Titulares

domingo, 15 de abril de 2018

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planeaba un ataque de mayor envergadura contra Siria, pero lo limitó para evitar una confrontación con Rusia

Gráficas de la prensa internacional muestran como quedó el centro bombardeado por Estados Unidos y sus aliados. Para Estados Unidos, el centro de investigación científica ubicado en Barzeh funcionaba como "centro de desarrollo, de producción y de pruebas de tecnología química y biológica". Por eso el interés del presidente norteamericano Donald Trump en destruir ese objetivo. 


Restos del Centro de I+D de Barzah, a las
 afueras de Damasco, tras el bombardeo. 
Damasco.- Apenas 24 horas después de haber lanzado conjuntamente con Francia y Reino Unido un total de 105 misiles contra el Centro de I+D de Barzah, a las afueras de Damasco, el depósito de armas químicas de Him Sinshar, y el centro de control de armas químicas de esa misma localidad, junto a la ciudad de Homs, Estados Unidos se olvida del bombardeo. 


Donald Trump mantiene inalterada su política de limitar la implicación de Estados Unidos en Siria, y de retirar, cuando sea posible, los 2.000 soldados de tierra que mantiene en el país. 

Según la prensa estadounidense, el presidente quería un ataque de más envergadura, pero el secretario de Defensa, el general retirado Jim Mattis -el único alto cargo del equipo de seguridad del presidente que éste mantiene desde que llegó a la Casa Blanca- le convenció de limitar el bombardeo por miedo a provocar una confrontación con Rusia, que apoya al régimen de Bashar Asad.

Lo que dicen en Damassco.- El Gobierno de Damasco ha declarado que las tres bases atacadas este sábado habían sido ya evacuadas. Es algo comprensible, dado que Trump -contrariamente a lo que había prometido en la campaña electoral- anunció a bombo y platillo con días de antelación su intención de atacar en coordinación con Francia y Gran Bretaña, e incluso canceló su asistencia a la Cumbre de las Américas que comenzó, precisamente, el viernes en Lima para coordinar el bombardeo. 

El centro de investigación científica en Barzeh, Siria, 
fue uno de los objetivos del bombardeo de Estados 
Unidos, Reino Unido y Francia, junto a dos almacenes 
con armas químicas en la provincia de Homs y un 
centro de mando ubicado también en esa provincia siria.
Así que la actualidad política de este domingo en Washington vuelve a estar centrada en las memorias del ex director del FBI, James Comey, que salen a la venta el martes y en las que éste lanza un ataque personal contra Donald Trump, y en la investigación penal contra el abogado del presidente, Michael Cohen, que este lunes deberá entregar a la Justicia la lista de todos sus clientes. 
El bombardeo parece haber sido una distracción en esa batalla política. 

Estos ataques fueron lanzados en respuesta a un presunto 
ataque químico atribuido al régimen sirio, el 7 de abril en
 la ciudad de Duma, que era hasta entonces el último 
bastión rebelde en Guta Oriental, al este de Damasco. 
Y no solo a nivel interno de EEUU sino, también, en términos de política internacional. Washington, París, y Londres no tuvieron el menor problema el sábado para frenar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una resolución rusa de condena por el bombardeo. 

De los 15 miembros del organismo, Moscú solo logró el respaldo de China y Bolivia. 

En esta gráfica se puede observar el nivel de 
destrucción de un  laboratorio de Damasco, 
Siria, tras el bombardeo. 
En la sesión no faltaron, como suele ser habitual en estos casos, las declaraciones más o menos altisonantes, con el embajador ruso, Vassily Nebenzia, calificando el ataque de "hooliganismo, y no un hooliganismo menor", en referencia al término que se emplea para referirse a los hinchas de fútbol británicos, famosos por su violencia, y con la representante estadounidense, Nikki Haley, afirmando que "Estados Unidos está cargado y amartillado". 

Haley ha empleado el ataque para acometer contra Barack Obama, al declarar que "cuando nuestro presidente traza una línea roja, nuestro presidente hace que se cumpla esa línea roja". 

Según el jefe del estado mayor estadounidense, el general 
Joe Dunford, estas instalaciones servían como "centro de
 investigación, de desarrollo, de producción y de pruebas 
de tecnología química y biológica". 
El primero en declarar que el uso de armas químicas por el Gobierno sirio sería "traspasar una línea roja" que desencadenaría un ataque fue Barack Obama en 2012. Pero el 21 de agosto de 2013 el régimen de Bashar Asad mató a 1.500 personas en Homs con esas armas, y Washington se conformó con que Damasco, a cambio de no ser atacado, destruyera 1.300 toneladas de su arsenal químico. 

El Gobierno sirio, sin embargo, ha continuado fabricando y usando en combate armas químicas.

Diversos medios de comunicación estatales de Siria
 dijeron que los ataques aéreos liderados por Estados 
Unidos causaron sólo daños materiales.
La cuestión, tras el ataque, es que EEUU y sus aliados no quieren alterar el curso de la guerra en Siria. Cuando Haley volvió a repetir la declaración de que el Pentágono está "armado y amartillado" matizó que eso sólo se aplica "si el régimen sirio usa su gas venenoso de nuevo". 

Es tanto como decir que la guerra puede continuar siempre y cuando no se empleen armas químicas, o que éstas no se usen de forma muy visible. 

De hecho, el equipo de Trump declaró que "el objetivo principal del ataque era degradar el programa de armas químicas de Siria, y creo que lo hemos logrado con éxito".





















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