Titulares

viernes, 6 de abril de 2018

Luiz Inácio Lula da Silva el 16 de octubre de 2016 y lo repite ahora: "Si me matan, seré mártir; si me dejan libre, presidente otra vez"

Brasil contiene el aliento ante la condena a prisión de Lula da Silva. El Tribunal Supremo se pronunció y decidió eviar a prisión al expresidente brasileño. Esta decisión judicial parece poner en juego la carrera de Lula da Silva a la presidencia de Brail, de la que es el claro favorito. 


Luiz Inácio Lula da Silva entristecido.
Brasilia.- El Supremo Tribunal Federal (TSF), la principal autoridad judicial de Brasil, resolvió el miércoles que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva,  favorito según las encuestas en las elecciones del próximo 7 de octubre, ingrese a prisión para cumplir una condena de 12 años por corrupcion, una acusación de intercambio de favores que no ha podido ser probada.  Los once jueces, en votación 6-5, así lo decidieron. 


El fiscal Deltan Dallagnol,  un confeso evangélico que encabeza el equipo de investigadores de la causa “Lava Jato” que sacó a luz una extensa y compleja trama de corrupción política, se entregó al ayuno y a la oración para que el candidato que cuenta con una intención de voto cercano al 40% entre en un calabozo en Curitiba, en el estado sureño de Paraná. 

“No estoy aquí por mi derecho a ser candidato. Quiero que dejen de mentir y me devuelvan la inocencia”, dijo el lunes por la noche Lula en Río Janeiro durante un acto que contó con la presencia de la viuda de Marielle Franco, la activista asesinada días atrás. 

Lula fue sentenciado en dos instancias por haber aceptado como soborno un departamento en el balneario paulista de Guarujá de parte de una constructora, aunque no se encontró una sola prueba incriminatoria. El expresidente nunca ha ocupado ese inmueble, ni siquiera lo conoce. A los jueces les ha bastado sin embargo con tener la “convicción” de la existencia del delito.

Los medios brasileños, en especial la influyente cadena 'O Globo' ha promovido el dictamen. Hasta en Netflix se propaga como verdad revelada la culpa de Lula. “El mecanismo”, la serie sobre el entramado de corrupción descubierto en la petrolera estatal Petrobras, presenta a una sosías de Lula y de Dilma Rousseff. Lula ha anunciado que demandará a la plataforma de 'streaming'. Rousseff, por su lado, ha dicho que  “El mecanismo”, dirigida  por José Padilha, es una acumulación de las mismas “fake news” que dieron pie al golpe parlamentario en su contra.

Hablan los militares.- La antesala de las deliberaciones de la principal instancia judicial no estuvieron exentas de presiones que llegan más allá de los principales medios de comunicación. El general Eduardo Villas Bôas, comandante del Ejército, habló en las vísperas del pronunciamiento del Supremo  como si lo hiciera en nombre de su fuerza. 

El Ejército, dijo entonces, “comparte el anhelo de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad y de respeto a la Constitución, a la paz social ya la democracia, así como se mantiene atento a sus misiones institucionales”. Y añadió: “en esa situación que vive Brasil, queda preguntar a las instituciones y al pueblo quien realmente está pensando en el bien del país y de las generaciones futuras y quién está preocupado sólo con intereses personales?”. 

Horas antes, otro general, Luiz Gonzaga Schroeder Lessa, se aventuró a predecir qué pasaría si el dictamen favoreciera a Lula.

“Si ocurre semejante apartamiento de la ley, ahí no tengo duda de que sólo queda el recurso a la reacción armada. Ahí es el deber de la Fuerza Armada restaurar el orden. Pero no creo que lleguemos a eso”.

Escala de violencia.- El tribunal está dividido en dos grupos simétricos. El voto de uno de sus miembros, la jueza Rosa Weber es el que acabará decidiendo el futuro del expresidente. El juez Sergio Moro, quien inició la cruzada contra Lula, le ha pedido públicamente que siga su ejemplo y baje el pulgar al fundador del Partido de los Trabajadores (PT).

Las discusiones del Supremo en Brasilia fueron precedidas por inéditos episodios de violencia política. No solo por el asesinato de la activista Marielle  Franco en Río de Janeiro. Una caravana encabezada por Lula fue atacada a tiros en el sur del país. 

“El límite de la confrontación fue provocar daño a la integridad física de un opositor. En Brasil no hemos establecido ese límite”, ha advertido el sociólogo Sergio Adorno.

“Hay una escalada protofascista en Brasil, animada fundamentalmente por Internet”, aseguró entonces el candidato presidencial Ciro Gomes.  

