Escrito por
La Redacción.
junio 22, 2018
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Carles Puigdemont era partidario de que Quim Torra no acudiese. Sin embargo, Torra quería ir. Y uno de los objetivos de Torra en el encuentro de Berlín era pactar con Puigdemont una salida digna.
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El presidente de la Generalitat, Quim Torra
(izquierda), se reúne con su antecesor en
el cargo, Carles Puigdemont, en Berlín.
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Barcelona.- Cuando parecía que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, había optado por plantar al Rey Felipe VI en su visita a Tarragona para la inauguración de los Juegos del Mediterráneo, según informa 'RAC-1', ya no está tan claro. Ahora desde Palau abren la puerta que pueda ir por "acontecimientos de última hora".
Tanto el monarca como el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, han confirmado su presencia en el acto que tendrá lugar este viernes al medio día, pero la máxima autoridad catalana no lo ha hecho todavía.
Aunque Torra quiso convertir la visita en una trampa para Felipe VI, finalmente ha sido él quien ha quedado atrapado: si iba, cedía ante el Borbón. Al no acudir, desaira a los tarraconenses a las puertas de las municipales. En todo caso Torra está dando una imagen de improvisación y falta de cuajo político que en nada beneficia a la Generalitat.
En medio del dilema Torra se fue a ver a Carles Puigdemont a Berlín. Puigdemont era partidario de que Torra no acudiese. Sin embargo, Torra quería ir.
Y uno de los objetivos de Torra en el encuentro de ayer era pactar con Puigdemont una salida digna que le permitiera acudir a Tarragona a la inauguración de unos Juegos a los que la administración catalana ha aportado 17 millones de euros de dinero público, según apuntan fuentes cercanas a la Generalitat.
Quim Torra mantiene la incógnita de si plantará al Rey.- Por eso Torra envió la carta al Rey pidiendo un gesto. Pero el Rey optó por evitar cualquier cesión y dejó la negociación política a Pedro Sánchez, haciendo una lectura estricta de la Constitución.
El presidente español aceleró para fijar fecha para la reunión entre Torra y Sánchez en Moncloa para el 9 de julio. Así que la situación se volvió absurda en Cataluña: los dirigentes independentistas exigiendo al Borbón que 'borbonease' mientras que intelectuales y tertulianos –encabezados por Pilar Rahola– y los CDR –organizando protestas contra la presencia real en Tarragona– se distanciaban del gobierno independentista. Incluso Eduard Pujol, portavoz de JxCAT, pidió a Torra que “dejase de gimotear pidiendo un gesto del Rey”.
Ahora se preve que Torra haga una comparencencia públcia a mediodía para justificar su decisión sobre la inauguración de los Juegos del Mediterráneo. Un vacío que costará de justificar cuando se quiere iniciar una fase de diálogo en una acto en el que también estará presente Pedro Sánchez. Y su presencia no gustará a sus votantes. El que tenga que hacer una declaración institucional para explicar si va o no a un acto público es una buena imagen del caos en el que está sumida la Generalitat.
Torra quería ir a Tarragona. Pero también deseaba obedecer a Puigdemont, quien ayer mismo otorgó una entrevista a ElNacional.cat para cargar contra el Rey. Quim Torra no quiere parecer un traidor.
Puigdemont prefiere mantener a Cataluña instalada en la anormalidad institucional. Además, el independentismo necesita un nuevo antagonista. Y Mariano Rajoy ya no sirve, reconvertido en registrador de la propiedad en Santa Pola. La figura del Rey está sirviendo para llenar este vacío.
En mes y medio que lleva en el cargo, Torra ya se ha reunido dos veces con Puigdemont. El propio Torra se define como un “presidente custodio”. La imagen que da responde exactamente a eso. El verdadero poder en Cataluña reside en Alemania.
Torra, atrapado.- Torra se ha tenido que enfrentar a una situación complicada. Institucionalmente debía acudir. Pero el Torra activista preferiría ir a la manifestación contra el Rey. Y el Torra presidente vicario se debe a Puigdemont y sus consignas.
Como máximo representante de la Generalitat, no podía ir a la manifestación así que solo le quedaban dos opciones: o desafiar al hombre que le designó o hacer de presidente de la Generalitat y asumir el nuevo tiempo que le ha tocado vivir: diálogo con Moncloa y bajada de la tensión independentista.
Quim Torra ha visitado a Carles Puigdemont en Alemania dos veces en solo mes y medio que lleva como presidente de la Generalitat
El problema para Quim Torra y el soberanismo se centra de un modo general en la ausencia de compensaciones. No puede conseguir ventajas para los presos mientras siga la instrucción del Tribunal Supremo.
La financiación autonómica tampoco se negociará en esta legislatura. Las bazas que Torra podrá ofrecer a sus votantes son escasas. Y más cuando JxCAT y ERC les están diciendo a sus votantes que ya están construyendo la república que Puigdemont declaró en octubre. La foto de Torra con el Rey iba en contra de todo ese discurso. Iba en contra también de la esencia de la idea: ¿”Fem república” al mismo tiempo que le escribimos cartas al monarca y participamos en actos con el Rey? Parece un sinsentido.
Fase de diálogo.- El Rey será una fase. A partir de la semana que viene Torra tendrá que visitar a Pedro Sánchez en Moncloa. Y después está previsto que el vicepresidente económico, Pere Aragonès, se reúna con la nueva ministra de Hacienda, María Jesús Montero, para intentar conseguir mejoras económicas para Cataluña mientras se negocia el nuevo sistema de financiación.
Con esta perspectiva, las esperanzas de Puigdemont de mantener la tensión política por la cuestión catalana se van desvaneciendo. Y a Torra, en medio del dilema, le queda el recurso habitual del soberanismo en estos casos: la improvisación.


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