Escrito por
La Redacción.
septiembre 16, 2018
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| Los efectos de Florence aún se sienten en el sureste de Estados Unidos. |
Carolina, Estados Unidos.- La tormenta tropical Florence ha dejado ya trece
muertes en la costa sureste de Estados Unidos y se esperan más víctimas entre
aquellos que han desobedecido la orden de evacuación obligatoria y se pueden
dejar llevar por la impaciencia, ante el lento castigo al que el ciclón somete
a Las Carolinas.
Más de un millón y medio de personas recibieron órdenes de evacuar sus
viviendas en las costas de Carolina del Norte, Carolina del Sur y Virginia,
pero muchos miles decidieron quedarse y afrontar el peligro en casa, en primera
línea del frente.
“Salgan de su camino”, alertó el presidente de EE.UU., Donald Trump, en
un vídeo especial para instar a los ciudadanos a que no “jugasen” con un ciclón
que traía “enormes cantidades de agua”.
A su advertencia se sumaron las de autoridades de todos los niveles del
Estado, pero muchos las ignoraron. Incluso horas antes de que Florence tocase tierra
como huracán de categoría 1, con vientos de más de 90 millas por hora (150
kilómetros por hora), los equipos de emergencia tenían que salir a rescatar a
personas cuyas casas habían sido inundadas en localidades costeras como New
Bern, situada junto a la desembocadura de un río Neuse desbordado. Poco a poco
comenzaron a llegar las noticias de los fallecimientos.
Los primeros, una madre y su bebé a los que se les cayó un árbol en su
casa de Wilmington, a pocos kilómetros de Wrightsville Beach, donde el huracán
toco tierra a primera hora del viernes.
Después llegaron casos como el de un anciano que salió de casa a ver
cómo estaban sus perros de caza, o cuatro más este sábado que murieron en unas
carreteras inundadas o en choques con árboles caídos por los vientos. “No puedo
decirlo más claro- las aguas están subiendo y, si no tienes cuidado, pondrás tu
vida en peligro”, dijo este sábado el gobernador de Carolina del Norte, Roy
Cooper.
Esa es ahora la mayor preocupación- el desbordamiento de ríos y lagos que
recogen los miles de millones de litros caídos en las últimas 72 horas en la
región y que están batiendo marcas históricas de acumulación de agua. También
provoca inquietud que la gente regrese a sus casas al ver que Florence se
adentra en el país y desciende paulatinamente de categoría, lo que supone que
pierde la fuerza de sus vientos, pero no del agua que trae consigo. Y,
mientras, siguen llegando órdenes de evacuación obligatorias, muchos residentes
que se alejaron de la costa hacia el interior regresan al litoral.
Da igual que alcaldes como Brenda Bethune, regidora de Myrtle Beach, en
Carolina del Sur, insistan una y otra vez en que el peligro está por llegar y
pidan que nadie regrese hasta que reciban la autorización para hacerlo.
Sin hacer caso a los avisos, centenares de personas ya se han acercado
hasta la playa a ver los destrozos que había causado la combinación del fuerte
oleaje, la subida de la marea, el viento y las lluvias en Myrtle Beach, por
donde Florence pasó en la madrugada del viernes. Uno de ellos fue el
guatemalteco Sergio Abimael Tox, que llegó a EEUU como trabajador temporal en
la construcción en mayo pasado y se desplazó a Myrtle Beach para hacer unas
fotos y un vídeo que tranquilizasen a su familia en su país natal.
Desoyendo las instrucciones de unos y otros, Tox quiso salir de casa
para ver cómo estaban las cosas y aseguró a Efe no tener “miedo” de Florence,
aunque para llegar a la playa seguramente haya tenido que cruzar puentes que
pasan por ríos cada vez más revueltos.
Poco efecto parecían tener en los residentes también las advertencias
que las autoridades de la ciudad de Fayetteville, en el interior de Carolina
del Norte, hicieron de que los ríos Cape Fear y Little se pueden desbordar.
Para evitar males mayores, ordenaron la evacuación de los residentes en
la ciudad, de la vecina Wade y de todo el condado de Cumberland que vivan a
menos de una milla (1,6 kilómetros) del río Cape Fear pero, escasas horas
después, y según pudo comprobar Efe, vecinos de la zona seguían acercándose a
la rivera fluvial y cruzando los puentes.
Ni la sonora amenaza de que el caudal del Cape Fear puede subir hasta 62
pies (19 metros) parece evitar que el miedo entre en el cuerpo de la gente, un
temor que, junto a la paciencia y la obediencia puede salvar muchas vidas ante
un ciclón que parece que no termina de irse y se desplaza por momentos a solo 2
millas por hora (3,2 km/h), más lento que una persona caminando.




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