“Entramos claramente en una fase cada vez más explícita de guerra civil. Espanta que el gobernador paulista Geraldo Alckmin naturalice el atentado al considerar que Lula lo merecía, ignorando completamente la diferencia entre la violencia simbólica y real del exterminio”, ha señalado el ensayista Vladimir Safatle. 

Seguidores de Jair Bolsonaro, un exoficial del Ejército que exalta la tortura y repudia a los homosexuales y las minorías de toda clase, no han sido ajenos al ataque contra el expresidente. Bolsonaro  tiene una intención de voto del 15%.

El PT todavía confía en un milagro: que el TSF tarde meses en aclarar su resolución e incluso que el juicio que acorrala a Lula pueda ser revisado. 

Aunque el exmandatario evite este miércoles la cárcel, su postulación de cara a octubre no está garantizada. En virtud de una ley promovida por el mismo PT años atrás, un ciudadano con condena en segunda instancia no puede presentarse a las elecciones. Lula mantiene su convicción de que puede desafiar al destino. 

En cada mitin Lula repite: “si me matan, seré mártir; si me meten preso, seré héroe; si me dejan libre, seré presidente”.

Los sueños de Temer.- El presidente interino Michel Temer vuelve a estar en apuros por cuestiones de corrupción. El reciente arresto de dos amigos de extrema confianza sospechados de ser sus testaferros, el abogado José Yunes y el coronel del Ejército João Batista Lima Filho, volvió a trazar un cerco a su alrededor.  

Temer ha asegurado que se trata de una conjura con la que se busca disuadirlo de presentarse en las elecciones de octubre. Las últimas encuestas no lo invitan al optimismo: su popularidad no pasa el 5%.

Lula: "Si me matan...".-  Esto es lo publicado en el periódico La Jornada, el domingo 16 de octubre de 2016, en la página 17.- El jueves 27 de octubre el ciudadano brasileño Luiz Inacio Lula da Silva cumplirá 75 años de vida. Uno menos que Pelé, que habrá cumplido 76 cuatro días antes. Tres más que Chico Buarque, que cumplió 72 el pasado 19 de junio. Treinta y uno más que su más cruel verdugo y perseguidor, el juez provincial de primera instancia Sergio Moro, que anda por sus verdes 44 años sintiéndose una especie de dios vengador designado para impartir el castigo divino a su presa favorita.

Pero la verdad es que Luiz Inacio Lula da Silva, ex presidente, fundador y creador del Partido de los Trabajadores (PT), principal líder político del país más habitado y más rico de América Latina, no anda con espíritu de celebrar nada.

Hace un tiempo le pregunté, en un almuerzo con otros dos amigos, si él no se cansaba nunca. Quise saber de dónde sacaba semejante energía. A veces sí me siento cansado, pero no puedo regalarme siquiera ese lujo, el cansancio, me dijo.

Hablamos de lo que pasa en Brasil, y él quiso saber cómo me sentía. Indignado, irritado, impotente y triste, contesté.

Y Lula comentó: “Yo también me siento triste. Al fin y al cabo, hice lo que hice, empecé lo que empecé, y ahora me pasa lo que pasa…”

¿Y qué es lo que le pasa? Pues le toca asistir a la demolición implacable del PT, partido nacido para reformular la política y airear un ambiente históricamente plagado de vicios e inmoralidades, y que terminó por aliarse a los enemigos y se dejó salpicar por el lodo.

Un ataque implacable de los mismos medios hegemónicos de comunicación que él creyó haber seducido, pero que a la hora de verdad se pusieron, como una sola y única voz, en su contra.

Por esos días Lula da Silva trataba de buscar una salida para el PT. En las elecciones municipales del domingo 2 de octubre masacraron a su partido. Era algo esperado, pero no en tal dimensión. Ha sido el peor desempeño del Partido de los Trabajadores en los pasados 20 años o más.

Era esperado, admite Lula. Pero volveremos a ser lo que fuimos y seremos, agrega, con la mirada fulminante puesta en algún espacio vacío y perdido.

Cuando conocí a Lula, hace como 30 y pico de años, era un hombre con mirada inquieta y feroz. Su voz ronca anunciaba cambios radicales. Ese Lula fue drásticamente transformado en la campaña electoral de 2002, cuando un publicista de mucho talento y escaso carácter –que vendía personas como si fuesen jabones, a tipos de extrema derecha igual que de izquierda– creó la imagen de Luliña paz y amor.

Aquel Lula, el de 2002, se comprometió en una carta a los brasileños a preservar puntos cruciales de la política económica de su antecesor, el neoliberal Fernando Henrique Cardoso, y lo hizo.

