Escrito por
La Redacción.
diciembre 31, 2017
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Los
fieles al expresidente regional de Cataluña, de diferentes sensibilidades, se
enfrentan al reto de cohesionarse ante un eventual Govern.
Barcelona.- Carles Puigdemont está
en su refugio belga deshojando la margarita para decidir si asume o no las
consecuencias judiciales de su regreso. Su figura está en el centro de un
enjambre de personas comprometidas con la causa del independentismo catalán
pero también con el poder.
El invento
electoral Junts
per Catalunya, la llamada lista del president,
ha terminado por cristalizar un grupo de fieles a Puigdemont que, de llegar de nuevo
al Palau de la Generalitat, ocuparán
el espacio que hasta ahora ostentaba el PDeCAT, la extinta Convergència, en la
política catalana. Una foto en la que hay codazos para estar.
A los promotores de esa lista unitaria
del independentismo —que desde Esquerra Republicana y la CUP fue rechazada
porque era vista como una manera de salvar del desastre electoral al PDeCAT—
les gusta venderse como un movimiento renovador y ciudadano, una confluencia al
estilo Ada Colau. Junts per Catalunya va más allá que el PDeCAT pero entre los
primeros firmantes del manifiesto que impulsaba la candidatura única estaban
los críticos del partido coordinado por Marta Pascal. La política crea extraños
compañeros de cama.
La lista del president, en la que solo 15 de sus 34 diputados son del
PDeCAT, disfruta y sufre a partes iguales su triunfo dentro del bloque
independentista y las dificultades para lograr cumplir su promesa electoral:
que Puigdemont y los otros exconsejeros vuelvan y que salgan de la cárcel los
que consideran presos políticos. Ahora se enfrenta a la repartición del poder
que han ganado y dejar satisfechos a las diversas sensibilidades. Estos son las
personas centrales, el pinyol (el
núcleo duro, en catalán), de la lista del president.
Los leales de Palau. Elsa
Artadi, Josep Rius y Jaume Clotet son tres de las personas de más confianza de
Puigdemont. Rius era el jefe de la Gabinete del expresident.
Aterrizó en la
Generalitat después de ostentar el mismo cargo en la alcaldía de Barcelona, en
la tenencia de alcaldía de Joaquim Forn, exconsejero del Departamento de
Interior y ahora preso en Estremera junto a Oriol Junqueras.
Artadi, expupila de
Andreu Mas-Collel, que fue consejero de Economía con Artur Mas, era la máxima
encargada de la coordinación interdepartamental del Govern y Clotet, el
director de comunicación. Rius fue destituido en la aplicación del artículo 155
y los otros dos siguieron alternando su responsabilidad en la Generalitat con
la organización de la campaña en su tiempo libre.
Solo Artadi ha sido candidata (número
10) y su papel en la campaña augura un rol trascendental en un eventual
Govern encabezado por el expresident.No es cuota
del partido, pues rompió el carnet poco antes de la puesta en marcha de la
campaña. Rius y Clotet seguirán tras las bambalinas.
Las caras de la lista unitaria. Los
números 16 y nueve por la lista de Barcelona, respectivamente, fueron dos de
las caras visibles de llistaunitaria.cat, una web que promovía el manifiesto por una
lista unitaria del independentismo de cara a “las elecciones ilegítimas del
21-D”.
La iniciativa recogió 500.000 firmas y
Puigdemont también la promovió en sus redes sociales. Ninguno de los dos tenía
experiencia política pero han terminado por jugar roles claves en la lista.
Francesc de Dalmases
fue miembro del comité ejecutivo del Pacto Nacional por el Referéndum y es
director de la publicación Catalan International View.
Aurora Madaula, por su
parte, fue una de las grandes sorpresas de la campaña, explican fuentes de la
candidatura. Es historiadora y sus habilidades comunicativas la convirtieron en
una de las candidatas que más se prodigó en los medios de comunicación para
explicar el proyecto de Junts per Catalunya.
También es la pareja
del Agustín Colomines, policía intelectual del proceso soberanista, ex director
de la Fundación CatDem y ahora alineado con las tesis de Puigdemont.
La vía convergente. Pese a que Junts
per Catalunya va más allá del PDeCAT, concurrió a las elecciones disfrutando de
las ventajas de financiación electoral que le daba Convergència.
Dos personas de cierto
peso en el partido han estado en primera línea de la candidatura y han servido
de enlace: Damià Calvet y Albert Batet. El primero es muy cercano al
exconsejero Josep Rull, que tiene varios sombreros entre
la vida del partido, la dirección del Instituto Catalán del Suelo y el gobierno
municipal de Sant Cugat del Vallès (Barcelona).
El segundo, es alcalde
de Valls, diputado electo por Tarragona y con una gran ascendencia dentro del
mundo municipalista convergente. Batet estuvo dentro de la dirección del nuevo
PDeCAt pero tuvo que irse, como la propia Artadi, para cumplir con el régimen
de incompatibilidades del partido.
LA
NUEVA VIDA DE LOS CRÍTICOS DEL PDECAT.- La llamada lista del presidenttambién
ha sido el palacio de invierno para los críticos de la actual dirección del
PDeCAT, un movimiento llamado Moment Zero. Conformado por los ex miembros de
las Juventudes Nacionalistas de Cataluña, ya crecidos y sin reparos hacia la
independencia, fracasaron en su intento de hacerse con el control del partido
en el último congreso.
Además sienten que la coordinadora Marta
Pascal no abraza lo suficiente la renovación. Incluso llegaron a plantear la
necesidad de fundar un nuevo partido. Son figuras con trayectoria y que han
ocupado cargos discretos pero de gran influencia como jefaturas de gabinetes en
los últimos Governs.
Y, en algunos casos, su lealtad a
Puigdemont ha quedado en duda aunque no han dudado en escribir argumentarios o
preparar debates para Junts per Catalunya. El caso más paradigmático es el
Jordi Cuminal, jefe de ampañas como la de Francesc Homs. Cuando Puigdemont se
preparaba para anunciar elecciones —que descartó— , Cuminal anunció en Twitter
que se dejaba el partido y renunciaba al escaño. Dejó a Puigdemont en
evidencia.


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