Escrito por
La Redacción.
octubre 06, 2018
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| Ligia Minaya |
Santo Domingo.- Falleció al mediodía de
este sábado a los 77 años, la escritora y abogada Ligia Minaya, quien era
columnista del periódico Diario Libre. El deceso se produjo en Moca, provincia
Espaillat, su ciudad natal.
Ligia Minaya fue fiscal, jueza y además, directora
del Departamento de Estudios Criminales en la Pontificia Universidad Católica
Madre y Maestra de Santo Domingo.
Inició su carrera literaria como
columnista en los años 80, cuando empezó a escribir para el periódico
vespertino Última Hora, conjuntamente con relatos para la revista femenina
Mujer Única. Como resultado de sus 18 años de ejercicio periodístico salió su
libro “Palabras de Mujer”, una compilación de sus artículos.
También escribió el libro de cuentos
eróticos “El Callejón de las Flores” (Premio Nacional de Cuento en 2000), y las
novelas “Cuando me asalta el recuerdo de ti” y “Mi corazón tiembla en la
sombra”.
En 1998 fue galardonada por sus libros “Un
Abuelo Impropio” y “Llanto de cactus en la noche interminable”. Estos dos
libros, junto a “No lo hice por maldad” y “El fuego sagrado del hogar”, fueron
traducidos al italiano.
A continuación el último escrito de Ligia
Minaya publicado en Diario Libre este sábado 6 de octubre:
No hay que negarlo, son mala palabreos. La
gran mayoría son haitianos que cruzan a vivir aquí, a trabajar por menos dinero
que los dominicanos, duermen en el suelo, pero su lenguaje trata de ascender
como el nuestro. A veces uno ni los entiende. Pero los dominicanos, algunos
hablan porquería. Recuerdo que en la escuela nos obligaban a hablar bien, sano
y entendible.
Decir un carajo, hijo de tu maldita madre,
vete pa´la porra, esa maldita loca ojalá se muera, coño, coñazo, pendejo vete
pa´la mierda, son expresiones muy comunes en los dominicanos de abajo.
Uno podría decirlo pero en silencio. Y hoy
es el lenguaje de los haitianos de abajo y los dominicanos que también viven
muy abajo.
Si una amiga llega tarde al trabajo, la
anfitriona puede decirle: “Mira esa loca vieja, siempre se retrasa”. No es lo
mismo desear matar a alguien, que también decirle “ese hijo de la gran
puta...”. He escuchado a muchas personas decir esas mala palabras.
Los niños si no les enseñas cómo hablar,
dicen malas palabras. Me duele escucharlos porque sus padres guardan silencio o
se ríen cuando escuchan esas palabras.
Hasta los políticos dicen cosas que dan
vergüenzas. Yo creo que en las escuelas hay que borrar el lenguaje y ponerlos a
leer en voz alta y corregirlos. Pero se deja que los callejeros digan lo que
digan con toda su asquerosidad. Dios nos ampare.


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