Pero a la vez promovió cambios radicales en el panorama socioeconómico brasileño.

Los números no permiten dudas: el obrero que cometía errores básicos de gramática, que eliminaba el plural en sus frases, que tenía un discurso tosco y directo, montó un gobierno que eliminó a Brasil del mapa del hambre de Naciones Unidas.

En su gobierno, 42 millones 800 mil brasileños abrieron, por primera vez en sus vida, una cuenta corriente en los bancos.

La libreta de ahorro, único instrumento de que disponían, quedó en la memoria. Se vendieron, como nunca, refrigeradores, cocinas, motos, coches. Ha sido como si una Argentina entera entrase en el mercado de consumo: 42 millones 800 mil tipos por siempre ninguneados.

Pasados los años, Lula sigue creyendo que hizo lo que tenía que hacer. El presupuesto del Estado tiene que contemplar a los pobres, no se debe hablar en gasto, en presupuesto, para educación y salud públicas: es inversión. Inversión en el futuro de la gente, dice.

El problema es que, en el sistema político brasileño existen 35 partidos políticos activos y en el Congreso hay como 28.

Así que ningún presidente es electo contando con mayoría en diputados y senadores. En consecuencia, es imperioso armar alianzas políticas.

Y las alianzas que armó el PT fueron con lo más sucio que existe en la vida política brasileña. A tiempo: exactamente la misma alianza que ahora sostiene a Michel Temer, quien no se eligió, llegó a la presidencia a raíz de un golpe institucional.

–¿Qué dice Lula da Silva de esa experiencia?

–Lo importante era tener una base para gobernar.

Su partido, otrora una especie de vestal contra la corrupción dominante en el escenario político brasileño, se mezcló en el lodo.

–¿Y ahora?

–Bueno, ahora hay que empezar todo otra vez.

Lula es convocado para volver a presidir su partido, el PT. Pero resiste. Sus interlocutores más cercanos, sus amigos, dicen que más urgente es preparar su defensa contra el acoso irremediable de una justicia injusta, que entre otras cosas es capaz de mantener en prisión a su ex ministro de Hacienda, Antonio Palocci, mientras se buscan pruebas en su contra. Esa historia de presunción de inocencia, y que le toca a los fiscales probar la culpa, quedó definitivamente eliminada del escenario judicial brasileño.

Aquí en Brasil, primero se acusa, luego se detiene al sospechoso y después ven cómo probar sus crímenes.

Lula da Silva anda un tanto tristón. Su mirada pasea por un horizonte invisible. Está cansado. El hombre que dice no cansarse nunca está cansado. Está visiblemente cansado.

Mastica despacio y con cuidado cada parte del asado de cordero que eligió. Es un almuerzo entre amigos.

De repente, le pregunto: ¿Es que no se cansa nunca?

Y él me mira, con una mirada de mil fuegos, y dispara: Es que no tengo tiempo para cansarme.

Miente. Es evidente que miente. La mentira está estampada en su pelo, cada vez más ralo, en la mirada, cada vez más opaca, en la voz, cada vez más ronca.

Mañana o pasado o en unos días más lo detendrán.

La imagen de Lula preso es, será, la gloria máxima del golpe de Estado, golpe institucional que se dio en mi país, el país de Lula.

–¿Ha sido el suyo un gobierno corrupto?

–No.

–¿Hubo corrupción en su gobierno?

–Claro que sí.

–¿Ha sido complaciente con esa corrupción?

–Quizá. Muy probablemente sí.

En países como el mío es eso o la nada.

Me doy cuenta de que Lula tiene una coronita de perlas en la frente.

De sudor, pues.

Terminamos de almorzar, nos despedimos, nos abrazamos.

Nunca fui y jamás seré del PT. Mis críticas al partido creado por Lula da Silva desbordarían el espacio que me concede este diario.

Pero salgo de este almuerzo largo y tardío con las palabras que dijo Lula cuando, de manera absolutamente ilegal, lo llevaron a prestar testimonio en la Policía Federal, hace como cinco, quizá seis meses.

Dijo Lula da Silva:

Si me matan, seré mártir. Si me detienen, seré héroe. Si me dejan libre, seré presidente otra vez.

Estoy seguro de que lo detendrán. Mañana, o el miércoles o la semana que viene.

¿El crimen?

No importa.

Por ser obrero, apenas alfabetizado y haber cometido lo mismo que hicieron sus antecesores.

Lo detendrán y condenarán por haber sido el primer obrero en alcanzar el poder, y que por intuición –mucho más que ideología– cambió el mapa social de mi país.

Es decir: que no robó nada.
« PREV
Proximo »

No hay comentarios.

Publicar un comentario

Deje su comentario