Escrito por
La Redacción.
septiembre 28, 2018
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Breno Altman, durante su entrevista esta semana con el periódico El País, en Madrid
. |
El director del medio digital Opera Mundi analiza con el periódico EL PAÍS la coyuntura electoral y se refiere al candidato del Partido Social Liberal (PSL) como “una persona que amenaza la democracia”.
Madrid, España.- Brasil acude a las urnas el próximo 7 de octubre.
Serán el colofón a cuatro años marcados por la Operación Lava Jato, el impeachment a Dilma Rousseff en 2016 y la ausencia del candidato que encabezaba la intención de voto, el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2011), encarcelado en abril acusado de corrupción.
Está por ver si su sucesor Fernando Haddad (Partido
de los Trabajadores) consigue arrastrar el voto lulista y logra
imponerse al favorito ahora en las encuestas, el ultraderechista Jair Bolsonaro
(Partido Social Liberal).
Breno Altman (São Paulo, 1961), director
del medio digital Opera Mundi y analista político cercano al PT, conversa con
EL PAÍS sobre la coyuntura electoral.
Pregunta: ¿Qué se puede esperar en estas elecciones?
Pregunta: ¿Qué se puede esperar en estas elecciones?
Respuesta: Es una elección extremadamente
fragmentada. Con los hechos de los últimos años se destrozó el centro y esa
fragmentación facilitó la opción de Bolsonaro. La primera vuelta tiene una
tendencia definida entre Bolsonaro y Haddad, en las encuestas.
En la segunda vuelta, el 28 de octubre, el centroderecha se va a dividir entre
Bolsonaro; un sector pequeño votará a Haddad, en contra del neofascismo, y otro
sector aguardará el resultado para ver qué hace tras las elecciones.
P. ¿Qué ha supuesto la ausencia de
Lula para el PT?
R. Un gran problema político. Era un
líder popular de gran envergadura. Seguro que con Lula la posibilidad de que el
PT ganara las elecciones por quinta vez en la primera vuelta era enorme. Creo
que fue apartado porque ganaría con facilidad. Sin Lula, el PT tuvo que reconstruir su
estrategia electoral.
P. ¿Por qué el PT tardó tanto en
elegir al sucesor de Lula? ¿Está a tiempo de remontar?
R. Sí está a tiempo y ya está
remontando. El tema del nombre que fuera elegido no era el problema
fundamental, era cómo acumular fuerzas para el momento del plan B. Fue una
táctica electoral. El principal objetivo del PT era luchar por el derecho de
Lula a ser candidato y llevar esa lucha hasta las últimas consecuencias para
reorganizar el bloque de izquierda, generar apego popular y solidaridad internacional.
No es exagerado decir que si se saca al principal líder de la oposición es una
elección fraudulenta, sin legitimidad, pero el PT decidió participar en las
elecciones y tenía que acumular mucha fuerza.
[Según un sondeo del instituto Ibope divulgado
el miércoles, Bolsonaro tiene el 27% de la intención de voto, Haddad el 21%, el
laborista de centroizquierda Ciro Gomes el 12%, el socialdemócrata Geraldo
Alckmin el 8% y la ecologista Marina Silva el 6%].
P. ¿Por qué triunfa un candidato como
Bolsonaro?
R. Desde el fin de la dictadura
[1964-1985] la ultraderecha estaba destrozada desde un punto de vista
institucional y sus electores, que son importantes y numerosos, votaron por la
socialdemocracia. Con el desgaste del centroderecha con la impopularidad del
Gobierno Temer, las acusaciones de corrupción a su entorno… esos sectores de
ultraderecha ganaron autonomía y pasaron a buscar un referente, que hallaron en
Bolsonaro. Como diputado se había presentado con sus valores
racistas, homófobos, misóginos… pero como sucede con los
neofascistas, surgen como una figura un poco folclórica, sin embargo, los
cambios en la situación política y la ruptura con los viejos partidos favorece
a esos personajes.
P. ¿Haddad tendría futuro como
candidato sin una figura como Bolsonaro? ¿Corre el riesgo de ser considerado
una sombra de Lula?
R. Haddad no es un candidato común en
unas elecciones comunes... La candidatura de Haddad es: ‘Haddad es Lula’.
Directamente. Eso no es un problema, es una ventaja para crear identidad. Claro
que Haddad tiene sus características, sus virtudes, no es una persona
cualquiera, tiene experiencia de Gobierno [fue alcalde de São Paulo y ministro
de Educación entre 2005 y 2012], por eso el PT lo elige para esta misión. El
principal atributo de Haddad es que es el representante de Lula. El pueblo
votará por Haddad porque deseaba votar por Lula, pero le prohibieron votar por
él.
P. Habla de confrontación y
polarización ¿Qué escenarios posibles hay con cada candidato?
R. Hay una confrontación en Brasil en
dos bloques: la izquierda y el neofascismo, con posiciones antagónicas. En lo
político, Haddad propone una reorganización democrática del país después del
golpe de 2016 [en referencia a la destitución
de Rousseff], el PT tiene en su programa una Asamblea Constituyente
con proposiciones para aumentar la participación popular, también una ley de
medios de comunicación para quebrar económicamente los monopolios. Bolsonaro es
un hombre autoritario, tremendamente regresista en cuanto a los derechos civiles.
Está en contra de las políticas de cuotas establecidas por el PT, raciales, de
género, tiene una política de seguridad pública a la filipina [el
candidato ha propuesto el porte libre de armas]. Bolsonaro es un Pinochet
institucional. Es un Augusto Pinochet sin golpe de Estado.
P. ¿Cómo afectará a la economía un
cambio de Gobierno?
R. El modelo económico de Bolsonaro
es ultraliberal,
quiere hacer atractivo el país a la inversión extranjera como sea. Haddad
quiere volver al modelo de desarrollo económico de Lula con la construcción de
un mercado interno de masas, más derechos para los trabajadores, servicios
públicos, gasto social y un rol más grande del Estado en la economía como
regulador.
P. ¿Y en el ámbito
internacional?
R. Brasil tiene la posibilidad
geopolítica de liderar el proceso de integración de Latinoamérica. [En caso de
una victoria del PT] Volvería la política exterior de Lula, que se
caracterizaba por una defensa de la multipolaridad, no aceptaba la idea de la
unipolaridad bajo el comando de la Casa Blanca. A favor de la colaboración
Sur-Sur, y de las instituciones políticas y económicas en esa línea, como
los BRICS [países
emergentes].

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