generalitat, Pere
Aragonès, y la portavoz Elsa Artadi, en
una comparecencia a primera hora de la tarde, en la que revelaron que el
Gobierno les había pedido "que se retiraran las enmiendas a la totalidad o
que no se presentaran".
Esta declaración echa al traste una de las
máximas que, contra viento y marea, ha defendido el Ejecutivo durante esta
semana: Que la aprobación de las cuentas no
tiene nada que ver con el diálogo en Cataluña.
La negativa a renunciar a las enmiendas ha
forzado al presidente a este último movimiento que se completó este viernes
pero que empezó a dibujarse el jueves por la noche.
Desde luego, el hecho de que perseveraran
en el veto a los presupuestos parece el elemento más importante de la ruptura
pero más factores pueden haber influido. Entre ellos la creciente inquietud
social ante las cesiones del Gobierno.
La aceptación del mediador levantó una
polvareda de críticas en el PSOE, que inició Emiliano
García-Page y culminó
el propio Felipe González. La vicepresidenta admitía este desgaste:
"En situaciones complicadas la ayuda sirve de mucho".
Y a ello se ha sumado que la oposición se
ha echado a la calle en contra del Ejecutivo. Hasta
el socialista Manuel Valls, ex primer ministro francés y candidato
de Ciudadanos a la Alcaldía de Barcelona, ha anunciado su asistencia a la
manifestación de este sábado.
La decisión del Gobierno de romper las
conversaciones con los independentistas deja la legislatura en el aire. Quedan
cinco días para que el Congreso vote
la tramitación de los presupuestos y el Gobierno no tiene los votos necesarios
para hacerlo. ERC y PDeCAT podrían aún rectificar, retirar sus enmiendas y
respaldar al Ejecutivo para tumbar los vetos de PP y Ciudadanos.
Puede pasar pero la sensación que
transmitió la vicepresidenta y Moncloa en general es que la legislatura ha
llegado al final. Como ha dicho públicamente el presidente, recordó Calvo,
"necesariamente se acorta".
La gran decisión de Sánchez ahora es
cuándo convoca. Si lo hace ya por el fracaso de los presupuestos, si opta por
coincidir las generales con las europeas, autonómicas y municipales de mayo
-pese a que transmitió en sus conversaciones con los barones que
no habría superdomingo- o intenta aguantar hasta el otoño. El debate
que se abre ahora en el PSOE es
si la convocatoria debe ser automática, si se tumban las cuentas, o pueden
ganar unos meses de margen.
Se resolverá, según fuentes socialistas,
en los próximos días. En el Gobierno aún se confía en salvar la situación:
"Vamos a ver como se cuecen los independentistas de aquí al
miércoles".
Van a tener que explicar a los ciudadanos
porque no aceptan tramitar unos presupuestos que son buenos para Cataluña y por
qué "rechazan una oferta de diálogo que es razonable". Es la última
bala. El presidente ha confiado en todo momento que los independentistas
cederían y le permitirían la tramitación de las cuentas.
Por eso se reunió en el Palacio de Pedralbes con Quim Torra, transigió
con la mini cumbre y con un comunicado donde se eliminó, por
exigencia de la Generalitat, las referencias a la Constitución. Pensó que así
lo apoyarían y volvió a pensarlo esta semana al aceptar un mediador. Pero nunca
tuvo garantías de ello. Y sigue sin tenerlas.
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